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EL MÉTODO LITERARIO DE AYN RAND, 8a Parte

Warren Orbaugh
24 de julio, 2018

Vimos en mi entrega anterior que dado que el personaje ideal –Roark es moralmente perfecto, ofrece pocas oportunidades para centrar la historia en un conflicto moral interno, Rand construye el  tema de la trama alrededor de ‘cómo reacciona la gente imperfecta ante el hombre ideal’. De esta forma Rand centro la trama en un conflicto moral interno, tanto de Domique, como de Gail, quienes convencidos de que el mal siempre triunfa en el mundo, rechazan los valores. Sin embargo, finalmente, Howard Roark destruye la habilidad de Dominique y Wynand para auto engañarse, para hacerse creer que no les importa lo que valoran, arrastrándolos de regreso a la realidad, a la necesidad de tener valores y de luchar por ellos.

Otro tema subyacente del “Manantial” es el asunto de relación entre la integridad e independencia. Rand muestra en la novela que la independencia verdadera significa independencia intelectual. El hombre que permite que otros le dicten lo que debe pensar, permite que le digan que hacer. Lo ejemplifica con varios personajes, pero culmina en la escena donde Peter Keating sucumbe, cual abyecto esclavo, a la voluntad de Ellsworth Toohey.

Literariamente Rand lo concretiza por medio de una antítesis: estableciendo una comparación a lo largo de la novela entre el hombre de pensamiento independiente, Howard Roark, y el intelectual de “segunda mano”, Peter Keating, cuyos juicios son réplicas de los de otros. Por medio de este recurso literario, contrastando a los dos personajes y la reacción de la sociedad ante ellos, define Rand el carácter personal de Roark.

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Keating es un hombre muy hábil, con el potencial  intelectual de llegar a ser un artista excelente, de primera –su ambición original, o aún un arquitecto, también excelente. Pero, el no atreverse a ser un pensador independiente, le coarta el desarrollo de sus habilidades y por tanto, de su potencial. El éxito en lo que uno realmente quiere y el desarrollo de las habilidades para alcanzarlo, requiere independencia.

Keating opta por manipular a los demás para conseguir lo que ellos valoran, no lo que él realmente valora, porque cree que lo hará exitoso y admirado a los ojos de éstos. Desea ser admirado. Ansía ser el centro de atención. Anhela tener auto-estima y está convencido que los otros se la darán: si los demás piensan que él es importante, entonces debe serporque realmente lo es. No se da cuenta de que en realidad el que está siendo mangoneado es él. Permite que lo convenzande no ser artista –la carrera que quiere, de no se casarse con la mujer que ama, de no perseguir aquello que pudiera darle alguna satisfacción en su vida. Esta actitud la ilustra Rand en la escena de la fiesta de Kiki Holcombe:

“Cuando Joel Sutton lo dejó, Roark oyó una clara voz diciendo: «Felicitaciones, Howard», y se volvió para encontrar a Peter Keating con una sonrisa radiante y burlona.

«Hola Peter. ¿Qué decías?»

«Dije, felicitaciones por conseguir el edificio de Joel Sutton. Sólo que, sabes, no lo manejaste tan bien.»

« ¿Qué?»

«El viejo Joel. Oh, desde luego, oí casi todo – ¿por qué no? – fue muy entretenido. Esa no es la forma de tratarlo Howard. ¿Sabes lo que hubiera hecho yo? Le habría jurado que juego bádminton desde que tenía dos años, y cómo es el juego de reyes y condes, se necesita una inusual y distinguida alma para apreciarlo, y me preocuparía que para cuando me pusiera a prueba, lo jugaría como un conde también. ¿Qué te costaría hacerlo?»

«No pensé en eso.»

«Es un secreto, Howard. Uno valioso. Te lo daré gratis junto con mi felicitación: siempre sé lo que la gente quiera que seas. Entonces los tendrás donde quieras tenerlos. Te lo doy gratis porque sé que nuca lo usarás. Nunca sabrás como. Eres brillante en algunos aspectos, Howard, siempre lo he dicho –y terriblemente estúpido en otros.»”

[Ayn Rand. The Fountainhead. Signet, New York, 262].

El problema básico de Keating es que no puede seguir su propio criterio porque de hecho no tiene criterio. En varias escenas lo muestra Rand, como cuando le pregunta a Roarksi debiera irse a estudiar a París o aceptar el empleo que le ofrece Guy Francon:

“«Es sobre mi beca. El Premio de París que gané.»

« ¿Si?»

«Es por cuatro años. Pero por el otro lado, Guy Franconme ofreció empleo con él hace un tiempo. Hoy dijo que la oferta sigue en pie. Y no se cual opción tomar.»

Roark lo miró; los dedos de Roark se movían lentamente golpeando las gradas.

«Si quieres mi consejo, Peter,» dijo al fin, «ya cometiste un error. Al preguntarme. Al preguntarle a cualquiera. Nunca le preguntes a la gente. No sobre tu trabajo. ¿No sabes lo que quieres? ¿Cómo puedes soportarlo, el no saber?»

[Ayn Rand. The Fountainhead. Signet, New York, 33].

Al final, Peter Keating no tiene nada que mostrar de su vida, nada que realmente haya querido. De hecho no ha tenido vida. Vivió la vida de otros, pero nunca la suya propia. Y Rand nos muestra que esto se debe a los “compromisos prácticos” que hizo.

Lo que Rand expone es que la integridad puede existir sólo en aquel que es intelectualmente independiente. Aquí, nuevamente, Rand regresa a su tema perenne: ¿Cómo puede vivir el hombre bueno en una sociedad maligna?

Para resaltar este conflicto Rand utiliza otro recurso literario:la paradoja. En sus novelas, invariablemente muestra que en una sociedad corrupta, el mejor hombre, el hombre superior, se encontrará condenado a lo más bajo de ésta. Kira encuentra a Leo en un barrio de prostitutas. Al héroe de “Himno” se le destina a barrer las calles y él hace su investigación y creación científica, ilícita, en un túnel abandonado del metro subterráneo. En el “Manantial”, Dominique descubre a Roark trabajando, como un convicto, en una cantera. Y en la “Rebelión de Atlas”, Galt, el superhombre randiano por excelencia, labora bajo tierra, como un grasiento trabajador en los túneles de TaggartTranscontinental. Luego hace una inversión cuando Dagnyse encuentra en Atlantis, donde Galt el obrero de los túneles de tren, se convierte en el líder reverenciado de la sociedad, y ella, la rica ejecutiva, se encuentra sin un centavo y debe trabajar como sirvienta.

El líder intelectual de esa sociedad maligna en “El Manantial es el auténtico villano de la novela: EllsworthToohey. Usa un vasto arsenal de técnicas para destruir a sus víctimas, a quienes persuade de renunciar y abandonar sus sueños –las carreras que aman privándolos de disfrutar su trabajo. Les aconseja tener relaciones sexuales casuales y evitar las relaciones románticas serias. Recomienda como deseable que comprometan sus principios morales y que desistan de todo deseo egoísta que crean los hará felices. Presiona a Peter para que se case con Dominique –a quien no quiere y teme– por prestigio y para avanzar en su carrera profesional en lugar de casarse por amor con Catherine –a quien en verdad quiere. Usa el humor como arma para ridiculizar y degradar todo aquello que sea bueno. Intenta destruir a Roark usando todo el poder del que dispone. Ataca la integridad, la independencia y la razón.

Toohey, al igual que Wynand, está convencido de que la única relación posible entre los hombres es la de esclavo-amo. Así que él desea ser el amo y usa su poder de convencimiento ético y psicológico para alcanzar su propósito. Si Wynand representa la visión del superhombre primigenio de Nietzsche, Toohey representa la visión de Emanuel Kant, con su discurso que pregona que la accióndirigida a alcanzar la propia felicidad no es moral. Esa acción dice Kant,  está motivada por el interés personal y el imperativo hipotético. La acción moral, insiste Kant, jamás debe buscar satisfacer los intereses personales y debe estar motivada por el imperativo categórico –actuar según el deber. Y naturalmente, es Toohey –el humanitario, como gusta ser llamado– quien se encarga de convencer a sus víctimas de cuál es su deber.

A pesar de todo, Toohey no es independiente. Al igual que Keating, busca obtener su auto-estima de lo que los demás piensen de él. Necesita el reconocimiento que confirme su visión del mundo. Por eso se deleita más cuando su víctima reconoce su poder de destruirlo y suplica su misericordia. Busca esa satisfacción sado-psicológica en Roark, pero sin éxito. Su agnición con Roark, que espera sea también una revelación, se da cuando por fin lo encuentra, después de esperarlo en múltiples ocasiones, en el sitio de la reconstrucción del Templo Stoddard –el proyecto del que hábilmente lo despojó– y le  confiesa que él si entiende su genialidad e integridad y que eso los une más de lo que lo une a sus admiradores. Toohey trata de que Roark le dé la satisfacción de reconocerlo como su victimario y le dice:

«Sr. Roark, estamos solos aquí. ¿Por qué no me dice lo que piensa de mí? En las palabras que quiera. Nadie nos oirá.»

«Pero, yo no pienso en usted.»”                                                                                                                          

[Ayn Rand. The Fountainhead. Signet, New York, 389].

Toohey queda devastado ante la respuesta de Roark. Rand se ha dado cuenta y lo manifiesta así en la novela, que el enfoque nietzscheano, ejemplificado por Gail Wynand, no puede derrotar al kanteano Toohey; sólo el Objetivismo, representado en Roark, lo puede derrotar.

Continuará.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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