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Cretinos en redes sociales

Redacción
16 de julio, 2014

Las redes sociales han democratizado la información pero también ampliado el espacio de la idiotez, el absurdo y la imbecilidad. Desocupados –o pagados para tal fin- dedican su estéril tiempo a colocar insultos o frases sobre fotografías, nunca pronunciadas por el autor a quien se las atribuyen, con la finalidad de desprestigiar, dañar o conmover. Nada más aplicable en estas situaciones que aquel refrán de “no ofende quien quiere, sino quien puede”. El perfil de todos ello se sustenta en una página o cuenta grupal, anónima y malhablada. Es decir, une la irresponsabilidad, la cobardía y el analfabetismo funcional. Lo que cualquier sensato desecharía. 

Si de ese grupo de ignorantes se tratase no habría más desarrollo que el párrafo anterior. El auténtico problema es cómo mucha gente reproduce lo que esos pendejos colocan y lo suman a sus seguidores cuando ni siquiera han leído el contenido o comprobado la veracidad de lo que allí se reproduce. Entonces, la bobada es multiplicada por mil personajes manipulados, engañados o ausentes de personalidad que reproducen cualquier estupidez que encuentran en la red sin meditar la trascendencia de sus acciones, la responsabilidad que con ello asumen, el daño que pueden causar o la veracidad del contenido. 
Este comportamiento es extensivo y así es exactamente como se vota más tarde. Se da crédito a una serie de personajes cuyo antecedentes y propuestas se desconocen y que no están dispuestos a asumir la responsabilidad de lo que predican. También aquí la sabiduría popular acierta y los cataloga como aquellos que “tiran la piedra y esconden la mano”. Habituales cobardes incapaces de dar la cara pero que hacen un juego que siguen otros manipulados. Es el tiovivo de la estupidez humana, en el que uno (bien bobo) prende el motor y el resto (que se creen menos) giran y giran sin pensar. 
Cada quien puede reproducir lo que desee pero de cada cosa que suba a la red debe de ser responsable, bien porque asume el contenido o porque previamente lo ha comprobado, especialmente cuando se refiere a otras personas, hechos, sucesos o situaciones que pueden verse afectadas negativamente por cuanto se dice o muestra. 
Estos modernos stalkear tienen un perfil sicológico un tanto unificado. Muchos no han salido del closet de la sexualidad o bien son sicópatas, cobardes o carentes de inteligencia emocional. Otros son menores de edad que quieren jugar a ser adultos y las acciones anónimas pero provocadoras suponen un reto a su mente, aun púber.
También los hay frustrados patológicos porque la vida no les sonrió como ellos deseaban, a pesar de no haber hecho mucho por conseguirlo, y piensan que se lo merecen todo. Finalmente los envidiosos también encajan entre estos mequetrefes. 
¡Es lo que hay!, diría un amigo mío y con eso es necesario convivir. Efectivamente lleva razón y lidiar con estos pendejos puede suponer, como advirtió el cantautor, que bajemos a su terreno y ahí nos ganen porque son expertos. 
¡La grandeza y la bajeza de la tecnología de la información! Y es que poner ciertas herramientas en manos de imbéciles tiene una infinita proyección que no puede prever un cerebro humano mínimamente racional, porque irracional es el comportamiento de aquellos.
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