El tema del racismo vuelve a saltar a la palestra en varios foros internacionales, en las elecciones estadounidenses y en las futuras elecciones de varios países europeos, incluso en las reformas constitucionales guatemaltecas se habla de racismo en cuanto al derecho indígena.

No quiero entrar al tema de reforma constitucional porque ya está siendo tratado por un buen número de columnistas en los distintos medios. Más bien, me quiero enfocar un unos cuantos aspectos del desventurado racismo. En octubre pasado tuve la oportunidad de visitar el Estado de Texas, donde la población hispana está muy bien asentada desde hace varios siglos, y desde luego, es un gran receptor de nuevas inmigraciones provenientes de México y Centroamérica, en su mayoría. La comunidad guatemalteca en Texas es bastante grande e importante.

El hotel del primer día en Houston lo reservé desde internet, sin saber exactamente el barrio donde estaba localizado. Al llegar contacté a un amigo chapín que radica ahí desde hace muchos años y cuando le di las indicaciones del hotel me dice: “¡uy, mucho cuidado! Ese es un barrio de negros, no salgas a caminar”.

Estas palabras me hicieron reflexionar en muchas cosas -un poco de pan pa´mi matate-, me hicieron pensar en la discriminación racial que sufren los migrantes ilegales latinoamericanos en EEUU y en la UE, y no solo ilegales, turistas y visitantes también hemos podido sufrir algún tipo de racismo por esos lares. Pero también recordé el racismo local: ladino-indígena-gringo-ladino. Como cuando las empleadas domésticas tienen una puerta de entrada distinta, como las medidas del Gobierno de Guatemala que en parques y museos cobran más caro al “gringo” que al “local”. O como cuando de ladino viajas a Atitlán y en vez de costarte Q10 la lancha, te sale a Q20. Por mencionar unos cuantos casos concretos.

Porque el racismo y resentimiento en Guatemala va en ambas vías. Pareciera como que se disfrutara masoquistamente de esta estructura social y cultural heredada desde los tiempos de la conquista. Y cuando como latinoamericanos emigramos al norte, aparte de ser discriminados, también se es discriminativo con otras personas. Un juego en el que nadie gana. ¡Que tire la primera piedra quien jamás lo haya sido!

Mi amigo de Houston habrá tenido sus razones para decirme eso del barrio negro. También está claro que hay barrios peligrosos donde uno no se mete, no exactamente por ser racista, sino por salvar la integridad y la vida. Eso es entendible. En nuestra propia Guate City ni locos nos meteríamos una zona roja, si podemos evitarlo…

Un aspecto sobre el racismo que miro con asiduidad en las redes sociales y diversas charlas es tanto el desprecio por lo indígena, pero también el resentimiento contra los “españoles” que NOS VINIERON A CONQUISTAR ¡Oh pesar! Una locura de pleitos mentales de los cuales, grupos malintencionados se valen para que perdure esa guerra emocional-sentimental que no trae e inyecta en los corazones más que odio e intolerancia. Ni lo indígena es poca cosa, ni los españoles son los malos.

Si nos sacaran ADN a los dieciséis y pico de millones de guatemaltecos, los resultados arrojarían que tenemos ancestros de diversas “razas” y orígenes: América, África, Europa y Asia. Vamos, es que los “españoles” no nos conquistaron, ¡ya dejen esa estupidez por favor! Los conquistadores vinieron de Europa en el siglo XV a una tierra que ni era la República de Guatemala, El Salvador, Honduras, etc. En la cual ni usted ni yo existíamos. Sea lo que sea que haya pasado, esos “españoles” se mezclaron con los nativos americanos por siglos y hoy aquí estamos. Somos hijos de ambas razas y culturas. No nos conquistaron, ¡por favor! No es muy inteligente hablar mal de los bisabuelos, abuelos ni de nuestra propia existencia, ¿no les parece? Si despreciamos a una parte de nuestra cultura (indígena) y odiamos por malos a la otra parte (española) estamos auto acuchillándonos como unos locos de manicomio.

Afortunadamente la intolerancia, la discriminación y el racismo tienen cura. Ese mal que puede estar anclado en su cabeza se remedia con leer, con viajar, con investigar, con compartir con personas distintas, con amar. Y tal vez como dice Morgan: con dejar de estar “chachalaqueando” tanto de eso.

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