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Las elecciones generales y la partida de ajedrez

Redacción República
04 de noviembre, 2014

Es un decir entre los profesionales de las ciencias
humanísticas que la vida imita al arte. Con ello se pretende afirmar que los principales episodios históricos, sean
éstos de naturaleza política, social o económica, suelen suceder a las grandes
obras de arte, que de alguna manera les prefiguran. Un ejemplo de esto lo
encontramos en la literatura de Shakespeare, en la que es muy difícil no
encontrar las referencias casi literales que existen entre los diálogos de la
obra “Ricardo II” y los acontecimientos políticos que acaecieron en Irak, con
la caída de Sadam Hussein, 400 años después de haber sido escritos por el bardo
Inglés.


Hago este comentario porque esta máxima de la historia del
arte tiene de nuevo su plena realización en el escenario político de Guatemala.
Kasparov, ex campeón mundial de Ajedrez escribió un libro hace algunos años,
explicando cómo los movimientos en el ajedrez tienen su referencia inmediata en
la vida de los negocios. Pues bien, yo
creo que podemos llevar un paso más allá la afirmación de este ajedrecista Ruso
y hacer un calco de las piezas del ajedrez con el escenario político que se nos
configura para el año 2015.


Empecemos por los
peones. Partidos Políticos que siempre pueblan el tablero electoral, tienen
poca capacidad de decidir el resultado, pero suelen provocar efectos
interesantes. Ralentizan la acción política; dificultan el movimiento de las
piezas políticas mayores; cuándo se alinean en cierta formación pueden provocar
un desenlace inesperado, y en ocasiones, como ya sucedió hace muchos años en
una elección Guatemalteca, hasta pueden
llegar a coronar. Atención al movimiento de estos peones porque pueden incidir
de maneras insospechadas en la combinación de las jugadas.

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Existe la figura del alfil. Esta pieza, cerca de los actores
de poder, no suele ser muy protagonista, pero tiene un impacto real en el
resultado de la partida. Su movimiento es en diagonal, casi desapercibido, de
golpes laterales. Personajes políticos que vienen de fuera, podrían llegar a
desempeñar el papel de los alfiles en la próxima partida, y balancear el
resultado en una u otra dirección. Como buen alfil, no tienen mucho efecto si
no salen temprano a la batalla y se tienen que mover exclusivamente en un
corredor muy prefigurado, lo que les hace ciertamente vulnerables.


Los caballos son las piezas más peligrosas del tablero. Con
un movimiento en varias direcciones y con más de un cuadro por cubrir a un solo
salto, pueden salir de una posición desventajosa y de súbito tener capacidad de
resolver el juego. Son solo dos pero avanzan rápido y lejos, si se les deja. La
clave es pues que la mano que juega la partida encuentre interesante su papel.


La reina suele ser la más comentada. Con movimientos
multidireccionales, es capaz de recorrer grandes distancias y su habilidad
depende de cuánto margen hacia la derecha y la izquierda pueda recorrer.
Ninguna partida se puede resolver al final sin tener que tomar en cuenta su
desempeño en el tablero, pero ella sola tampoco las puede ganar. Y por último, la torre y el Rey. Parece ser
extraño que se comenten, en par, estas dos piezas que tienen poco en común,
pero no es así. Aunque la primera tiene casi el poder de recorrido de la reina,
sucede que tiene limitado su movimiento a los carriles predecibles donde está colocada;
por su parte, el Rey tiene el poder político pero adolece de un movimiento
pesado y lento, fruto del desgaste de su propia posición. El objetivo de
comentarlas en conjunto es que éstas dos son las únicas piezas que en un solo
movimiento pueden cambiar de posición en el tablero. El enroque, en la vida
política del país, puede tener su expresión en las cuestiones de orden
judicial, y una vez se produce, cambia completamente el poder de una pieza en
desmedro de la otra.


Ninguna partida es igual. Las piezas pueden tener valor en
las medidas en las que se les desplace con sentido y estrategia. Pero para cada
jugador hay algunas reglas universales, sin las cuales, no se puede ganar. Una,
es la de tener la iniciativa en el tablero. Por ello el valor de jugar con las
blancas. La otra es ocupar y dominar el centro del tablero. Este espacio de 4
recuadros tiene su correspondencia en la agenda temática que domine el discurso
y la expectativa de la población. Alguien tendrá la habilidad de controlar ese
centro? Estamos por verlo. Lo importante es que la partida se juegue y con las
reglas convenidas. No vaya a ser que como el autómata de aquella historia de
ajedrez, decida botar las piezas de un solo golpe al verse perdedor.


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