Con todos los problemas que afrontamos en Guatemala, me parece innegable que la creatividad, la iniciativa y la inventiva de los Guatemaltecos es cada vez más significativa. Tenemos gente que ha tenido la visión de transformar una zona que hasta hace pocos años estaba apagada, me refiero a 4 Grados Norte. Lo mismo ha sucedido en el centro histórico de la capital, dónde cada vez más vemos edificios restaurados, cafés, restaurantes, bares, comercio floreciendo y con ello, proveyendo empleo y entretenimiento sano a la ciudadanía. En ambos ejemplos, han sido mentes empresariales las que han y siguen innovando, produciendo, trayendo progreso a nuestra ciudad. Creo justo reconocer que en este aspecto, la Alcaldía Metropolitana ha jugado un papel positivo, y digno de respeto. Es con esto en mente que me permito decir que los episodios de violencia que vivieron los comerciantes, las autoridades y en especial la policía, los transeúntes, y los vándalos histéricos es peor que deplorable. Destruyeron propiedad privada, dañaron obras de arte que nuestros artistas hicieran con tanto empeño, fruto de sus mentes creativas, para adornar el centro de la ciudad. Todo porque se intentó desalojarlos, según la Procuraduría de Derechos Humanos, de la forma equivocada. Si bien opino como tanta gente, que los derechos humanos debieran aplicarse a las víctimas, la definición misma de éstos impide que por ejemplo la PDH actúe contra los vándalos porque no ha sido el Estado a causar los daños.

Siguiendo el mismo principio, vimos como ese mismo día, iniciaron las absurdas manifestaciones en diversos puntos de los Estados Unidos. Irónicamente, justo quienes odian a Trump por “su odio”, quienes lo acusan de “instigar a la violencia”, quienes lo detestan por racista, son quienes tomaron las calles con un odio y una violencia, atacando negocios (propiedad de gente de todas las razas), fuerzas del orden (en las que hay gente de todas las razas), comportándose en muchos casos con la violencia que protestan, justo haciendo lo que tanto critican. ¿Tiene eso sentido?

Estoy segura que al igual que cuando ganó Obama, si hubiera ganado la Clinton, los simpatizantes de Trump no se hubieran dado a la violencia o al desorden público. Hubieran manifestado su descontento de otro modo, ordenado y pacífico. Tanto que hablaron los medios a la hora de la Convención Republicana que temían violencia en la convención. ¿Pasó algo significativo? No. Por la enésima vez, queda en evidencia que los medios son eminentemente sensacionalistas y en poco contacto con la realidad social de su entorno. Aún después que el Presidente Electo declara, por ejemplo y con mucha sensatez, que no eliminará todo el Obamacare, ya que conservará algunos elementos positivos del mismo, los periodistas de CNN, para dar un ejemplo específico, cuestionan incrédulos si esto es verdad. Debieran reportarlo, sin juicio de valor. El juicio de valor es para los analistas, no para los reporteros. Lo mismo el día de la elección, cuando visiblemente descompuestos reportaban balbuceando los resultados, como si sus brillantes mentes no podían digerir que Trump estaba ganando la Presidencia, y que dicho sea de paso, el Senado también terminaría siendo Republicano.

Es divertido ver que los estadounidenses estén rompiendo la cabeza para “entender” como es posible que haya ganado un candidato tan odiado por los medios, y no se atreven a entender que ellos mismos con el antagonismo y la desinformación que dieron y siguen dando, han contribuido significativamente a los disturbios acontecidos después de la elección. Si cuando Trump dijo lo del muro se hubieran molestado en informarse bien, y hubieran reportado que el Comité de lo Judicial de la Cámara de Representantes puede detener una acción semejante, que sin el apoyo de ése comité en específico no habrá reforma a la Ley de Inmigración, etc, la gente entendería que con quemar piñatas y banderas no cambian nada. Y más bien, causan más antagonismo en los mismos Congresistas que sí tienen el poder de cambiar esos elementos tan importantes para los inmigrantes.

El punto medular en todo esto es que la responsabilidad de los medios es mucho mayor de la que han querido admitir. Es ahora que “despiertan” y se dan cuenta de que han perdido mucha credibilidad, que en su afán de inclinar la balanza hacia quien ellos querían, cayeron en una labor más sesgada que de costumbre, perdiendo objetividad, ética y profesionalismo, tratando de inclinar el voto descaradamente. Fue tal su arrogancia y su odio hacia un candidato que a medida que éste ganaba las caras de los periodistas se alargaban y parecían balbucear en una especie de diarrea psicológica. Ya es hora que se hagan responsables de sus palabras y reporten con veracidad.

Son muchas las lecciones que aprender de esta elección en los Estados Unidos y creo que tendremos para rato con el tema. Nadie tiene el monopolio de la razón, es la primera. Toda moneda tiene dos caras, nos guste o no. No existen verdades absolutas. En todo, incluyendo en los políticos, existe un lado bueno y uno malo. Los medios deben aterrizar y reconocer que lo que es, es, les guste o no, y deben reportar con responsabilidad y no manipular la información sólo porque despierta sus personales pasiones. Y finalmente, que por más que un Presidente se atenga a su “popularidad” real o ficticia, y los generadores de opinión traten de influenciar hacia un lado u otro la balanza, es el bolsillo de la gente el que determina su elección, siempre que sea un sistema libre.  

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