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Abie

Redacción
18 de abril, 2016

Regresando el domingo de Antigua Guatemala a donde había ido a desayunar decidí desviarme en el kilómetro 32.5 de la carretera hacia la capital. Bajé hasta el final de esa calle hasta llegar a un área verde con un muro de piedra, bosques de pinos y una bella gramilla. En medio de la gramilla vi una casita blanca con una ampliación de madera. Mi mente se vio inundada de memorias que datan más de 40 años al ver la que fue su casa y recordé que hacía exactamente 18 años que nos había dejado: el 17 de abril de 1998.

Mi hermano Alberto – Abie – fue una persona a quien admiré mucho. Sus amigos cercanos lo conocían como “el Pato” y hoy, 18 años después de su prematuro fallecimiento a los 46 años, recuerdo forma pausada y amigable de hablar con cualquiera. Tenía un fenomenal poder de convencimiento y un gran carisma. Nunca se exaltaba; en reuniones o pláticas siempre escuchaba detenidamente a la otra persona y hasta que la otra había terminado de expresar sus ideas, él presentaba las suyas y sus argumentos. Cuando quería transmitir una idea su temple era siempre tranquilo, con argumentos fundamentados y con empatía hacia su audiencia. Aunque tenía sus ideas muy claras, se permitía comprender el punto de vista del otro y aceptar los argumentos que le hacían sentido.

Recordarlo – algo que hago con frecuencia – me hizo pensar en lo que ha evolucionado el mundo en apenas 18 años. Recuerdo que tenía un teléfono celular marca Nokia modelo 5110. Esta empresa finlandesa fue adquirida por Microsoft en el año 2014 y luego descontinuó los teléfonos que fueron ícono de la empresa. Nokia, una vez el mayor fabricante de teléfonos celulares en el mundo, es hoy una marca inexistente en telefonía celular. En vez, ahora existen teléfonos inteligentes que difieren totalmente de los teléfonos celulares de los años 90. En esa época el internet tenía poca penetración. La conexión era telefónica, lenta y tediosa. La única forma de conectarse a Internet era a través de la computadora y conversaciones instantáneas a través de dispositivos electrónicos como las que estamos acostumbrados hoy por medio de Whatsapp eran impensables.

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Abie tenía una computadora Dell, que más que nadie, la usaba su hijo Jonathan, que en ese entonces tenía 10 años. El e-mail ya existía, pero no era un arma poderosa como lo es hoy. Recuerdo que uno de los usos principales del correo electrónico era para compartir chistes e historietas. Ahora es una herramienta indispensable para trabajar y comunicarse. Abie estaba acostumbrado a hablar por teléfono y su trabajo requería que pasara muchas horas del día hablando por teléfono con distintas personas. Muchas de esas conversaciones podrían haber sido más eficientes si se hubieran llevado a cabo por correo electrónico o por Whatsapp, pero hubieran carecido del toque humano y de la emotividad que permite la conversación de cara a cara o vía telefónica.

En el país hay registrados hoy más de tres millones de vehículos, de los cuales más de un millón son motocicletas. En el año 2005, 7 años después de su fallecimiento, el parque vehicular era de 1.1 millón de vehículos. En los últimos 10 años se ha triplicado la cantidad de vehículos en el país. En los últimos 18 años se han construido muchos pasos a desnivel, nuevas calles y ampliaciones de carreteras. Sin embargo, es obvio la deficiente planificación ya que las calles y carreteras no aguantan ya la cantidad de vehículos que circulan. En horas y días pico puede tomar más de dos horas ir de un punto a otro de la ciudad. Apenas el viernes pasado a las 18:00 horas me tomó 3 horas movilizarme desde Villa Nueva hasta la Avenida de Las Américas – un trayecto de apenas 20 kilómetros. Para optimizar mi ruta utilicé Waze, la aplicación que tiene mapeado el mundo entero, tanto en rutas como tráfico. ¿Quién hubiera pensado en la década de los 90 que esto sería posible?

Recuerdo cuando a mediados de los 80s, Abie había comprado un teléfono muy moderno que tenía 300 memorias y la capacidad de uso de altavoz. Era una gran novedad. Los costos de la telefonía en esa época eran elevados; llamar de larga distancia era prohibitivo y cuando se hacía, las conversaciones eran al grano y cortas. Ahora nos podemos comunicar gratuitamente, utilizar las cámaras en nuestros teléfonos celulares y ver a la otra persona a través de la pantalla mientras hablamos por teléfono. Sabemos quien nos llama antes de responder una llamada y nos compartimos fotografías de una lado del globo terrestre al otro en forma instantánea. Los ruidosos facsímiles, tan útiles hace apenas 20 años son prácticamente inexistentes, salvo para ciertas operaciones bancarias. Comunicarse en la década de los 90s no era tan fácil. Los teléfonos celulares ya empezaban a penetrar el mercado pero aún eran un lujo. No se acostumbraba a dar tan libremente el número de celular a terceros ya que las llamadas entrante tenían un costo similar al de las salientes. El uso del teléfono era para emergencias o conversaciones cortas. Aún se usaban los localizadores como complemento al teléfono celular.

Han pasado 18 años desde que Abie partió de esta vida. Vi crecer a su hijo, cosa que él no pudo hacer con los míos – ni siquiera pudo conocerlos pues nacieron varios años después de su partida. El número 18 tiene un significado especial. En muchas partes del mundo es la edad en la que las personas se convierten en mayores de edad, responsable de sus actos. En la religión Judía, 18 significa vida, ya que es el valor que conforman sus letras al escribir “Jai”, la palabra vida en Hebreo. Por lo tanto, este aniversario de su partida es muy significativo. El mundo es muy distinto a lo que era cuando él aún habitaba la Tierra, pero hay cosas que no han cambiado. Abie fue un gran hombre, muy querido y respetado por muchas personas. Aunque ya no está aquí, mi amor por él no ha cambiado y lo sigo extrañando tanto ahora como cuando acababa de partir.

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