Mucho se habla de aquellos triunfos obtenidos el año pasado por parte de MP y la CICIG con el apoyo de gran parte de la sociedad guatemalteca. Decenas de funcionarios públicos a la espera de juicio, desarticulación de grandes estructuras criminales incrustadas en el Estado e incluso la renuncia de dos figuras importantes para el país como lo fue el presidente y la vicepresidenta resuenan constantemente en la mente y en las palabras de muchos activistas, formadores de opinión y de nuevos líderes que prometen cambiar el futuro del país. Para muchos, el 2015 fue un despertar, un inicio que marcará el cambio positivo que tanto estábamos esperando para el país. Sin embargo decir eso es fácil y no requiere mayor análisis para darnos cuenta que en efecto estas cosas han sido y serán positivas para el país. Lo que realmente nos cuesta ver o decir, algunas veces por miedo otras por ignorancia, es que como cualquier cambio drástico existen fortalezas así como también debilidades.

La incertidumbre provocada por la cantidad de personas implicadas en los casos de corrupción nos ha llevado a confiar en personas y no necesariamente en las instituciones por lo que nos hemos convertido en vulnerables a arbitrariedades. Basta con una mirada a las más de cien personas en prisión preventiva en el Centro Preventivo Mariscal Zavala para entender que existen situaciones de vulnerabilidad de derechos que pudo haber sido evitada. No sé si en un afán por sentar un precedente de castigo a funcionarios o por una paranoia exagerada, los jueces han dictado a diestra y siniestra, la medida de prisión preventiva sin importar las condiciones económicas o incluso de salud que puedan tener algunos implicados. Procesos lentos muchas veces sometidos a discreción de la burocracia o de los mismos jueces hacen que lleven más de cinco meses a la espera de que el MP presente las su primera declaración.

Sin embargo no solo la cantidad de personas involucradas ha sido un problema, sino también la calidad de las mismas. Muchas de ellas en sus vidas personales han probado ser personas que difícilmente cometerían este tipo de actos, no obstante los medios de comunicación y ciertos grupos se han encargado de hacer un linchamiento social pocas veces fundamentado. No solo es injusto que las personas dentro de la sociedad juzguen a priori con respecto a algunos implicados sino que también desincentiva a aquellas personas honradas, capaces e idóneas para participar en algún cargo público sabiendo que pueden sufrir de acusaciones sin fundamento.

Es cierto que lo que ha pasado nos ha agarrado desprevenidos y esto nos ha llevado muchas veces a actuar o a hablar de manera impulsiva. Pero debemos tener una visión más a largo plazo y entender que los verdaderos cambios que queremos en el país no se van a dar de la noche a la mañana. Por lo tanto estos triunfos que hoy celebramos deben convertirse en cambios profundos, razonados y evaluados en la manera que mejore la calidad y confianza en nuestras instituciones y no viceversa.

Repúblicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo