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Plan de expansión monetaria en Europa.

Redacción
27 de enero, 2015

El Banco Central Europeo (“BCE”) anunció recientemente que embarcará en una estrategia llamada Quantitative Easing (“QE”) para contrarrestar riesgos deflacionarios y estimular a las economías de Europa.  En su anuncio el BCE se comprometió a comprar €60 billones de activos públicos y privados al mes hasta diciembre 2016.  El BCE es la única entidad que puede imprimir Euros y la estrategia de QE, en su esencia, consiste en introducir nuevo dinero en la economía con la esperanza que esto estimulará la actividad económica.  Ya que cada vez que el BCE compra un activo en el mercado, paga por dicho activo con nuevos Euros, Euros que antes a esa transacción, simplemente no existían.  Al introducir dicho dinero en la economía los precios tenderán a subir, ya que al existir más Euros, cada Euro, por definición, vale menos.  El BCE no disputa esto, es más, está contando con que esto suceda, ya que uno de los objetivos del QE es precisamente incrementar la inflación.  La pregunta fundamental es si el BCE logrará el otro objetivo de la estrategia, el objetivo de reactivar la economía.

La respuesta a dicha pregunta variará de economista a economista, y lo más triste es que inclusive en el 2017, un año después de haber finalizado QE, dichos economistas no estarán de acuerdo con los resultados de la estrategia.  La razón por la cual seguirán en desacuerdo es porque los procesos sociales tienen una gran cantidad de variables interactuando al mismo tiempo, la historia siempre es interpretada y por ende el debate en las ciencias sociales, necesariamente tiene que ser teórico.  Por lo tanto, si la economía no crece, los que apoyan QE dirán que otros factores contrarrestaron los efectos positivos del QE o que la cantidad del QE fue insuficiente. 

Michael Kemmer, Director de la Asociación Bancaria de Alemania, se pronunció en contra de la estrategia de QE, diciendo: “… incrementará el riesgo de burbujas en los precios de activos, de errores en el análisis de riesgo y de la mala asignación de las inversiones”.  Kemmer no está disputando que QE no logrará incrementar los precios o activar la economía, su argumento en contra de la estrategia se enfoca en otros efectos que la política tendrá sobre la economía.

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Muchos economistas mantienen que el dinero es ‘neutro’ en el proceso económico, que únicamente sirve para facilitar transacciones en la economía ‘real’ (bienes o servicios) por lo tanto aumentar la cantidad de dinero solo aumenta los precios pero no afecta el proceso económico como tal.  Para fundamental el QE, la teoría de neutralidad es combinada con la idea de Keynes, la cual mantiene que en situaciones de crisis una forma de estimular la economía es por medio de la emisión de dinero.  Sin embargo, Kemmer está desafiando esa teoría y está argumentando que el dinero no es neutro, y que un incremento en la cantidad de dinero llevará a errores en la asignación de recursos.  Kemmer está viendo más allá del corto plazo, en donde es probable que las economías de Europa se reactiven por la intervención del BCE, y está contemplando el largo plazo en donde si existen errores sistemáticos en la asignación de recursos, necesariamente tendrá que existir una corrección (crisis) en el futuro.

Y allí tenemos ambos lados de la moneda, la mayoría de economistas y comentaristas están del lado del BCE, pero las leyes económicas no se determinan por consenso, suceden independientemente de lo que piense la mayoría.  Kemmer está en la minoría pero su argumento es más intuitivo, ya que no existe ninguna duda que la introducción de dinero afectará el nivel de precios y la estructura de precios relativos, influyendo no solo en la cantidad de inversión sino en su dirección.  Es probable que QE cumpla con los objetivos de incrementar los precios y activar la economía, pero la mala asignación de recursos derivada del QE llevará a Europa a otra crisis en el futuro.