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“¿Cómo disminuir la pobreza?”

Ramon Parellada
25 de enero, 2018

Una de las principales razones por las que escribo es mi preocupación por reducir la pobreza lo más rápidamente posible. Estoy convencido que en la medida en que tengamos mayor libertad y por ende, menor regulaciones y trabas, el crecimiento económico del país será mayor y esto hará que el nivel de vida de los guatemaltecos se incremente más rápidamente.

Ayer vi una foto de una niña, posiblemente de unos 3 o 4 años, sentada en el basurero de la zona 3 de la capital, llorando, y con las manos sucias. La foto es dura y muy expresiva. Nos lleva a reflexionar en primer lugar ¿Qué hace una niña de esa edad sentada en el principal basurero del país? ¿Por qué? Bueno, la respuesta es que hay gente que vive de lo que recolecta en el basurero y vive de ello. Eso que recolecta le da para mantener a su familia. Lo más probable es que la madree de esa niña está recolectando cosas que luego puede vender mientras tiene a su niña en el lugar porque lo más probable es que no la pudo dejar en casa con alguien que se la cuidara. Viven al día y esta es una realidad de nuestra Guatemala.

Urge que este país tenga un alto crecimiento económico, digamos 10% anual y no el mediocre que hemos tenido para que la pobreza se reduzca rápidamente. Es in justificable no lograrlo. El gobierno no debe poner tantas trabas al desarrollo y actividad económica que es la única forma de que esta pobre gente pueda tener un mejor nivel de vida. El gobierno es un obstáculo para el desarrollo y no debe serlo.

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¿Por qué afirmo esto? Porque en nuestra querida Guatemala tenemos miles de regulaciones y leyes que impiden el desarrollo. En el 2012, leí en un editorial de “El Periódico” que estimaban que habían más de setenta mil leyes, regulaciones y reglamentos en ese entonces. Este exagerado número de regulaciones han provocado corrupción y retraso en económico en el país.

Si la madre de la niña no tiene trabajo ni oportunidades más sanas, higiénicas y mejores para sostener no le queda más remedio que trabajar en lo que encuentra y lo hizo en el basurero con lo cual tiene un ingreso que para muchos es ofensivo. Pero es un ingreso que le permite sostener a su familia. Quienes no encuentran estas oportunidades emigran hacia Estados Unidos pues ahí encuentran esas oportunidades que aquí escasean. Y lo hacen en unas condiciones miserables que les puede significar perder hasta sus propias vidas.

En Guatemala no hemos tenido instituciones fuertes que garanticen la libertad ni los derechos individuales de sus habitantes. Se están construyendo, pero vamos muy lentamente.

No tenemos una sociedad en la que las cosas se hagan más por persuasión que por coerción. Para todo queremos que el Gobierno intervenga y resuelva los problemas. Es cierto que el gobierno tiene un papel fundamental en garantizar que esas instituciones que defienden la vida, la libertad y la propiedad funcionen adecuadamente, sin sesgo, para todos los guatemaltecos sin discriminación ni distinción alguna. Es increíble que tengamos que pedir permisos y licencias para cualquier cosa y que estas tarden un a eternidad porque los funcionarios que las autorizan tienen miedo o quieren algo a cambio.

La economía no termina de crecer a tasas de dos dígitos lo cual es una vergüenza para quienes nos han gobernado hasta ahora. Tenemos ejemplos de países que lo han logrado gracias a la desregulación y la mayor libertad que han aplicado sin importar eliminar los privilegios que hasta hace poco tiempo gozaron algunos grupos de presión. Esas economías se abrieron al mundo, permitieron una mayor competencia logrando una enorme reducción en los precios de los productos que consumen sus habitantes incrementando así sus ingresos reales. Y crearon muchas oportunidades de mejora de nivel de vida.

Y al hablar de competencia también me refiero a la laboral donde precisamente los sindicatos se han encargado de destruir muchas oportunidades de trabajo para los más pobres, los menos hábiles, los más mayores y los más jóvenes. Ellos al igual que el gobierno saben que los salarios mínimos destruyen empleos, saben que la rigidez laboral crea informalidad y que nuestro sistema de prestaciones ilimitado (indemnización) provoca que muchas empresas no vengan debido a las contingencias exageradas que ello significa. Si se respetan los salarios de mercado, sin intervención, pronto, debido al ingreso de capitales, estarán más altos de lo que nunca un trabajador soñó. Pero mientras existan tantas personas ganando cero y no ingresen nuevas inversiones de capital eso no ocurrirá.

Otro aspecto que nos atrasa es el Banco de Guatemala pues con sus intervenciones controladoras del tipo de cambio y la cantidad de dinero destruye el valor adquisitivo de nuestra moneda (Quetzal) y mantienen artificialmente un sistema que fomenta las exportaciones a costa de las importaciones. El tipo de cambio debería ser neutral al igual que la moneda debería mantener su valor adquisitivo. Posiblemente una dolarización o permitir que exista competencia entre monedas o cualquiera cosa que permita que la gente pueda protegerse contra la politización del Banco Central es urgente y necesaria.

El único modo correcto de combatir la pobreza es mediante la creación de riqueza. La pregunta ahora es, ¿cómo crear estas mayores oportunidades? No se puede crear riqueza desde los poderes públicos. No es responsabilidad de ellos. No funciona la redistribución de riqueza que antes ha sido incautada a quienes la producen a través de impuestos progresivos. Tampoco funciona aliviar la pobreza mediante subsidios directos o indirectos, precios topes ni salarios mínimos. Cada intervención tiene sus efectos nefastos en corto y largo plazo, así como benefician a un grupo a expensas de toda la sociedad. No sólo este no es el camino hacia crear una mayor riqueza, sino que la gente que recibe un beneficio se vuelve dependiente del gobierno y cada día quieren más, exigen más, condenándose así a una perpetua pobreza.

La Riqueza se distribuye en la medida en que se crea. Ninguna sociedad es 100% libre. Sin embargo, aquellas sociedades cuyas personas son más libres para producir e intercambiar que otras tienen un nivel de vida superior. Gozan de mayor riqueza material. Mientras producen la riqueza la misma se va distribuyendo. Al hacerse alguien más rico, en un Estado de Derecho donde se garanticen los derechos individuales de sus habitantes, el resto de la sociedad también se enriquece. Todos ganan.

Existen herramientas para poder evaluar si lo que hacemos nos lleva a una sociedad que cree más riqueza o no. Podemos utilizar los datos e índices del “Doing Business” de las Naciones Unidas o bien cualquier índice de Libertad Económica como el que publica el Fraser Institute o la Herritage Foundation en conjunto con The Wall Street Journal.

No hay excusas para seguir siendo pobres y no generar tasas de crecimiento de dos dígitos. Si seguimos así es porque somos deshonestos con nosotros mismos. El Congreso tiene en sus manos cambiar las cosas. Una Ley del Ocaso caería bien ahora. Esta es una ley que elimina el exceso de leyes y regulaciones del país. Si una ley no es refrendada luego de 8 años de vigencia desaparece automáticamente. Eliminación total de los aranceles sería otra buena medida. Flexibilización de las leyes laborales sería fantástico. Reducción de ministerios y burocracia, eliminación de impuestos que entorpecen el crecimiento económico y eliminación de permisos para que cualquiera pueda crear una empresa de la noche a la mañana y comenzar a generar riqueza. ¿Qué estamos esperando?

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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