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EL MÉTODO LITERARIO DE AYN RAND, 10a Parte

Warren Orbaugh
07 de agosto, 2018

En mi artículo anterior vimos como Rand establece el contexto personal de los protagonistas y de los eudoagonistas y sus relaciones entre ellos, sus conflictos y problemas, que el desenvolvimiento de sus vidas ha creado, para en el clímax integrarlo y resolverlo todo.

Se inicia el clímax al completar el primer edificio de Cortland, que ha sido totalmente desfigurado, violando el contrato con Keating y a la vez el contrato de éste con Roark. Ni Keating ni Roark tienen recurso legal alguno para demandar a la oficina de gobierno ni forzarlos a honrar el contrato. Así que Roark dinamita Cortland. Luego espera en el lugar de la explosión a que lo arresten, Hablará en el juicio, dice. Ha decidido que este caso sea una prueba para la jurisprudencia.

Al conocerse la noticia, surge una marejada de indignación pública, azuzada por Toohey, en contra de Roark. Todo el mundo está convencido de que Roark es culpable de destruir el proyecto. Todos ignoran el motivo por el cual lo hizo. Pero consideran que no tienen por qué saberlo. No puede haber motivo alguno que justifique lo que hizo Roark. Cortland es, después de todo, un proyecto de viviendas para los pobres –nadie tiene derecho a un motivo.

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Lo que Rand consigue con este clímax, dramática y filosóficamente, es integrar los conflictos de los protagonistas y eudoagonistas, en un enfoque final violentamente intenso al maximizar los valores y temas filosóficos que están en juego. El clímax involucra íntimamente a cada uno de los caracteres, quienes de acuerdo a la lógica de los cursos de acción que han elegido a lo largo de sus vidas, se ven conducidos a la victoria o a la derrota.

El clímax dramatiza el tema filosófico central de la novela: el individualismo versus el colectivismo. El individualismo es la doctrina filosófica que sostiene que el individuo tiene derecho a su propia vida, a su libertad y a su propiedad. El colectivismo es la doctrina filosófica, basada en el altruismo, que sostiene que el individuo no tiene derecho alguno, sino que sólo obligaciones para con los demás. Así que el meollo de la confrontación es: los derechos del individuo versus las pretensiones del colectivo de ignorar tales derechos y utilizarlo –cual esclavo– para satisfacer sus caprichos. Dramatiza el papel del creador en la sociedad humana y la forma en que la moral altruista o del rebaño lo victimiza explotándolo. Dramatiza el hecho de que la supervivencia humana es posible gracias a los hombres que piensan y producen la riqueza que la vida requiere, y no por aquellos que sólo copian, prestan o saquean.

Peter Keating, quien toda su vida ha tratado de existir como un parásito de las mentes de otros, en su desesperado intento final de salvar su carrera –por medio de otro acto de parasitismo– acaba arruinando su vida, cae en desgracia ante la opinión pública y comprende al fin, su propio vacío y mediocridad.

Gail Wynand trata de defender a Roark usando al Banner por primera vez para luchar por una causa en la que cree. Está convencido de que de esta manera podrá reivindicar su pasado y justificar su vida en búsqueda del poder. Pero su público se indigna por su defensa de Roark y deja de comprar su diario llevando al Banner a la quiebra. Entonces comprende que no es él quien dirige la opinión pública, sino por el contrario, es la opinión pública la que lo ha controlado y dirigido a él. Aprende que un instrumento corrompido, como el Banner, no puede usarse para servir un propósito noble. Así que para salvar al Banner, se une a las voces que atacan a Roark. Al final se da cuenta de lo inútil que ha sido su carrera y que su búsqueda del poder solamente lo ha conducido a la esclavitud. Entiende que un hombre no puede sacrificar sus valores y esperar escapar a las consecuencias de ello. Y como Dominique y Roark son sus mayores valores, al persistir en su acción es a ellos a quienes inevitablemente traiciona. Así que cierra definitivamente el Banner.

Con el cierre del Banner no le queda a Toohey más remedio que empezar de nuevo su lucha por el poder. Todos esos años de intrigar y complotar no le han rendido fruto alguno. Su conducta dramatiza el hecho de que el mal sólo tiene poder de destruir, pero no el poder de construir. Gracias a los errores de Wynand, Toohey puede destruir el Banner, pero no puede adueñarse de éste, ni mantenerlo ni reconstruirlo. No queda nada de que apropiarse.

Dominique, a estas alturas de la novela ha empezado a entender que no debió haber temido que sus valores estuviesen atrapados en un universo malevolente destinados a la destrucción. Cuando Roark dinamita Cortland, se ve confrontada con la más severa prueba: Roark, a quien más valora, está en la situación más peligrosa en la que se ha encontrado. Pero ella ya no teme por él. Sabe que él tiene razón, que ha ganado, que es él quien pertenece a la tierra, sin importar lo que pase.

La declaración de Roark en el juicio es un resumen de la filosofía ilustrada en la novela por los eventos y su vida. La narración nos muestra que todo logro y progreso son consecuencia del trabajo de la  mente independiente; que el altruismo es el arma de explotación que usan los hombres que viven de segunda mano, es el instrumento para esclavizar a los creadores; que el hombre no es un animal para ser sacrificado, sino que tiene el derecho de existir para sus propios fines; que la sociedad depende del trabajo de los creadores y que tiene derecho a ese trabajo sólo en los términos del creador.

“«Ahora saben por qué dinamité Cortland… Se dice que destruí el hogar de los desposeídos. Se olvida que si no fuera por mí los desposeídos no podrían tener este hogar… Se cree que la pobreza de los futuros inquilinos les da derecho a mi trabajo. Que su necesidad constituye un derecho sobre mi vida. Que era mi deber contribuir con cualquier cosa que se demandara de mí. Este es el credo de los que viven de segunda mano que está engullendo al mundo… Vine aquí a decir que no reconozco el derecho de ninguno sobre un minuto de mi vida. Ni sobre una parte de mi energía. Ni sobre ningún logro mío. No importa quién lo demande, ni que tan grande sea su número ni que tanta sea su necesidad… Quise venir aquí y decir que soy un hombre que no existe para otros…Quise venir aquí para establecer mis términos. No deseo existir en base a ningunos otros.»”

[Ayn Rand. The Fountainhead. Signet, New York, 685].

Roark es absuelto.El superhombre randiano triunfa. El que haya dinamitado Cortland y su subsecuente reivindicación son la expresión final de su inquebrantable integridad y la confirmación de su convicción de que lo moral es lo práctico.

Así como los eventos del clímax integran y enfocan los conflictos y valores de los distintos personajes, así los eventos se ven integrados con todos los eventos pasados de la trama y se desarrollan lógicamente a partir de ellos, llegando al final al enunciado concluyente de una larga progresión de silogismos. La obra, que en un principio se percibe como problemática y revolucionaria al localizar el meollo de las contradicciones psicológicas y filosóficas de los personajes, consuela y gratifica al final con una idea reformista al confirmarle al lector que el mundo puede ser justo después de todo, como deseaba y se lo esperaba. La cooperación social se puede dar porque hay miembros de la sociedad, que han escapado a la infección de la moral del rebaño –los clientes de Roark y los miembros del jurado–, dispuestos a respetar los derechos individuales y por tanto a intercambiar valor por valor, en lugar de pretender victimizar, saquear y explotar a los creadores y productores.

La catarsis provoca al lector a superarse; a cuestionar la moral del rebaño –la moral altruista de autoinmolación; a pensar por sí mismo y establecer sus propios valores; a valorar la existencia, esta tierra y su propia vida; a ser independiente, racional, creativo y productivo; a ejercer su voluntad de poder superando obstáculos –en todo el sentido nietzscheano– y alcanzar la felicidad al conseguir y conservar sus valores. En fin, lo invita a reconsiderar su mortalidad, su vida como finita, de duración indeterminada e incierta, y lo induce a proponerse vivirla como una obra de arte, creada por él mismo y no a desperdiciarla viviendo una vida de segunda creada por otros. Lo mueve a ser un superhombre randiano, a ser la mejor versión racional de sí mismo.

En cuanto al dilema de Rand, de cómo vivir una vida racional y productiva en un mundo hostil, la solución del “Manantial” no satisface por completo. La absolución de Roark depende de un grupo de hombres que en ese caso razonan bien. Pero el resto de la sociedad puede seguir razonando mal y victimizar a los productores, a los creadores de riqueza –como vemos sucede en la mayor parte del mundo. Si bien Rand demuestra como el mal razonamiento conduce al desastre, sólo lo muestra en las vidas privadas de los protagonistas y antagonistas. El argumento que sostiene su punto lo desarrolla Rand en “La Rebelión de Atlas.”

Otro punto que aborda Rand en el “Manantial”, que es un sub-tema a lo largo de la novela, es el esnobismo intelectual. Esta actitud delinea los juegos intelectuales de Toohey. Rand analiza este timo común de nuestra época, que pasa por alta cultura, dominada por aquellos que pretenden admirar lo ridículo, lo incomprensible, lo repugnante y que desprecian a aquellos que “no pueden entender.”

Continuará.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo