Un sondeo hecho en redes sociales da cuenta de que cobra auge la opción de emitir un sufragio nulo, sin embargo, tanto los dirigentes de los partidos políticos como las autoridades del Tribunal Supremo Electoral  (TSE) rechazan esta postura.

Rudy Marlon Pineda, presidente del TSE lo mencionó durante su discurso en la Convocatoria a Elecciones Generales 2015, “No votemos nulo, ni nos abstengamos de votar”, manifestó y eso provocó reacción, incluso entre los políticos.

El problema es que la legislación no le da alguna atribución a dichos resultados y si salen 99 nulos y uno válido, el que lo tenga, resulta electo.

Un análisis hecho por la magistrada Ana Elly López recuerda que el artículo 136 de la Constitución Política de la República, da los requisitos para ejercer los derechos políticos y dice que, los ciudadanos deben inscribirse en el Registro de Ciudadanos (RC), dependencia del TSE legalmente autorizada para llevar el control de los ciudadanos aptos para ejercer el sufragio y para optar a cargos públicos.

“Una vez inscritos en el registro de ciudadanos podemos votar o elegir y ser electos, este ser electos es participar como miembros del gobierno por decisión popular. Votar es decidir entre las opciones que me presenta el TSE, esto es entre los partidos políticos y comités cívicos participantes, cual queremos que gobierne a Guatemala por los próximos cuatro años”.

En conclusión, votar nulo o en blanco no tiene ninguna consecuencia jurídica porque la ley no le da valor alguno a esa clase de votos, comentan las autoridades del TSE, quienes concluyen en que se trata solo el mensaje de un grupo de ciudadanos inconformes con lo que se ofrece y nada más.

El doctor en sociología Luis Fernando Mack refiere que en Guatemala el voto nulo es muy bajo y no pesa. Este fenómeno es diferente al de la abstención, que según Mack, no manda ningún mensaje a los políticos. “El voto nulo es una opción para indicar que ninguno de los candidatos me convence y si fuera del 20 o 30 por ciento sería contundente”, finalizó.

De acuerdo con la Memoria Electoral y los resultados presentados por el TSE en la última elección presidencial, la cantidad de votos nulos fue de 219 mil 713 sufragios nulos, esto representó el 4.31 por ciento en la primera vuelta.

La magistrada describe que al final del conteo de sufragios hay dos clases, los válidos y los emitidos. El total de los primeros son los que fueron emitidos a favor de un partido político o comité cívico e incluyen los váldos, nulos y en blanco que, al final, solo sirven para cuadrar el número de boletas usadas y las no usadas.

“En Guatemala no existe la posibilidad de convertir un porcentaje de votos nulos en rechazo a la elección y como consecuencia repetirla, eso no existe”, destacó y finalizó:  “Al final si queremos hacer un cambio votemos, para que sea un voto VÁLIDO, que cuente y que transforme, no desperdiciemos la oportunidad de hacer oír nuestra voz”.

En México hay una polémica similar debido a las elecciones federales programadas para el próximo 7 de junio para renovar los cargos de 500 diputados al Congreso de la Unión, de los cuales, 300 serán electos por mayoría simple en casa distrito electoral y el resto, por representación nominal.

En un artículo publicado en la revista mexicana Sinembargo.mx el analista e historiador José Antonio Crespo, explica que en esta elección la decepción ciudadana creció respecto a las anteriores. Aseveró: “hay mayor decepción que en otras elecciónes, más descontento. Ha habido detonadores como lo de Tlatlaya, lo de Ayotzinapa, que han generado mucho más descontento, hay hartazgo con la corrupción con la impunidad”.

En Guatemala, el sistema democrático pasa por una de las mayores crisis de la historia contemporánea, los detonantes aquí son, además del incumplimiento de promesas por parte de los políticos que alcanzan la presidencia, el ejercicio de esta.

Las reacciones

El desencanto con la actual oferta electoral incluso promovió la solicitud de firmas por parte de una organización ciudadana. Los interponentes piden que se modifique el artículo 256 de la Ley Electoral y de Partidos Políticos y que se incluya un inciso para que el voto nulo sea calificable como mayoría absoluta.

Los promotores de esa acción buscan que la reforma sea aplicada inmediatamente antes de estas elecciones 2015 pero con el Congreso entrampado y los diputados dedicados de lleno a buscar su reelección en campañas electorales, el panorama no resulta alentador.

Los impactos de esta modificación implicarían que si los votos nulos fueran un 50% más uno, se deberán repetir las elecciones y presentar diferentes candidatos para el puesto donde el voto nulo resulte mayoría absoluta.

Javier Brolo, analista de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asíes) refiere que “La democracia enfrenta una crisis de legitimidad; alrededor del mundo, el descontento con la política es generalizado. Diversas campañas –cuya contribución más importante ha sido generar espacios para reflexionar sobre qué significa votar de forma consciente e informada- promueven el voto nulo como una forma de expresar ese sentimiento de insatisfacción. Sin embargo, votar nulo es arriesgado y, a mi criterio, contraproducente”.

El experto finalizó con que el voto nulo “no permite que discutamos sobre las causas de nuestro descontento y las soluciones que se necesitan”.