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Venezuela me lo confirmó

Redacción
08 de junio, 2016

Por Luis Felipe Garrán Jiménez

“Me han pedido que vayas a dar cuenta del dinero que te dieron.” Esta frase salió de la boca de un político catalán e iba dirigida a oídos de un político madrileño. Si tenemos en mente la actualidad política del país ibérico, bien podríamos pensar que es la típica frase acusatoria lanzada durante la campaña presidencial (elecciones el 26-j) pero, ¿quiénes han pedido que vaya a dar cuentas el señor Pablo Iglesias (a quien va dirigida la frase)? ¿Los miembros de un sindicato; los diputados de un partido político; el gabinete de una multinacional; los habitantes de un pueblo andaluz? No, no, no y no. Albert Rivera (quien lanza esas palabras) se refiere a los venezolanos opuestos al régimen de Nicolás Maduro a quienes visitó recientemente. ¿Venezuela?
Aunque ambos políticos están en plena campaña, Rivera por el centroderechista Ciudadanos e Iglesias por el populista Podemos, uno de los momentos más aireados y menos ordenados del último cara a cara en el que se enfrentaron fue al tocar el asunto Venezuela, nombre ya muy frecuente en la prensa española y en las tertulias políticas, porque, de repente, Venezuela es máxima prioridad en España.
A este lado del Atlántico, el país bolivariano libra sus propias batallas internas, aunque a veces cuesta llamarlas batallas, porque un bando tiene, claramente, mucho más poder que el otro, y es difícil verlas como internas, porque fuera ya han tomado posturas, posiciones como las que dividen a la Antártida, aunque no están para nada frías. Son tantos los que han adoptado posturas en Venezuela que el propio Maduro ha decidido tomar posiciones en la política extranjera, para variar un poco. A Rajoy no puede ni verlo y a Sanders le dijo “I want you” emulando al Tío Sam.
La cosa en Venezuela está fatal; cerró Polar, las jornadas laborales en el sistema público son de dos días a la semana, los supermercados están desabastecidos, no hay medicamentos, pero, ¿por qué tomar posturas ahí dentro? Quizá porque Iglesias jamás podrá instaurar un gobierno populista en Europa; quizá porque Rivera no puede hablar mal de la izquierda española porque se ha unido a ella; quizá porque el único que creyó en Sanders fue Maduro; quizá porque Trump la ha usado para asustar a un vasto sector de la población estadounidense; quizá porque en Brasil no quieren que se confirme la caída de la izquierda latinoamericana (tchau esquerda); quizá porque Evo no quiere vecinos que no lo comprendan; quizá porque se confirmó que el día en que Venezuela le fue quitada al pueblo, el poder real le fue retirado al gobierno.
¿Qué pasará en Venezuela? Es probable que no tardemos mucho en dejar de hacernos esa pregunta, y seguramente nos enteraremos al instante de cualquier cambio que haya, pues Caracas se ha convertido en una de las capitales mediáticas y políticas de Occidente.

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