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Alegrémonos pues

Redacción
03 de julio, 2017

Alegrémonos pues, mientras seamos jóvenes, tras la animada juventud, tras la difícil vejez nos recibirá la tierra. ¿Dónde están los que antes que nosotros atravesaron por el mundo? Subid al mundo de los bienaventuranzas, descended al mundo de los desgobiernos, donde ellos ya estuvieron. Nuestra vida es corta, termina pronto la muerte llega velozmente, nos arrastra cruelmente. No perdona a nadie. Viva la academia, vivan los profesores, vivan sus graduados, vivan todos los que la integran, resplandezcan siempre. Vivan las adolescentes y jóvenes puras, hábiles para aprender, con un alma bella. Vivan también la mujer que enaltece el matrimonio, tierna y cariñosa, llena de bondad y vocación. Viva el Estado y sus autoridades. Viva nuestra ciudad y la generosidad de los que por ella hacen el bien, para que pueda existir la Universidad. Muera la tristeza, mueran los que tienen odio en su corazón. Muera el mal manifiesto en todos los que están en contra de los estudiantes y que con sus acciones sobre el más débil lo pretenden poner en ridículo ante sus compañeros.

El párrafo anterior es la traducción del gaudeamus igitur, himno cantado en las universidades alemanas del siglo XVII cuya música de Johann Gunther nace en el contexto protestante alemán de 1717 en el segundo siglo de la reforma luterana. Hoy 2017 previo a cinco siglos de esa reforma el tiempo ha hecho perder el kerigma oratorio del himno.

Hoy quiero recordar que el texto habla de la brevedad de la vida y lo maravilloso que es que el conocimiento y el aprendizaje irradie las mentes de los que creen en la universidad como ese lugar de alegría contra toda arbitrariedad. Lo maravilloso del himno es que se refiere a la mujer universitaria cuya poderosa energía de su vida interior y la original agudeza de su reflexión, crea el ambiente propicio para superar todas aquellas tendencias a la intolerancia de cualquier tipo y bajo cualquier circunstancia.

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Hoy sexagenario, estudiando un doctorado en comunicación en la universidad estatal de mi país veo indiferencia y una dura indiferencia de parte de aquellos que siendo políticos instrumentalizando el cientismo positivista, y el inmanentismo racionalista, bajo la fuerza y cruel venganza, personificada en la instrumentalización de los más débiles han destruido implacablemente aquellos años mozos estudiando derecho en la 9ª. Avenida lugar que hoy ocupa el Salón Mayor de la Carolina Academia Guatemalensis.

Me encuentro con brutales, irracionales, estériles, capataces cuya odiosa coacción y tiranía espiritual y social hacen perder los senderos de la espontaneidad de la conciencia humana. Ese trágico error cometido en su aberración de conciencia moderna, sus tanteos y conquistas, sus ideales, han terminado con un fardo de disposiciones impuestas autoritariamente que corroe la visión espiritualista del gaudeamus igitur. Las teorías privadas de significación que sirven a sus útiles intereses

El universitario de 2017 debe hacer una crítica de vida y encontrará el camino que lo lleve de vuelta a los principios filosóficos de la vida universitaria y enfrentar su destino humano sin la deshumanización de aquellos que despellejan a la víctima y hacen de su piel un manto para cubrirse para parecer ellos los buenos y sus víctimas los monstros. Alegre menos porque la vida es breve dice el himno universitario.

Republica es ajena a la opinión expresada en este artículo

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