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El entuerto del emperadorzuelo de la CICIG

Redacción
25 de septiembre, 2018

Quiero empezar confirmando el deseo de la gran mayoría de los guatemaltecos. No queremos ni corrupción ni impunidad, venga esta de donde venga.

También quiero recordar a todos aquellos que se auto nombraron representantes de todos y que dicen que fuimos los guatemaltecos los quienes pedimos la Comisión de la CICIG, lo cual también es una falacia. Porque les recuerdo, que nunca se hizo una consulta popular que avalara tal situación.

Este experimento inédito fue una conspiración de dos mentes obscuramente maquiavélicas, Edgar Gutiérrez y Eduardo Stein, quienes confabulados con su aliados del Foro de Sao Pablo, son los responsables de este entuerto que nos tiene a los guatemaltecos en un conflicto que mutó de las balas y los fusiles a los medios de comunicación y las nuevas redes de comunicación masiva. Batalla entre los que defienden una justicia selectiva que ataca, con espíritu de vendetta, a los antiguos contrincantes que les ganaron la batalla en el campo bélico. Y del otro lado los que  le echan leña al fuego, aquellos que disfrazados con un manto de falso patriotismo, defienden sus intereses mercantilistas o de instalar ideologías anacrónicas.

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Mientras tanto todos los ingenuos del medio, nos debatimos en posiciones sin sentido, de acuerdo a los grupos de influencia más cercanos a cada individuo. Con argumentos febriles en la medida de la interpretación personal. Aunque al final del camino, todos estemos en total acuerdo en que todos exigimos una solución a la barbarie de la corrupción e impunidad.

Sin embargo, en el medio de esta manipulación provocada por estos sectores interesados, los que perdemos al final del día, somos todos aquellos que sin darnos cuenta nos convertimos en peones de un juego de ajedrez, del cual solo somos piezas totalmente sacrificables.

Y entre tanto, tenemos a variados personajes, que vienen a convertirse en emperadores o remedo de emperadores, que no rinden cuenta a nadie, manipulan la justicia de acuerdo a sus agendas ocultas. Y lo que es peor, con sueldos que triplican al presidente mejor pagado de América. Y viven tal cual reyezuelos en países pobres como el nuestro.

Tampoco nos damos cuenta del pecado original de un experimento de la Burocracia Internacional (ONU), esperando con toda ingenuidad de que esta se comporte distinto a lo que es su propia naturaleza, que es responder exclusivamente a restricciones, en vez de hacerlo con resultados, que es lo que todos los guatemaltecos debiéramos esperar de tal entuerto.

Empero, seguimos esperando que sea un paladín de la justicia, es decir otros  que no seamos los guatemaltecos, sean quienes vengan a resolver los problemas que son exclusivamente nuestros. ¿A quién más que a nosotros mismos, les va interesar solventar situaciones que nos afectan a los guatemaltecos? Solo a aquellos que tengan algo que ganar de tal acción, es decir, sus propios intereses.

Ojalá que a las huestes pagadas por los generadores del entuerto, tengan la capacidad de medir las consecuencias a causa de la volatilidad de lo que están engendrando. Si no pregunten a las élites, clase media y aún a los pobres de países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, de cómo situaciones semejantes los han convertido en paupérrimos, ya sea dentro de su país o fuera de él.

Hoy se escribe un día negro en nuestro país, Guatemala. La intromisión de estos poderes supranacionales con intereses muy distintos a los que debiera preocuparnos a nosotros los guatemaltecos, como lo son el desarrollo y mejora de las condiciones de todos los que vivimos en un paraíso convertido en un infierno de intrigas, conspiraciones, corrupción e impunidad.

Pero la respuesta es solo nuestra. Algo debemos hacer para rescatar a nuestro país de estos remedos de emperadores, que vienen a dividirnos y de esta manera manejan los hilos de sus intereses muy particulares. Nos dividen en izquierdas y derechas, tal cual puertas, que conducen a un mismo matadero. Y les jugamos el juego a estos titiriteros, a quienes les importamos menos que un guijarro, siempre y cuando les seamos útiles.

Entonces, ¿seremos los guatemaltecos capaces de evitar este matadero, a donde somos conducidos tal cual reses? ¿Podremos evitar el que nos conviertan en otro miembro del Socialismo del Siglo XXI? ¿Caeremos en esta trampa mortal?

Yo sigo creyendo, que tal como nos dice el libro de la guerra, Tzun Su, el único momento en el que los ejércitos pelean en la misma dirección y ganan las batallas es en el terreno mortal, en el que la única manera de salir es peleando todos juntos, sin más opción que la de luchar por la propia vida y sabiendo que no hay otra alternativa.

Todos estamos contra la corrupción y la impunidad, pero no a costa de la sumisión a un poder supranacional, que ejerce una justicia selectiva y nos divide a los guatemaltecos tal cual piezas de ajedrez sacrificables.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo

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