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Vivir del conflicto

Redacción
30 de junio, 2014

La semana pasada, cientos de personas del Frente Nacional de Lucha (FNL) obstaculizaron el tránsito en la Ciudad de Guatemala con el pretexto de exigir el cumplimiento al pacto colectivo con los trabajadores de Salud que firmó el presidente Otto Pérez Molina en octubre del año pasado. 

Además, aprovechando que ya se habían reunido, patentizaron su apoyo a la resistencia de algunas personas en contra del establecimiento de empresas en La Puya, San Pedro Ayampuc, Guatemala; en San Rafael Las Flores, Santa Rosa y en Huehuetenango. Y como ya estaban “encaminados”, también aprovecharon a solicitar la nacionalización de la energía eléctrica, así como “políticas de desarrollo” que permitan el crecimiento y mejora en la calidad de vida de los más necesitados a quienes defienden. 
Semanas antes el Comité de Unidad Campesina (CUC) reunió a otro grupo de personas para protestar en la Ciudad de Guatemala por el establecimiento de una cementera en San Juan Sacatepéquez, así como por la construcción de una carretera conocida como el Anillo Regional Metropolitano. La excusa de esta marcha fue el despojo a los habitantes de esta región de sus tierras así como la contaminación, deforestación y escasez de agua (servicio que por cierto muchos carecen por falta de infraestructura). Acusaciones que no han sido demostradas. 
Los “líderes” de estos grupos organizados que dicen defender a los más necesitados, utilizan la protesta constante y en casos extremos la delincuencia para lograr sus objetivos. Los ejemplos anteriores son sólo una muestra de la necesidad de crear conflictos para mantenerse vigentes ante sus “patrocinadores europeos”; que a su vez deben justificar su existencia ante los tributarios de ese continente “ayudando a los países más pobres”. 
Si estos líderes del FNL y CUC (por solo mencionar algunos de esta sopa de letras) están tan preocupados por mejorar el nivel de vida de quienes dicen defender, ¿por qué en lugar de fomentar la inversión, la bloquean? ¿Por qué en lugar de exigir el cumplimiento irrestricto de la ley son los primeros en romperla? ¿Por qué hablan de un diálogo nacional cuando bloquean las calles, machetean, linchan o balean a quienes se oponen a sus intereses? ¿Por qué hablan de despojo de la riqueza natural cuando se roban la energía eléctrica? 
Parece una actitud contradictoria de estos “líderes” cuyo discurso en defensa de los más necesitados y del desarrollo rural contrasta con las acciones que realizan. Pocas veces (por no decir nunca) hemos visto a estos “líderes” exigir que se cumplan las leyes para todos, exigir que se facilite la inversión en el país, exigir que las relaciones laborales sean más sencillas y exista libertad de contratación para aumentar las oportunidades de empleo y mucho menos escucharemos que pidan la eliminación inmediata de los privilegios sin excepción alguna. 
¿Será entonces que buscar mejorar el nivel de vida de los más necesitados es sólo un pretexto para obtener el dinero de los tributarios de éste y otros países? ¿Será que mantener los conflictos mediante la desinformación, manipulación y violencia, demuestra la necesidad de ayudar económicamente a los más débiles? 
No es mediante el robo legalizado de la nacionalización, el conflicto y la “ayuda internacional” como se mejorará la calidad de vida de todos. Es mediante leyes claras, eliminación de privilegios, certeza de castigo y respeto a los derechos individuales como se han acercado otras naciones al desarrollo y crecimiento. 
Sin embargo, mientras el gobierno tenga el poder de repartir privilegios siempre habrá grupos de presión que buscarán su cuota. El CUC y el FNL no son mejores que los mercantilistas en este aspecto, ambos buscan mamar de la teta del estado. 
A fin de cuentas, como dice Carlos Rodríguez Braun: “la redistribución no es de ricos a pobres sino de grupos desorganizados a grupos organizados.”
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