Objetivismo: Lógica y verdad

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Toda afirmación, si y sólo si, es una proposición, es necesariamente verdadera o falsa. Una proposición, es necesariamente válida, si y sólo si, los conceptos que combina son válidos y si cumple con los tres requerimientos:

Requerimiento gramatical

Requerimiento de consistencia

Requerimiento de referencia

La ‘verdad’, dice Rand, en el capítulo “Definición” de su libro Introducción a la Epistemología Objetivista es:

“… el producto de reconocer (es decir, identificar) los hechos de la realidad. El hombre identifica e integra los hechos de la realidad por medio de conceptos. Retiene los conceptos en su mente por medio de definiciones. Organiza los conceptos en proposiciones, y la verdad o falsedad de sus proposiciones se basa, no solo en su relación con los hechos que asevera, sino que también en la verdad o falsedad de las definiciones de los conceptos que usa para su aseveración, que se basan en la verdad o falsedad de sus designaciones de características esenciales.”

Por lo tanto, aunque se describe a una proposición verdadera como aquella que “corresponde con los hechos de la realidad”, la verdad no es meramente un tipo de relación entre proposición y hechos, sino más bien, una relación entre todo lo que significa la proposición –los conceptos que ésta combina y su validez, su relación gramatical, de consistencia y de referencia –es decir, es una captación mental, un darse cuenta de los hechos en una relación contextual dada.

Captar o darse cuenta de la realidad no es tener una serie de respuestas aisladas a una serie de estímulos aislados; es una actividad constante y comprehensiva, es decir, global de diferenciación e integración. Los conceptos y proposiciones, producto de esa actividad, no son artículos o unidades aisladas que se producen en una línea de ensamblaje, sino que unidades interrelacionadas producto de un crecimiento orgánico.

Las proposiciones se forman a partir de un contexto, y su significado depende de ese contexto. Ninguna proposición tiene significado o existe fuera de contexto. Toda declaración o afirmación anterior a la proposición constituye su contexto de fondo o de antecedentes, que le dan y determinan su significado. Parte de ese contexto de fondo o de antecedentes, que le dan y determinan el significado a la proposición es jerárquico. Recordemos que las proposiciones se forman a partir de conceptos, y la mayoría de proposiciones dependen jerárquicamente de conclusiones anteriores. Si las conclusiones o unidades jerárquicamente anteriores fueran diferentes, la proposición, aunque se expresara con las mismas palabras, tendría un significado diferente –sería   una proposición diferente.

Por ejemplo, la proposición: “mentir es malo” tiene significados distintos dependiendo de la ética y la metafísica que le provee el contexto de fundamento. Si el contexto es religioso, “malo” significa “contrario a los designios de Dios”; si el contexto es Objetivista, “malo” significa “que destruye la vida humana en este mundo”.

El contexto religioso establece que la base del juicio moral es la voluntad de un ser sobrenatural; en cambio, el contexto Objetivista establece que la base del juicio moral es el orden causal natural. De tal manera que la proposición “mentir es malo”, expresado con las mismas palabras, difiere drásticamente en significados, tanto, que de hecho son dos proposiciones muy distintas.

Para juzgar si una proposición es verdadera o falsa, uno debe conocer su significado, el cual depende de todo el contexto cognitivo del cual es consecuencia. Al considerar si la proposición es verdadera, uno no puede ni debe desligarla de su contexto cognitivo.

La verdad es una relación que tiene una parte de un todo cognitivo con los hechos de la realidad, cuando esa proposición expresa en términos conceptuales un reconocimiento de esos hechos.

Una proposición es falsa cuando contradice cualquier hecho. Por ejemplo, “este círculo es cuadrado”, o “la mariposa es psicodélica”, o “Tokio es la capital de China”, o “no existen los absolutos”.

De hecho, proposiciones como “no existen los absolutos”, son el tipo de falacia que Rand llamó la “falacia de auto-exclusión”. Se comete esta falacia cuando la afirmación de la proposición contradice su propio contenido, de tal manera que quien la pronuncia excluye ilícitamente su pronunciamiento de lo que afirma. La falacia “no existe verdad absoluta” se afirma como una verdad absoluta.

Otro ejemplo de “falacia de auto-exclusión” es la afirmación marxista: “Todo pensamiento está determinado, no por consideraciones objetivas lógicas, sino por los factores materiales de producción”, que implicaría que también esta afirmación misma estaría determinada por los factores materiales de producción y no por la lógica.

Otro ejemplo: “El hombre no puede saber nada con certeza”, se afirma con certeza. O, el “sólo sé que no se nada” de Sócrates, afirma un conocimiento. O cuando un amigo filósofo exclama: “¿Cómo podemos estar seguros de que existimos? O en su variante: “Yo no existo.”

También la forma en que se pronuncia un juicio: “Eso es un juicio de valor”, condenándolo moralmente por el tono, es a la vez un juicio de valor.

Los psicólogos freudianos suelen decir: “Todo pensamiento no es más que la racionalización de impulsos inconscientes”, lo que implica que esta afirmación también lo es. O, algunos neurocientíficos tratan de excluir sus afirmaciones cuando sostienen que la estructura genética del cerebro dicta toda acción humana. ¿Qué hay de la búsqueda de la verdad en la neurociencia entonces?

Una afirmación es falsa cuando contradice cualquier hecho, incluyendo su propio pronunciamiento.

Para que una proposición sea verdadera, ésta debe ser lógica, es decir, formalmente válida, y ser la conclusión de una cadena de procesos lógicos, basados en la percepción, e integrable sin contradicción con todo lo que uno sabe.

Hay una diferencia en perspectiva entre lo lógico y lo verdadero. Lo lógico se refiere o enfoca en el proceso, y lo verdadero en el producto de este proceso, específicamente de la relación de este producto con los hechos de la realidad.

Una proposición verdadera es aquella que es lógicamente válida y que expresa conocimiento del hecho. Ese conocimiento se consigue cuando la proposición se basa en observaciones previas, conceptualizaciones, e inferencias.

Una proposición verdadera es aquella que es lógicamente válida y que expresa conocimiento del hecho.