Sobran los discursos, columnas y posts que rinden un “homenaje celestial” al Paro Nacional del 20 de septiembre. Para algunos la plaza revivió, los políticos corruptos sufrieron un revés y Guatemala ganó (lo que sea que signifique ganar en este país).

No me mal interpreten. Apoyo el derecho a manifestar como se debe; sin evitar la libre locomoción de los demás. Me tranquiliza saber (y que la Plaza me recuerde) que términos como “corrupción” e “impunidad” ya no son indiferentes. Aplaudo la actitud de la mayoría de los manifestantes, que preservaron la paz y mantuvieron la cordura.

Pero yo no fui a manifestar. ¿Por qué? Considero que las propuestas generales de la manifestación no harán un bien al país a largo plazo. A excepción de las urgentes reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, pedir la renuncia del presidente y la utópica salida de 107 diputados no es la solución en este momento.

Hace poco leí unos párrafos del libro Lógica y Sistemática de la Sociedad Civil de Rafael Alvira que me hicieron mucho sentido y que considero deben aplicarse a esta situación. “Cuando un militar o un policía realiza su tarea de manera adecuada y en servicio al bien social, actúa civilmente, pues lo hace para salvaguardar o reconstruir la sociedad. En caso contrario, la daña. Lo mismo sucede con el artista o el sacerdote”.

Yo me pregunto, ¿pedir ahora la renuncia de un presidente y de 107 diputados es construir y salvaguardar la sociedad desde nuestro rol de ciudadanos, estudiantes, jóvenes o profesionales? Considero que no.

Pensemos: ¿Por qué se quiere la renuncia de Jimmy Morales? ¿Por qué no da resultados y por su falta de experiencia? ¿No se sabía eso cuando se votó por él como respuesta a la vieja política? Si exigen la renuncia del presidente por esas razones, estamos siendo dramáticos. Botar a un presidente, producir escándalos internacionales y abrirle el paso a un Jafeth Cabrera es peor. No podemos estar cambiando presidentes cada dos años; el costo es demasiado alto y sufriremos los efectos negativos a largo plazo. Así no funciona el país. ¿Por qué no mejorar la calidad de nuestras decisiones y votar a conciencia, exigiendo candidatos aptos (estadistas y no políticos) con una LEPP reformada?

Claro, no se me olvidan las acusaciones del MP y la CICIG para quitarle la inmunidad a Morales por supuesto financiamiento ilícito. Pero una cosa es exigir la renuncia y otra exigir el retiro de la inmunidad para que sea investigado y juzgado, sabiendo que si en dado caso las pruebas son contundentes, ahí será cuando el presidente deba renunciar y nosotros exigírselo. No seamos tan reactivos y pasionales y analicemos las consecuencias de nuestras acciones, porque en Guatemala la sed por ver rodar cabezas a consta de lo que sea o quién sea es desquiciada y peligrosa.

Vamos ahora con la propuesta sobre la depuración del Congreso. Creo que estamos todos de acuerdo en que hay 107 diputados corruptos, irresponsables y cobardes que se dignaron a escupirle a nuestra bandera no solo con sus patéticas reformas al Código Penal pero con su tenebroso historial en la política. Deben irse y no solo irse: tienen que ser juzgados. Ellos no nos representan. Eso está claro. Ahora bien, ¿es este el momento? ¿Sabemos quiénes ocuparán esos curules cuando se marchen? ¿Los manifestantes en la Plaza tienen contemplado todo esto?

Solo con leer el Artículo 61 de la Ley Orgánica del Organismo Legislativo sabemos que quienes asumirán esas vacantes serán más de lo mismo, influenciados claramente por el fantasma del diputado que dejó, a la fuerza, ese curul. Entonces ¿realmente nos conviene reemplazar a 107 ladrones con otros 107 títeres? ¿Por qué no presionar los listados semi-abiertos para la próxima elección y poder elegir así a nuestros diputados uno a uno? ¡Ese sí que será un verdadero cambio y una mejora a largo plazo! Mientras tanto no olvidemos el nombre y apariencia de estos 107 delincuentes para no darles ni medio voto en las próximas elecciones. ¿Suena más aterrizado o no?

“Nadie sirve mediante el procedimiento de arrebatar a los demás su propiedad y su responsabilidad. En la medida en que el Estado moderno ha llegado a hacer esto, se ha convertido en incivil”.

Puede que muchos o todos estén en contra, pero mantengo mi postura. Lo más importante es que como ciudadanos evitemos la polarización y nos sumerjamos en un debate sano. Dialogar es lo que ha llevado a los países fracasados a la lista de países exitosos. ¡Llegaremos ahí! Pero el cambio empieza por nosotros y por la calidad de nuestras demandas.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo