Yo soy un guatemalteco común de clase media, católico y formado por el pensamiento social de la Iglesia. No soy ateo, creo en la solidaridad como una forma en la que se puede cambiar al mundo y sin duda soy un hombre de Fe.

Analizado desde ese punto de vista, mis coincidencias con la escritora estadounidense de origen ruso,  Ayn Rand, son pocas. En lo que estoy absolutamente de acuerdo con el ella es en la forma en la que el individuo debe de luchar por salir adelante en la vida.

Dentro de los preceptos que comparto con Ayn Rand están: La solidaridad es una virtud humana, no una obligación de coexistencia territorial. El ciudadano sabe mejor en que debe de invertir su dinero que el estado. La corrupción es el cáncer que carcome a cualquier sociedad y el poder del estado siempre es usado en contra del ciudadano, quien es y debe ser el objeto máximo del estado mismo.

Hace algunos años tuve la oportunidad de leer esta frase excepcional, misma que creo es nuestra realidad actual :“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrá, afirmar sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.” Ayn Rand.

Basado en esa frase extraída de “La Rebelión de Atlas”. Rand, A (2005) La Rebelión de Atlas. Grito Sagrado. He de entender que Guatemala está condenada. Es innegable la forma en la que el dinero ha fluido hacia los diputados y operados políticos que han traficado favores. Tampoco es un secreto que “El Rey del Tenis”, “El vendedor de medicinas” y hasta el “magnate de la telefonía y el internet” se han hecho ricos por el soborno y la influencia. Los últimos dictámenes judiciales nos demuestran que la ley los protege a ellos, a los corruptos, ladrones, descarados y saqueadores, del  ciudadano honesto y trabajador.

La corrupción sin duda es recompensada. Allí está el caso del ex presidente que siendo declarado culpable de actos de corrupción, logró comprar lujosas mansiones en las más exclusivas zonas residenciales del sur de la Florida.

En Guatemala la honradez indudablemente es un auto-sacrificio, le pongo un ejemplo. Si usted paga puntalmente sus impuestos, muy probablemente nunca recibirá nada a cambio de su decencia y honradez. Pero si por el contrario, usted compra facturas para evitar tributar cientos de miles de quetzales, usted quizás sea premiado con el alto honor de dirigir el rumbo financiero del país.

Guatemala es un país que sigue progresando, esto a pesar de su mafiosa, corrupta e inhumana clase política.