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Nosotros los privilegiados

Carolina Castellanos
14 de abril, 2017

Hoy es Viernes Santo.  Para nosotros los católicos, es un día de mucha importancia.  Para los que tenemos trabajo, es un día de privilegios, pues la ley decreta feriado estos días de Semana Santa.

Somos privilegiados los que tenemos trabajo, pues recibimos este descanso.  Quienes no lo tienen, seguramente no salieron a vacacionar a ninguna parte, pues no tienen las posibilidades económicas de hacerlo.  Habrá algunos que han estado así por poco tiempo, otros por mucho. Lo peor de todo es que hay muy pocas posibilidades de ubicarse en algún lugar.

¿Nos conformamos los privilegiados con tener trabajo y pensamos “los que no, pues ni modo, qué le vamos a hacer¨?  Seguramente habrá muchos así, pero quiero creer que es la micro minoría.  El resto de nosotros estamos viendo cómo generar más empleos, trabajar bien para que la empresa crezca y pueda contratar más personas.  Con el dinero que obtenemos honradamente adquirimos productos y servicios  y con eso contribuimos a que haya otros trabajos. 

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¿Por qué hay tanta gente desempleada? Muy sencillo: no hay inversión.  Esta es la única forma de generar empleos productivos (la burocracia no es productiva y se financia con nuestros impuestos).  La siguiente y necesaria pregunta es ¿por qué no hay inversión?  Muchas causas…

La primera: falta de certeza jurídica  Esto significa que las cortes emiten dictámenes a su sabor y antojo y no necesariamente apegados a derecho.  Entonces, no hay claridad en cuanto a si se va a respetar y proteger la inversión.  Los casos más obvios son los de la suspensión de licencias a hidroeléctricas y mineras porque supuestamente no hicieron la consulta previa e informada que manda el convenio 169 de la OIT.  Es falso, sí se hicieron las consultas en la forma en que las empresas pudieron, pues no hay un reglamento que diga cómo se deben hacer.  Más allá de esto, las empresas han dialogado con los comunitarios, han resuelto sus inquietudes y han asumido el rol del Estado proveyendo educación, salud, electricidad, caminos de acceso, agua potable.  Y, por supuesto, empleos.

Otra causa importante: la creciente conflictividad social.  Este año ya van diez marchas y protestas que vedan el derecho que todos tenemos de movernos libremente por el territorio nacional, de comercializar, de vivir en paz.  Todo esto está garantizado en la Constitución.  El problema con esto es la gran debilidad institucional que hay.  Ninguna autoridad actúa para disolver pacíficamente las marchas ni para procesar judicialmente a los dirigentes, por violar estos derechos fundamentales.

¿Más causas?  La economía deprimida. Por un lado, tenemos la inacción del gobierno.  No invierte en carreteras ni en nada. Tampoco adquiere productos y servicios.  Esto está demostrado en la baja ejecución presupuestaria.  Esto se da por incapacidad o por miedo.  El gobierno es el gran comprador, el gran ejecutor de obras.  Echa a andar la rueda comercial a nivel nacional.  Esto conduce a que las empresas, lejos de crecer, reduzcan su plantilla. 

La violencia desenfrenada, mezclada con maras, extorsiones y narcotráfico, es otra gran causa de la falta de inversión. Las estadísticas muestran que ha habido una reducción en homicidios, pero no es lo suficiente como para que la población lo perciba.  No hay un alto a las extorsiones tampoco.  Todo esto ocasiona que las empresas, de cualquier tamaño, gasten entre un 10 y un 12% de sus ingresos en seguridad, en detrimento de invertir en crecer, sacar nuevas líneas de productos, etc. 

Sí somos privilegiados, y mucho.  De pronto no podemos hacer mayor cosa para resolver toda esta problemática.  Podemos opinar en las redes y exigirle al gobierno a que cumpla con su función. 

También podemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para que la empresa en la que trabajamos, grande o pequeña, propia o ajena, crezca cada día.  Esto se logra haciendo bien nuestro trabajo.  Redundará en más contrataciones, y eso es bueno.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

 

 

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