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Flip the classroom

Redacción
06 de enero, 2015

Empieza el nuevo ciclo escolar. Los estudiantes arriban inquietos por el reencuentro con los compañeros, por conocer su aula nuevo, y a los docentes que los guiarán durante el año. Los docentes inician con la ilusión del intercambio positivo con el alumnado; el aprendizaje es un proceso recíproco. Tanto aprende el docente como el estudiante.

En cualquier inicio, es necesario examinar lo cumplido momentos atrás. Son visibles los resultados de pruebas estandarizadas, se lee en los medios sobre la tasa de repitencia escolar, la carencia de y en establecimientos públicos y la infraestructura urgida por su remozamiento. Se lamenta la entrega tardía de los insumos educativos, y alimentación escolar, y la necesidad de más docentes.

Se pregunta entonces; si el sistema actual no ha rendido los frutos deseados, después de cuantas administraciones ¿No sería pertinente cambiar de metodología? Se ha comentado en este espacio acerca de la innovación, una actividad viva, imparable, constante. José María Ruiz Ruiz en su obra Como mejorar la institución educativa dice: ¨La innovación supone cambios cualitativos en las prácticas educativas.¨; y cuando se lee la proyección de qué tendrían que estudiar los infantes que nacen este año, se encuentra en el imaginario. Comenta Miguel Ángel García Vega en El País del 27 de diciembre del año recién finalizado.

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“El 70% de los bebes actuales trabajarán en profesiones que aún no se han inventado.” ¿Cómo preparar a los ciudadanos del mundo futuro para la nanotecnología, el mundo cuántico, la miniaturización, la cirugía a distancia y cuántas otras posibilidades inimaginables?

¿Cuáles serán las competencias imperativas para el siglo veintiuno? La creatividad, el pensamiento critico, facilidad en la comunicación, poder trabajar colaborativamente, poseer las destrezas de la informática, y las destrezas de vida que incluyen flexibilidad, adaptabilidad, responsabilidad y el desarrollo de liderazgo. ¿Estas competencias se podrán desarrollar con el sistema tradicional de educación?

Andrés Oppenheimer en su nuevo libro ¡Crear o Morir! comenta sobre el desarrollo de la innovación en varios campos y relata sus visitas a personas ejemplares en la innovación quienes comparten sus experiencias. Toda ésta se fortalece en la educación; dice “lo más importante es contar con una masa critica de mentes creativas respaldada por buenos sistemas educativos.” ; y cuando entrevista a Salman Khan, en inventor de Khan Academy, el lector comparte su entusiasmo por la posibilidad real en todos los ámbitos.

La descripción inicial de la educación tradicional impresiona; relata que fue creado en el siglo 18, por el rey de Prusia, con el fin de “crear una clase trabajadora dócil, respetuosa a la autoridad y cuyos integrantes se acostumbrarán desde muy niños a cumplir horarios.” Continua la descripción del porqué de la colocación del alumnado en filas, la separación de materias en asignaturas y el aprendizaje memorístico.

El aprendizaje del siglo 21 debe ser totalmente opuesto.

Se ha comentado sobre el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), metodología que permite que los participantes vivan las destrezas requeridas, que las aprehenden y que aprendan del error. Una herramienta que apoya este desarrollo es “Flip the classroom”, modalidad que como indica su nombre, se invierte el aula. En vez de que primero el docente imparte una clase magistral y luego asigne tareas para la casa, muchas veces irresolubles, se trabaja al revés. El alumno lleva a casa, o consulta en casa, una grabación, un video del contenido académico, y el día siguiente en clase, en grupo se resuelven los problemas, en un proceso colaborativo, de prueba y error, de investigación, como es en la vida real.

La metodología implica fuerte inversión en tecnología. Fuentes académicas, como Khan Academy y otras, son totalmente gratuitas. Además, los docentes, con su teléfono celular tipo smart phone, pueden grabar los suyos para su envío a los alumnos.

El cambio metodológico puede cambiar el resultado, y los alumnos de Guatemala serán participes en la vida global del siglo 21. Innovación es la llave que abre la puerta al mundo.

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