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PNC o Mareros, elijan

Betty Marroquin
04 de julio, 2017

Yo no soy fan de CNN, pero me toca citar el programa del 24 de mayo del 2017, cuando Fernando del Rincón entrevistó al Director de la Policía Nacional Civil a raíz de los 9 ataques que menores de edad con armas de alto calibre realizaron contra instalaciones de la PNC. En un mundo ideal, “menores de edad” y “armas de alto calibre” no debiera ir en la misma oración. Creo importante destacar que la labor de la PNC logró impedir 7 ataques adicionales esa noche, gracias al trabajo de los oficiales. Hemos visto disminuir el crimen en algunas áreas de la ciudad, pero se ha alzado en otras. El denominador común son las maras, y como todo en este mundo globalizado, ya no es un fenómeno exclusivo de nuestro país. Pareciera cada vez más una lucha cuesta arriba derrotarlas.

Creo que es un error que el Director de la PNC los haya subestimado (en dicha entrevista) diciendo que son nada más “niños y adolescentes inocentes”, porque se ha demostrado que a pesar de su edad, las estructuras de las maras son tan organizadas como las multinacionales que imitan. En el Triángulo Norte, como en Uganda, como en tantas otras partes del mundo, se ha visto que al perder la inocencia los niños pueden llegar a niveles de crueldad sin límites. Según Amnistía Internacional, aproximadamente 30,000 niños participan hoy día en conflictos armados en más de 30 países. La mayoría en esa estadística son adolescentes, pero se inician desde los siete años. Esto no es nuevo. En la llamada Cruzada de los Niños, en el año 1212, los niños fueron usados como escuderos. A lo largo de la Historia de la humanidad, los niños han sido usados como herramientas de comunicación en tiempos de guerra (porteros, espías, mensajeros, patrullaje) y como esclavos sexuales (la pedofilia no es un fenómeno moderno, en absoluto). Los usaban también como escudos humanos, como hoy día hacen los Palestinos y los terroristas. Es decir, la crueldad humana, la deshumanización e los adultos, no es algo nuevo ni exclusivo de nuestro país. Mal de muchos… sin duda, no es excusa, pero es una realidad.

Para mientras, las personas que desaprobamos semejantes prácticas, deseamos que la policía nos proteja, pero nosotros, la sociedad civil, no protegemos ni damos garantía alguna a los oficiales de policía. Queremos que nos cuiden, pero cuando actúan, los metemos presos. La semana pasada arrestaron a los 7 policías que tuvieron que reaccionar ante un motín de reos menores de edad (seguro mareros) en el Centro Correccional Las Gaviotas, en el que murieron dos empleados de la prisión. Curiosamente, no se sabe de que fallecieron los dos empleados muertos. Para justificar el arresto, dicen que los oficiales agredieron a los menores cuando ya estaban “reducidos” que supongo significa que ya había sido neutralizada la revuelta.

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Todos los guatemaltecos sabemos los infiernos que son las prisiones, y que los mareros que en ellas se encuentran dominan sectores de las mismas porque las autoridades no tienen el control, y poseen además desde armas hasta muchas otras prebendas, gracias a la corrupción que existe en esos lugares. Todos hemos escuchado las historias de que los reclusos poderosos tienen apartamentos montados con todo en las prisiones. Ah, pero cuando la policía actúa, repito, los metemos presos. ¿Y así esperamos que den la cara por nosotros?

Y esto sin hablar de que los Oficiales de Policía se exponen a que los quemen vivos, los macheteen, los agredan en todas las formas imaginables y deleznables posibles. Mal de muchos, consuelo de tontos, sin duda. Pero para los que siempre alegan que Guatemala es lo peor, no es exclusiva nuestra. El uniforme de la Policía ya no significa nada ni aquí ni en los Estados Unidos ni en ninguna parte excepto en los países bajo dictadura o en el mundo Islámico. Curiosamente, en todos esos lugares, dónde la autoridad viene respetada, es respetada a punta de terror, no de lógica derivada de un sistema jurídico ordenado y eficiente.

Esta vez, siento no poder dejar un mensaje positivo en cuanto a la delincuencia en sí y como abordarla, pero creo que si todos los ciudadanos hacemos un esfuerzo por tratar con un poco más de respeto a nuestras autoridades, quizás con el tiempo, se restaure la confianza y haya reciprocidad. Los Oficiales de la PNC con quienes me he topado han sido profesionales y amables. Yo elijo creer que la mayoría de Oficiales de Policía son gente de bien, que quiere hacer su trabajo. Sin embargo, es natural pensar que con poco apoyo institucional, mal pagados, con pocos recursos, y totalmente desprovistos de derechos, siendo tan humanos como el que más, puedan actuar con la entereza necesaria en momentos complicados y violentos. ¿Quién en su sano juicio arriesga su pellejo sin protección alguna, para salir trasquilado? Es como mandar al frente a los soldados con armas defectuosas y sin municiones.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo