OBJETIVISMO: La proposición defectuosa por combinación inválida de conceptos

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La proposición es una combinación gramaticalmente estructurada de conceptos para identificar a un sujeto por medio de un proceso de inclusión o exclusión de medidas.

Como hice ver en mi artículo anterior, una proposición puede ser falsa, al afirmar que algo, el sujeto, es o tiene características que en realidad no tiene. O puede ser verdadera si describe lo que el sujeto en realidad es o tiene. Al hacer juicios o proposiciones, siempre está el asunto de la verdad. La proposición o juicio debe necesariamente ser o verdadera o falsa.

Aún, cuando cada concepto usado en una proposición sea válido, ésta puede ser defectuosa si se combinan mal dichos conceptos. Para que una proposición sea válida por combinación apropiada de conceptos, debe satisfacer tres requerimientos:

  1. Requerimiento gramatical
  2. Requerimiento de consistencia
  3. Requerimiento de referencia

El primer requerimiento de una proposición válida, es que esté formulada, tanto gramatical y sintácticamente, en forma correcta. Una proposición mal formulada es cognitivamente ininteligible. Por ejemplo: “Chanon le dijo a su tía que ella estaba trabajando muy duro.” ¿Qué quiso decir Chanon? ¿Quién estaba trabajando muy duro, Chanon o su tía?

Otro ejemplo es la pregunta que formula Heidegger: “¿Por qué hay algo en lugar de nada?” Heidegger usa mal el término “por qué”. Lo que dice esta pregunta es: “Cuál es el algo que causa que haya algo en lugar de nada”, lo que es totalmente ininteligible. También trata “nada” como si fuera algo, en lugar de como la ausencia de un objeto delimitado, como cuando uno dice “no hay nada en mi bolsillo”, refiriéndose a la ausencia de monedas.

Otro ejemplo, la pregunta que le formula Verónica, quien barre el piso, a Chanon, quien lee una revista: “¿No te molesta el verme trabajar así?” ¡Oh sí, por supuesto! exclama Chanon. ¿Entonces, por qué no haces algo al respecto? Pregunta Verónica. Entonces Chanon se va. El problema aquí es el mal uso del término “verme”, que permite varias interpretaciones, y claro Chanon escoge irse para no ver trabajar a Verónica.

Un ejemplo más, es la afirmación de John Stuart Mill: “… la felicidad de cada persona es el bien para esa persona, y la felicidad general, por tanto, es el bien del agregado de todas las personas”.

¿Qué quiere decir “el agregado de todas las personas”? El “agregado de todas las personas” se lee aquí como si fuera un organismo sensible que tiene sus propios fines, valores y emociones. Esta proposición defectuosa es ininteligible.

El mismo error se da en todas esas nociones de que la “sociedad” es una entidad capaz de proveer beneficios a sus miembros, donde el “bien común” o “interés público” es algo que requiere el sacrificio de los intereses de individuos que están excluidos del “público”. Estas afirmaciones son proposiciones defectuosas, y no deben ser tratadas como si expresaran algo definitivo que pueda ser verdadero o falso.

El segundo requerimiento de una proposición válida es la consistencia. La proposición debe ser lógicamente consistente en el sentido de que el predicado no contradiga al sujeto, como en “el círculo es cuadrado”; y además, debe ser consistente con su propia jerarquía conceptual, es decir, no debe usar conceptos de modo tal que contradigan el conocimiento que se requiere para formarlos.

Ese tipo de contradicción resulta en la falacia del concepto robado, que es una forma de inversión jerárquica, pues pretende usar un concepto derivativo en una forma que contradice su propia presuposición, es decir, que niega o ignora conceptos anteriores que se requieren para poder entender y usar el concepto en cuestión. Por ejemplo: “Arte es lo que hace un artista.” Dicha proposición, “arte es lo que hace un artista”, es inconsistente, porque el concepto robado “artista”, es un concepto que sólo se puede captar en relación con “arte”, es decir, si uno sabe previamente lo que es “arte.”

Otro ejemplo es: “Las leyes de la lógica son arbitrarias”, donde se obvia que lo “arbitrio” es un concepto que sólo tiene sentido al distinguirlo de lo lógico.

O la proposición, “no puede probar que la razón es válida”, donde se obvia que el concepto “prueba” sólo se puede captar como un proceso de razonamiento.

O: “rechazo la existencia de la consciencia”, ignorando que “rechazo” es un acto de la consciencia.

O la proposición de Proudhon, “la propiedad es robo”, donde se obvia que el concepto “robo” sólo se puede captar como tomar por la fuerza la propiedad de su legítimo dueño.

Un ejemplo más: “el universo se mueve”, donde se obvia que el “movimiento” es cambio de lugar, y “lugar” se define por lo que lo rodea; y como el universo es todo, nada lo rodea, y por lo tanto no tiene un lugar.

O la proposición marxista de Marta Harnecker: “El trabajo humano es el que permite arrancar a la naturaleza sus riquezas y luego transformarlas en objetos útiles a la sociedad”, ignorando que los recursos naturales no constituyen riqueza, que son escasos e inusables en su estado natural; que la riqueza se crea por medio de la producción y del intercambio de bienes y servicios demandados, es decir, aquellos que la gente valora. Que para saber qué es lo que la gente valora se necesita un medio de comunicación –el sistema de precios; que para que se dé un sistema de precios se necesita propiedad privada y libertad de disponer de esta como al propietario se le antoje. Si se produce bienes o servicios que nadie valora, no se da el intercambio de bienes y servicios, y por lo tanto no se agrega valor a nada, no se produce riqueza. Lo que se produce es basura.

Igual es con la afirmación, también socialista, de que “las empresas internacionales, como las mineras, vienen a robarnos nuestra riqueza natural”, donde además de ignorar lo dicho anteriormente sobre la riqueza, se ignora el hecho de que “nosotros no somos propietarios de lo que es de otro”. Lo mismo sucede con afirmaciones como: “todos somos dueños del centro de la ciudad, porque es nuestra ciudad, y queremos que se conserve tal como está, para que sea un testimonio histórico.”

El tercer requerimiento para hacer una combinación válida de conceptos es que sean referenciales. La proposición debe designar a un sujeto o a un predicado, de lo contrario nos encontramos con términos sin referencia. Por ejemplo: “el rey actual de Francia es calvo”, o “ese hombre es el sobrino del rey de Francia”.

Como no hay rey en Francia, la combinación de conceptos en la oración no se refiere a cosa alguna. Por lo tanto, esta oración no es una proposición, no es un juicio, sino una oración defectuosa, que no es ni verdadera ni falsa, pues no identifica o falla en identificar algún aspecto de la realidad. Equivale a decir “quien no existe es calvo”, o “este hombre es el sobrino de quien no existe”.

Otro ejemplo de la violación del requerimiento de referencia se encuentra en las afirmaciones auto- referentes. Por ejemplo: “Esta afirmación es falsa”.

Pareciera que es una paradoja, porque si es verdad, entonces es falsa; y si es falsa, entonces es verdad. Pero lo que en realidad sucede es que no tiene referencia alguna, no es una proposición, no es ni verdadera o falsa, no hace ningún juicio.

Es más fácil ver la violación del requerimiento de referencia en esta variante de la misma: “Esta afirmación es verdad”. ¿Cuál es la afirmación? ¿Qué afirma? ¿Qué es lo que es verdad? Para ser verdadera o falsa una afirmación –que es un juicio, debe referirse a algo que afirma. Sólo entonces se puede evaluar si su contenido corresponde o no con el estado de cosas de la realidad. La forma de esta oración defectuosa que pretende pasar por proposición, “Esta afirmación es verdad”, o “esta afirmación es falsa” es:

S es P donde S= {S1 es P1} → “Esta ‘S1 es P1’ es verdad o falsa”.

El problema aquí, es que no hay ‘S1 es P1’. El término sujeto ‘afirmación’ no tiene referentes. Es decir, en dicha oración no hay ‘afirmación’ alguna, y por lo tanto nada que pueda ser verdadero o falso. Tanto la oración “Esta afirmación es verdad”, como la otra, “esta afirmación es falsa”, no dicen nada, porque no hay ninguna ‘afirmación’. El sujeto en lugar de ser {S1 es P1}, lo que sería una afirmación, es {0}, nada.

Una proposición válida debe tener un significado claro y no uno ambiguo. Debe afirmar que su sujeto existe y posee las características conceptualizadas por su predicado. Esto exige que tanto el término sujeto como predicado sean conceptos válidos, válidamente definidos, y que estén organizados de manera que sean inteligibles.