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Paréntesis

Carolina Castellanos
27 de diciembre, 2019

Estas fechas de fin de año generan sentimientos buenos en la mayoría de guatemaltecos.  He notado que hasta me han cedido el paso en el tráfico, situación nada común en el día a día.  También nos deseamos buenaventuras, bendiciones, éxitos y todo lo bueno que se nos ocurre, no solo a familiares y amigos sino también a quien nos sirvió gasolina, nos atendió en una tienda y a muchos otros extraños.  El ambiente es agradable; la mayoría de nosotros se siente bien y en armonía con los demás.

Lamentablemente, este ambiente está por terminar.  Una vez suenen las 12 campanas, cumplamos con las tradiciones de año nuevo para atraer éxito, salud, trabajo viajes, dinero, etc., todo vuelve a la normalidad. Llega el día a día, las responsabilidades, las tareas y la realidad de cada uno de nosotros.

Anticipándome a ese retorno a lo normal, quiero hacer unas reflexiones.  Una de ellas es ¿cómo hacemos para generar o mantener ese sentimiento por más tiempo?  Guatemala seguramente sería un mejor país. A muchos de nosotros nos pasa que amanecemos en enero sintiendo la ausencia de ese sentir en nuestra comunidad, trabajo, círculo de amistades, familia, etc.  De pronto nos esforzamos durante todo el mes de enero deseándole bienaventuranzas a los que se cruzan por nuestro camino, pero la realidad es fuerte, está presente y nos abraza sin soltarnos un solo momento.

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El próximo 14 de enero estaremos “estrenando” gobierno.  Hay muchas esperanzas de cambio y realmente deseamos que sea así. Lo que pasa es que esperamos demasiado de los próximos funcionarios, empezando con el Presidente pues las necesidades que han permanecido insatisfechas a lo largo de los años, son cada vez mayores.  

Nos toca decirle adiós a este año tan complejo, con una economía estancada durante la primera mitad derivada de la incertidumbre electoral. También despedimos al gobierno de Jimmy Morales, acertado en algunos temas, desacertado en otros y con una gran agenda pendiente. En mi opinión, el mayor acierto fue sacar a la CICIG de Guatemala. Pasarán muchos años antes que podamos extirpar las malas semillas que esa estructura corrupta dejó sembradas en el sistema de justicia. Sin embargo, se vale tener esperanza en que el nuevo gobierno logrará empezar a enderezar el rumbo.

También estamos diciendo adiós a una década.  Esto invita a reflexionar en los avances y retrocesos que ha habido, empezando por nuestra vida personal y luego con nuestra Guate. Habrá publicaciones en diferentes medios, emitidas por tanques de pensamiento, organizaciones empresariales, etc., con cifras comparativas de cómo inició la década y como termina, en economía, política, salud, educación, etc.  De pronto valdrá la pena invertir tiempo en analizar esto y proponer ideas de cómo mejorar. Sé que esto es lo que hacen los políticos y las mismas organizaciones que publicarán la información. Pero, ya que haremos algún esfuerzo, aunque sea pequeño, en mantener vivo el sentimiento de bondad un tiempo más, nos pueden surgir buenas ideas.

Pertenecer a un gran país como lo es Guatemala, es un privilegio. Ser chapín es un orgullo. La mayoría de nosotros queremos vivir mejor. Toca pasar de ser espectadores y críticos, agarrarnos “como mico en huracán” de esos buenos sentimientos y convertirnos en actores del cambio.

Se vale soñar en este paréntesis.


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