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Democracia, no creo

Betty Marroquin
03 de agosto, 2017

Cuando Hugo Chávez fue candidato a la Presidencia de Venezuela en 1998, pocos venezolanos se imaginaron lo que se les vendría. Dada de su historia política, algunos que veíamos el escenario desde fuera, presentimos que el populismo y la labia de ese monstruo conquistaría muchos corazones descontentos dentro y fuera de Venezuela.

Un grupo de diplomáticos de diversos países del hemisferio, acreditados en Washington-DC, expresamos nuestra preocupación aduciendo que su populismo podría ser un cáncer de socialismo en el hemisferio.

Recuerdo cuando ese engendro dio su primer discurso en visita oficial a Washington-DC, como Presidente de Venezuela. Al principio, todos pensábamos “que cosa nos dirá” este enigma (personalmente pensé este “oportunista del comunismo”), pero al finalizar su discurso, nos encontramos todos de pie dándole una ovación.

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Nos miramos unos a otros incrédulos de nuestra reacción e inclusive, avergonzados de haber caído en el encanto de esa serpiente. En primera fila lo ovacionaron el entonces enviado especial para América Latina, Mack McLarty, el Zar Anti-Drogas General Barry McCaffrey, y la gente del Consejo Nacional de Seguridad de la Casa Blanca. Es fácil pensar que una labia como la de Chávez encantara a una masa descontenta, ignorante y manipulable.

Lo que nadie imaginó en esos tiempos es que permanecería en el poder por 14 años, que llevaría a Venezuela a la quiebra, y la dejaría en manos de otro patán, ignorante que la ha llevado al caos en el que se hoy se encuentra.

Nicolás Maduro, sin siquiera ser bachiller, recibió inducción al comunismo en Cuba durante un año, a los 24 años de edad. Su esposa fue abogado de Chávez. Esto explica cómo un Presidente que en su experiencia laboral tiene chofer de bus y guardaespaldas, profesiones honorables pero insuficientes para calificar como Presidente, diga y haga las sandeces que dice y hace, y que gobierne con una carencia absoluta de lógica o sentido común.

Venezuela quizás ha venido a demostrar que la democracia como sistema tiene sus grandes fallas.

Si una gran mayoría ignorante vota por algo, eso no debiera validarlo, siendo en detrimento del país.

Que se diga sin probar que 8 millones de venezolanos hayan votado por una Asamblea Constituyente no es más que otra payasada ideada por una mente enferma, no la justifica. Pagan su apoyo. Sólo demuestra que los pueblos sumidos en la ignorancia tienen los gobiernos que merecen, cuando es una mayoría semejante la que los elige.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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