Eras joven. Cuando muchos no nos animamos ni siquiera a encarar a una mujer, borrachos en un boliche del barrio, tu corazón ya se imponía ante tu cabeza y diste una lección de amor. Tenías un poco más de quince años y hacías lo que más te gustaba en la vida: jugar al fútbol.

Anteriormente, muchos pusieron palos en tus ruedas, tu propio cuerpo te impedía el sueño de ser feliz jugando a la pelota, pero un país, que no es tu país, pero es como si lo fuera, pago millones y obtuvo a cambio millones de sonrisas por verte jugar. Otros, solamente te vimos nacer, te dimos el producto de nuestro suelo, pero cuando vimos que tenías un problema, en vez de buscar una solución, decidimos dejarte ir.

Y vos, con tu sueño como espada, te marchaste. Y hoy, que corres más rápido que nadie, no te olvidas del país dónde empezaste a gatear y luego a caminar. Vos, con más cosas de allá que de acá, con una tierra que te dio todo para que crezcas y otro que solo te vio nacer, nos elegiste a nosotros, a los que nunca te dimos nada. Y quisiste darnos todo.

Con quince años ya tenías más cámaras y flashes que amores de secundaria y amigos. Con quince años empezaste una vida de éxitos, emociones, campeonatos y lagrimas, pero con quince años no te olvidaste de tu primer amor. Aquél amor que muchos olvidamos, aquella pasión que parece despertarse apenas una vez cada cuatro años en los rostros de la Nación.

Vos nunca dejaste de sentirla y así, entre cámaras, firmas, flashes, campeonatos y éxitos, vos dijiste, mientras te ofrecían representar a un país que te dio todo, “estoy esperando un llamado de Argentina”. ¿Por qué? Porque sos más argentino que todos nosotros, como dijo el Diego. Teniendo el mundo a tus pies, teniendo en tus manos la decisión más difícil de tu carrera, elegiste representarnos igual.

Yo no me olvido que hiciste todo lo que pudiste. “Le pesa la camiseta”, “es un pecho frío” y hasta llegué a escuchar “es español”, por muchos que ignoran todo lo contado hasta recién.  Allá, en el país que te dio todo, sos un rey, podes tener miles de partidos malos, millones de pases erróneos e infinitos goles sin rumbo, pero te perdonarán.

En cambio, acá, en el suelo que solo te vio nacer y que vos elegiste representar, no es así. La gente te pide que hagas cosas inhumanas y te exige que cantes el himno patrio, porque sino “no sos argentino”.

Llevaste un sueño en tu zurda, sacaste millones de sonrisas gracias a tu sonrisa, elevaste un país marginado del mundo futbolístico por 24 años al lugar heroico de una final, pero aún así la gente siente que le debes algo. Yo, escribiendo con el corazón y sabiendo que tu corazón escribe también estas líneas, intento concentrarme, pensar con la cabeza y no con el alma.

Y aunque me duela y mis sentimientos de odio les ganen a los amorosos, tengo que decirte: “Ojalá hubieras elegido mal, Lionel. Ojalá vos hubieras pensado con la cabeza y no con el corazón”.

Si, tal vez me dolería más verte con la camiseta española, levantar millones de mundiales con esa selección triste, que verte llorar por no poder lograr nada acá. Tal vez así, representando a otro país, nos daríamos cuenta de lo importante que sos. Lo grande que fuiste, sos y serás. Y que vos, a diferencia de todos, elegiste, con el corazón, representarnos cuando no te dimos nada de nada.

Fuete textual: diaadia.com