El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presentó el miércoles pasado lo que se conoce en los medios como “el mayor recorte impositivo de la historia” o como se le ha titulado “Marco unificado para arreglar nuestro fallido código fiscal” del país. No sólo ha presentado recortes en las altas tasas progresivas que tenían, sino que ha reducido la progresividad, aunque sin eliminarla, aumentado el monto de deducciones y eliminado exenciones. Con este plan se pretende lograr una reactivación sin precedentes de la economía norteamericana.

No han tardado en salir los demócratas y otros opositores a criticar el plan indicando que esto beneficia a los ricos a costa de los pobres ya que lo ricos pagarán menos incrementando la desigualdad entre los ciudadanos americanos. Por supuesto que no es así. La realidad es que cualquier baja impositiva significa que el dinero estará quedando en manos de los más productivos y esto hace que la economía e reactive. El gobierno es ineficiente y en la medida en que reciba más recursos, más ineficiente y corrupto se vuelve gastando el dinero de los tributarios en actividades que no le corresponde.

El error de muchos economistas es considerar a los impuestos y la economía como algo rígido cuando es todo lo contrario, es muy dinámica. Si bajas los impuestos la actividad económica se incrementa generado más riqueza y oportunidades para todos. Así es mejor un sistema de impuestos con tasas bajas y parejas, pero una gran actividad económica que uno con impuestos altos y progresivos que frenan la actividad económica. Justamente se benefician los más pobres dado que el crecimiento será mayor gracias a esa reactivación económica.

Es verdad que los más ricos de la sociedad pagarán menos, pero ellos tienen cubiertos todos sus gastos. Lo que ellos suelen hacer es invertirlo en nuevas líneas o reinvertirlo en las líneas existentes que son más rentables potencializando sus ganancias. Al hacerlo benefician a todos pues generan más riqueza, incrementan la productividad, bajan los precios y generan más oportunidades para todos incluyendo la de nuevos y mejores empleos. No importa si los icos se vuelve más ricos pues lo pobres se vuelven menos pobres y mejoran su nivel de vida incluso en mayor porcentaje que lo que se enriquecen los más ricos. Este es el dinamismo de una sociedad con gran actividad económica, menos impuestos e incluso menos regulaciones.

Si bien este plan implica una de las reducciones impositivas más grandes de la historia americana a mi juicio se han quedado cortos ya que yo hubiera preferido que se eliminara el ISR (Impuesto sobre la Renta) o al menos dejarlo proporcional como un “Flat Tax” o impuesto de tasa única.

El ISR personal tiene una baja de su tasa máxima del 39.6 al 35%. Aún me parece demasiado alta. No me parece justo que una persona que trabaje duro, que sea eficiente tenga que pagar un 35% de sus ganancias. Es demasiado. De todos modos, es una rebaja significativa y marginalmente importante. Por el lado de la parte baja del IR personal se eleva la tasa más baja del 10 al 12%. También hay un incremento en la deducción personal que va de $10.000 a $12,000 para personas individuales y el doble para parejas. Y las familias con hijos tienen una deducción aún mayor. Mientras tanto, el ISR para empresas pequeñas y medianas tiene ahora un techo del 25% y el de las corporaciones un techo del 20%. El recorte en estas tasas fue de 15 puntos colocando la tasa propuesta por debajo del promedio de los países de la OCDE.

También se pretende simplificar de tal manera la declaración de impuestos que bastará con llenar y presentar todo en una sola hoja. Hoy es un dolor de cabeza para los americanos. Finalmente se eliminar el Impuesto a la Herencia.

El equipo de gobierno de Donald Trump, presidente de Estados Unidos de América, anunció hace dos días una reforma fiscal que algunos han catalogado como la más agresiva en cuanto a bajas de impuestos para las empresas y en general para las personas. Por supuesto que esta propuesta tendrá que ser conocida por el Congreso y refrendada por el Senado para que pueda entrar en vigencia y esto todavía está por verse.

Es obvio que al inicio esto debe ir acompañado de una fuerte y sostenible reducción en el gasto público lo que nunca está demás. La idea es que los ingresos que se consigan debido a una mayor actividad económica superen a los gastos que actualmente tiene el gobierno, pero puede que se genere temporalmente un déficit fiscal mientras se reactiva la economía. De todas maneras, el gobierno de Trump comenzó con la reducción de gastos en algunos programas y ministerios, pero l falta mucho aún.

De lograrlo veremos pronto a un Estados Unidos pujante y creciente como ocurrió durante la época de Ronald Reagan. Esto se conoce como la economía de la Oferta o Reagonomics y parece que en este punto el gobierno de Trump también confía. Sigo temiendo por los arrebatos anti comercio exterior de Trump que puede echar todo por la borda en un momento dado. Gracias a la división de poderes esto no parece que vaya a ocurrir tan fácilmente como él lo había prometido, me refiero al muro con México y el cierre de fronteras, incremento de aranceles de importación, etc…

Mientras tanto, en Guatemala, en momento de crisis política, aparece el superintendente de la SAT (Superintendencia de Administración Tributaria con ideas obsoletas proponiendo incrementos de tasas del ISR haciéndolas más progresivas. Su visión es la de un mayor gasto y mayor recaudación impositiva. Qué pena, que vergüenza y que tristeza ver que aquí los gobernantes siguen con ideas obsoletas que nos mantendrán estancados económicamente por muchos años más. Definitivamente creo que hay que cambiar ese pensamiento perdedor y buscar gente que saque adelante al país pasando en un mayor crecimiento económico, algo que nos haga reducir el nivel de pobreza aceleradamente creando las oportunidades de mejora de nivel de vida que tanta falta nos hacen.

 

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