El próximo martes cerrarán las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Digo “cerrar” porque la votación ya está en marcha hasta en 33 estados del país del norte. A la fecha, aproximadamente 25 millones de personas ya han votado y se esperan por lo menos otros 5 millones más de votos adicionales antes del 6 de noviembre. Para poner estos números en contexto y guardando las obvias diferentes entre ambos países, Jimmy Morales necesitó 2.7 millones de votos para ganar la presidencia de un electorado total de 7.5 millones de votantes aproximadamente.
Por diversos factores, pero sobretodo el factor Trump, esta campaña presidencial ha sido, para bien o para mal, excepcional. A pocos días de la elección, ofrezco las siguientes reflexiones generales:

• El ascenso de Donald Trump a la candidatura republicana no debe ser considerado como un “accidente” o una aberración histórica en la política estadounidense: es la consecuencia lógica de la radicalización ideológica hacia una derecha más socialmente conservadora que ha tomado al Partido Republicano, un partido que apostó por consolidarse en una base blanca, evangélica, rural y tradicional. Dicho proceso ha generado un desfase generacional y demográfico en relación a la nueva realidad estadounidense: cultural y étnicamente diversa y con tendencia progresista en lo social.

• Talvez lo que sí se puede atribuir totalmente a Trump es la degradación del nivel de debate político, especialmente en el proceso de elecciones primarias del Partido Republicano. El elemento de “reality show” que traía consigo el peculiar magnate de los bienes raíces aumentó el morbo mediático de las elecciones. Su estilo directo, desafiante del “establishment” representó para muchos una bocanada de aire fresco, lo cual acaudaló a una gran parte del electorado republicano, propulsándolo así a la candidatura presidencial y dejando en el camino a muchos candidatos que, en otras condiciones, hubiesen obtenido dicho premio. Dado a su estilo, retórica e historial tanto personal como en los negocios, Trump ha polarizado profundamente al electorado.

• Hillary Clinton es una candidata con muchas luces y sombras. Su extenso bagaje político juega a su favor (considerando a la experiencia como un activo) y a la vez en contra (dados los escándalos en su gestión pública e indicios de corrupción en círculos internacionales). Es una candidata que, más allá del voto anti-Trump, no evoca mucho entusiasmo en ciertos bloques de electores, especialmente en independientes y afroamericanos.

• Si se cumplen las proyecciones, estudios y resultados de diversas encuestas (con algunas excepciones), Clinton estaría en camino a la presidencia de los Estados Unidos. Sin embargo, en un año atípico para las predicciones políticas y con un último episodio en el caso del servidor de correos de Clinton resurgiendo la semana pasada, las elecciones pueden que estén cerradas.
Como sugerencia general, lo insto a que disfrute el día de las elecciones. Si algo tiene Estados Unidos, es un afán por la información y los datos, los cuales pueden ser segmentados por diversos bloques de votantes: por ingreso económico, etnicidad, edad, género, nivel académico, jurisdicción geográfica, etc. Esto provee muchas luces de cómo piensa el votante y mucho espacio al debate político. Si bien las implicaciones de los resultados pueden ser variadas, las elecciones de Estados Unidos se constituyen como un ejercicio democrático ejemplar –dada su complejidad, envergadura y antigüedad.

Jorge V. Ávila Prera
@jorgeavilaprera

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