16° GUATEMALA
06/12/2022
Política
Política
Economía
Economía
Finanzas
Finanzas
Emprendimiento
Emprendimiento
Premium
Premium
Vive
Vive
Opinión
Opinión
Migrantes Chapines
Migrantes Chapines
Inmobiliaria
Inmobiliaria

EL MÉTODO LITERARIO DE AYN RAND, 5a Parte

Warren Orbaugh
03 de julio, 2018

Vimos en mi artículo anterior que la literatura de Rand es «revolucionaria» y «reformista»,  por cuanto su hipótesis no se detiene ante las contradicciones periféricas, sino que localiza enseguida el meollo de las contradicciones, y para resolverlas desde su raíz, postula una subversión total del orden de los acontecimientos connotando una ideología reformista. Vimos también que por medio de la caracterización por esenciales, agniciones, revelaciones y una gran originalidad muestra la contradicción fundamental de las vidas y valores de los deuteroagonistas de “Ideal, identificando al verdadero antagonista al que deben enfrentarse y ante el que sucumben o encaran y superan; y que muestra al verdadero antagonista de la novela “Los que Vivimos” –el sistema colectivista– que como demuestran los eventos en la novela con inexorable lógica, inevitablemente, destruye por igual a todos precisamente por sus virtudes.

Esta habilidad de Rand de percibir los asuntos en términos de esenciales la llevó en “Himno” a una de sus ideas literaria-filosóficas más originales e inspiradas. Cuestiona si el “yo” es realmente la raíz de todo mal, como sostienen los colectivistas altruistas. Rand presenta una “distopía” del futuro donde la palabra “yo” ha desaparecido del lenguaje. El individuo se refiere a sí mismo como “nosotros” y a otro como “ellos”. Es un mundo, como advierte el lector, donde el concepto de “ego” o “yo individual” ha desaparecido por completo. Es por mucho su obra más abstracta, en la que por medio de la estilización proyecta el problema del individualismo frente al colectivismo, dramatizada en su esencia más pura y cruda.

Al hombre, en el mundo “distópico” de “Himno”, se le ha prohibido todo tipo de “interés personal”, todo tipo de “egoísmo noble o racional” –sus pensamientos, ocupaciones y acciones son dictadas, no por sus intereses, sino por las necesidades de sus “hermanos”. Todo logro científico e industrial del pasado “Tiempo innombrable”, de torres que se alzan hacia las alturas, de carruajes que se mueven sin caballos, de luces que alumbran sin llama, se ha perdido. Los hombres se iluminan por la noche con candelas, sangran a los enfermos para “curarlos” de sus aflicciones, creen que la tierra es plana y que el sol gira alrededor de ésta. Habiendodestruido la mente independiente, esta sociedad distópica no puede ni crear ni mantener aquello que sólo la mente independiente puede crear y mantener. Por eso viven en un estado de miseria y barbarie comparable a la de la Edad Media. En este lodazal nace un hombre, Equidad 7-2521, de espíritu rebelde e intransigente, al que el Consejo de Vocación le ha ordenado, como profesión de por vida, ser un barrendero de calles, y al que el Consejo de Hogar y el Consejo de Eruditos torturan y amenazan de muerte por el crimen de buscar el conocimiento por su gusto y para sus propósitos. Trabajando sólo y a escondidas por la noche, redescubre la luz eléctrica. Al presentar su descubrimiento ante el Consejo de Eruditos, los miembros de éste ordenan que la luz sea destruida y Democracia 4-6998 le dice a él: «Ustedes deben arder en la hoguera.» Unanimidad 7-3304 opinó: «Deben ser azotados con el látigo hasta que no quede nada.»  

SUSCRIBITE A NUESTRO NEWSLETTER

Una de las mejores escenas del libro, escrito en forma de diario, es cuando la joven a quien Equidad 7-2521 ama y que lo ha seguido al bosque, trata de comunicarle lo que ella siente por él, en un mundo sin pronombres personales:

“Hoy, la Dorada se detuvo súbitamente y dijo:

«Nosotras os amamos.»

Pero entonces ellas fruncieron sus ceños y movieron sus cabezas a un lado a otro y nos vieron con impotencia:

«No,» susurraron ellas, «eso no es lo que queremos decir hoy.»

Ellas estuvieron en silencio, entonces hablaron lentamente, y sus palabras eran vacilantes, como las palabras de un infante aprendiendo a hablar por primera vez:

«Nosotras somos una… sola… y única… y nosotras os amamos a vosotros que sois uno… solo… y único.»

Nos miramos a los ojos y supimos que el hálito de un milagro nos había tocado, y huyó, y nos dejó buscando a tientas en vano.

Y nos sentimos devastados, devastados por la falta de una palabra que no pudimos encontrar,”  [Ayn Rand. Anthem, New York, 98].

El protagonista de la novela lucha por identificar y nombrar el concepto del “yo”, que desarrolla con tal esfuerzo y tensión, que tras innumerables páginas de “nosotros”, uno vislumbra, en el capítulo donde se alcanza el clímax de la trama y el violento poder de la experiencia emocional, las primeras líneas: «Yo soy. Yo pienso. Yo quiero.»

La diferencia de Rand con otros novelistas que han presentado ficciones sobre distopías, como George Orwell con su “Nineteen Eighty-Four” (1984), consiste en la profundidad del entendimiento de ella del problema que ocasiona el colectivismo con la poca comprensión de éste en los demás. Orwell publicó su novela algunos años después de la de Rand. Allí presenta una sociedad colectivizada en 1984 como una civilización ultra-industrializada y ultra-científica. Orwell y muchos otros autores que han escrito novelas similares, creen que el totalitarismo es inmoral, pero consideran que es práctico, y al hacerlo, comparten las premisas de aquellos a quienes denuncian. Creen que es posible esclavizar al hombre, regirlo por medio de la fuerza bruta, prohibir el pensamiento independiente, y de alguna manera, seguir creando y manteniendo todo aquello que es producto de una mente libre.

Ayn Rand, por el contrario, entiende que el progreso que es producto de la creatividad y emprendimiento de mentes libres. Entiende, que como afirma Ludwig von Mises, en un sistema totalitario o socialista es imposible planificar racionalmente, es decir, económicamente, pues ante la ausencia de propiedad privada y libertad para intercambiarla, es imposible el sistema de precios, y por lo tanto, esimposible el cálculo económico, por lo que está condenado al fracaso. También entiende Rand que el sistema totalitarista necesariamente se fundamenta en la violación de los derechos del hombre –viola su derecho a la propiedad, a su libertad de actuar según su mejor juicio y a vivir su vida como desee– y por tanto hace imposible la cooperación social (especialización del trabajo e intercambio de bienes y servicios que dependen del sistema de precios y preferencias individuales), por lo que inevitablemente destruye por medio de la violencia la sociedad y su producto: la civilización.También entiende Rand y por eso lo presenta así en su novela, que la consecuencia del totalitarismo es la destrucción de la civilización, la ruina económica de la sociedad y la condena de los hombres a una vida de miseria, como hemos visto en la realidad de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, República Democrática Alemana, Camboya, Vietnam, Corea del Norte, Cuba y Venezuela.

Años después desarrolla Rand, en “La Rebelión de Atlas”, el tema mostrando completamente de que depende la civilización industrial y lo que sucede cuando la inteligencia humana deja de funcionar.

Continuará.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

SÍGUENOS EN
SUSCRIBITE A NUESTRO NEWSLETTER