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La Ley de Hidalgo.

Redacción República
26 de mayo, 2014

En esta ocasión sometemos al lector a una prueba. Lea la siguiente frase, a propósito de la corrupción en Guatemala y luego trate de establecer la fecha en que fue escrita, o en qué contexto: “…Y es por eso que al que se le llama ´ladrón’, porque en realidad es público y notorio ladrón, se queda como si tal cosa, igual que si se le llamara ‘honrado’ a carta cabal. Qué le importa que le llamen ladrón, si sabe que la palabra ahora ni avergüenza ni denigra. El dinero de sus robos y depredaciones en sus bolsillos y cajas fuertes, y que ladren…” 

La respuesta no es obvia, sobre todo para quien no esté familiarizado con la literatura guatemalteca. La frase proviene de Viernes de Dolores, otra de las obras maestras de Miguel Ángel Asturias, y personalmente mi favorita. La frase se refiere a los candidatos presidenciales de una campaña lejanísima en el tiempo, pero muy actual por sus temas. En el caldeado ambiente electoral de 1924, año en el que el general José María Orellana busca la elección de la presidencia, mientras ejerce el puesto de forma interina luego del golpe de Estado que le diera a don Carlos Herrera. Como ve, el tema de la corrupción no es ni remotamente asunto nuevo. Se tocó en ese año de 1924, año en el que los estudiantes cantaron a coro para la Huelga de Dolores de ese año, a propósito de la participación de Jorge Ubico como candidato a la presidencia: “Unos dicen que Jorge es amargo,/ otros dicen que no es más que un largo…” y luego volvió a ser el tema central durante la gestión del presidente Lázaro Chacón, al que se acusó de robar (y mucho) y de permitir que robaran. Algo de eso recoge don Francisco Pérez de Antón en su magnífica novela Callejón de dolores, en la que logra recrear de forma muy convincente el ambiente de fuerte crítica en contra del gobernante. 
¿Y a qué viene este repaso de literatura guatemalteca? Se preguntará justificadamente el lector. Pues vea usted, a que es un tema que no abandona el escenario político. Si no, hojee los diarios y vea las que está haciendo el gobierno de turno. O su entorno, que es lo mismo. Ya comentamos en otra ocasión la extraña reacción de Pérez Molina que en vez de denunciar los actos de corrupción de su vicepresidenta y su apretada “rosca” a quien corresponde, para su investigación, decide que es mejor ahogar económicamente al diario que la denunciaba. ¿Incapacidad, complicidad? Ellos sabrán. 
Pero lo que quiero señalar en esta ocasión, es la poca importancia que le estamos dando los ciudadanos, al tema. Hemos visto que el muerto viviente que es la Contraloría General de Cuentas no controla nada. Que los únicos que denuncian los escándalos de corrupción que abarcan todas y cada una de las carteras del ejecutivo y al legislativo, al Organismo Judicial, al Estado entero, es la prensa. Y la ciudadanía como si nada. Preparándose para aceptar sin chistar a los nuevos ricos que entregado el poder saliente de la mediocre administración actual pasarán a engrosar las filas de gente prepotente que irrumpe en los lugares públicos, rodeados de un ejército de gorilas malencarados y camionetas que rechinan llantas, que se meten a los carriles sin siquiera poner pidevías y que bajan las ventanas como diciendo “cuidadito, cuidadito”. El drama es que ese dinero que derrochan con el peor de los gustos y el descaro, es el dinero que cada uno de nosotros pagamos al Estado en contraprestación de nada. El Estado se cobra impuestos pero no nos da seguridad, no nos da salud, no nos ofrece transporte digno, mucho menos educación. Lo que nos da es un espectáculo de saqueo en todos los niveles, que hacen soñar a algunos con que algún día “les llegará su momento”. 
Cada cuatro años es lo mismo, se vota, se aguanta, se calla y se vuelve a votar. Mientras tanto, en los oscuros pasillos del poder todos esperan el banderazo de salida para el saqueo, resumido en la descarada frase que supuestamente Portillo le dijo a sus colaboradores el último año de su nefasto gobierno: “Este es el año de Hidalgo, pendejo el que deja algo”.
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