Terminamos mayo, y con ello uno de los meses más agitados de la última década. Hoy Guatemala enfrenta la etapa más crítica de sus treinta años de democracia, evidenciado principalmente por la crisis gubernamental más aguda desde el 93 y las categóricas demandas de una ciudadanía que pide un verdadero reencauce institucional y un reajuste inmediato a este corrompido sistema político. El creciente escepticismo en el proceso electoral agrava aún más la situación, ya que ante este escenario la población no ve alternativas reales una clase política que ha caído en total ignominia. El malestar de la sociedad día con día crece, y las manifestaciones parecen no detenerse. Sin embargo ante el contexto difuso que enfrenta el país se abre una importante interrogante; ¿hacía donde vamos?

 

#RenunciaYa se ha convertido en el lema más representativo del movimiento social que se ha producido en el país durante los últimos meses. No cabe duda que esta consigna, conforme pasan los días, no se ha limitado a pedir la renuncia del presidente, la ex vicepresidenta y otros funcionarios ligados a casos de corrupción. Más que eso, esta manifestación, eminentemente digital, se ha dinamizado y ha abierto espacios para que la ciudadanía presente una nueva gama de demandas ciudadanas. Vemos pues como varios guatemaltecos ahora exigen cambios de fondo al sistema político vigente, cosa que otrora no ocurría. Estas muestras definitivamente son auténticas pues ilustran el sentimiento de una población que ha perdido toda la confianza en sus instituciones y que rechaza firmemente todo acto de corrupción; pero empero que es aun más importante logar aterrizarlas para encontrar la manera correcta de materializar sus efectos

 

Dentro de estas solicitudes principalmente encontramos las reformas a leyes estructurales como la Ley Electoral y de Partidos Políticos, la Ley del Servicio Civil, la Ley de Compras y Contrataciones, entre otras. Hay algunos que han abogado por una reforma a nuestra Constitución, e incluso piden una nueva Asamblea Nacional Constituyente. Otros en cambio promueven agendas sociales. Total, estamos frente a una serie de pretensiones de carácter holístico, sano para cualquier democracia en desarrollo. Todas las propuestas son legítimas y deben de ser escuchadas con la seriedad que el caso amerita, pero sobre todo estas deben de ser analizadas con detenimiento pues realizarlas con los ánimos caldeados no sería óptimo.

 

Estoy seguro que estamos frente a un momento histórico, un momento que será histórico a manera que logremos aprovechar este terreno con responsabilidad. Debemos de evaluar detenidamente que es lo que la sociedad exige y así conformar una hoja de ruta para saber de qué punto vamos a partir y hacía donde queremos llegar. Esto requiere de inmensos esfuerzos no solo de las autoridades, sociedad civil, organizaciones gremiales, etc., sino que de toda la población en su conjunto. No podemos perder de vista que el apoyo institucional es fundamental para alcanzar los objetivos, no reconocerlo sería nuestro primer gran error. Nuestros objetivos esencialmente deben ser combatir la endémica ola de corrupción que azota al país y construir una Guatemala con verdadera Justicia.

 

Toda reforma a un sistema supone consensos amplios de todos los sectores de la población si se busca legitimarla. La participación ciudadana se convierte entonces en el elemento más importante de este esfuerzo nacional de reencauce. Como ciudadanos responsables debemos de seguir presionando nuestras autoridades, pero sobre todo promoviendo iniciativas que sean certeras y no viscerales. Se deben de abrir instancias interlocutoras entre la sociedad y el Estado para llevar a cabo reformas integrales que se adecuen a los estándares de una sociedad que exige cada vez más a sus autoridades.

 

¡Para adelante Guate!

 

Twitter: @santipalomov

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