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Estampa citadina (II)

Redacción República
01 de septiembre, 2018

ESTAMPA CITADINA (II), ESTE ES EL TEMA EN EL BLOG DE HISTORIAS URBANAS DE JOSÉ VICENTE SOLÓRZANO AGUILAR.

Estaba platicando con uno de mis vendedores de discos y en eso me dijo:

–Parece que el Presidente expulsó a la CICIG.

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El dato se lo pasó uno de sus hermanos, vía WhatsApp.

–Vaya –me dije.

Llamé a uno de mis amigos periodistas para comprobarlo. Seguro estaba en el corre corre porque no contestó.

Me coloqué uno de los audífonos en la oreja izquierda y busqué Emisoras Unidas.

Transmitían desde las afueras de la sede de la CICIG, en la zona 14.

Se escuchaba quema de cuetes, insultos contra el comisionado Iván Velásquez y peticiones de otros reporteros para que los dejaran trabajar.

La venta de discos está enfrente de un restaurante que sirve pizzas y cervezas artesanales. El único televisor estaba conectado a uno de los canales de videos musicales del cable. Los meseros conservaban en rueda, mientras llegaban los comensales.

No se reflejaba el jaleo que armó la decisión del presidente Jimmy Morales de no renovar el mandato de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, que vence en septiembre de 2019.

Adentro tuve una discusión con mi proveedor de discos acerca de los precios que deben tener los long play, encarecidos desde que volvieron a ponerse de moda. Notó mi incomodidad, pero nos sinceramos y creo que conseguiré algunos títulos a precio razonable.

Y como escribió Bernal Díaz del Castillo, volvamos a nuestro cuento.

Mientras oía la radio, supe del carro con documentación de la Cicig que fue retenido en la zona 5 –ya no volvieron a mencionarlo– y la llegada del procurador de los Derechos Humanos, Jordán Rodas Andrade, para verificar en qué situación se encontraban Iván Velásquez y los trabajadores de la Comisión.

Lo último que supe, al salir, es que trabajadores del Palacio Nacional recibieron orden de regresar temprano a sus casas. La tienda de discos queda cerca de la sexta avenida. Me fui caminando hasta el parque. No se veía movimiento de policías o soldados. Frente a Casa Presidencial, repartidos en cada esquina, estaban dos kaibiles y un puñado de agentes. No se interrumpía el paso de carros y buses por la 5a. calle. Varios estudiantes salían de clsaes.

Del lado del parque Centenario estaba la feria del libro agostina. Fui a almorzar por el Pasaje Rubio. Mientras esperaba que me atendieran, dos amigos en mesas vecinas se preguntaron si irían a manifestar frente a la sede de la CICIG

–Queda muy lejos –sonrió uno de ellos.

Terminé de comer y me fui a ver qué libros encontraba en la feria. Del lado del parque central ya se había juntado un grupo a protestar. Acompañaban sus lemas a golpe de tambor y soplo de vuvuzela.

Los demás estaban en lo suyo. Vendedores esperaban clientes. Gente entraba y salía de hacer sus pagos en la Empresa Eléctrica. Pasaba el ciclista sin reducir su velocidad entre la gente del paseo peatonal de la sexta. Trabajadores de la municipalidad terminaban de desarmar el toldo donde dieron clases de baile. Aunque estaba nublado, y hacía algo de aire, no parecía que fuera a llover.

Jimmy Morales se amarró la cuerda de trapecista al cuello y se tiró al vacío en representación de la patria y la familia.

Afuera, en la calle, como si nada hubiera pasado.

Quise darme la vuelta por la manifestación, pero me sentí ajeno.

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