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La Defensoría del Emprendedor

Roberto Carlos Recinos-Abularach
16 de diciembre, 2020

Depende de a quién le preguntemos por la calle, los derechos humanos pueden ser una cosa u otra bastante distinta, conforme a la cultura política de cada individuo. Lo cierto es, empero, que los derechos humanos no son solo una noción política equívoca y marginal con zip codeen algún sitio oscuro del imaginario colectivo desde la posguerra. Son bastante más que eso. Los derechos humanos, se supone, son una institución formal y completa de derecho público y su objetivo principal consiste en interpretar las leyes naturales en armonía con las leyes constitucionales, con el fin de garantizar a todas las personas bajo su jurisdicción los derechos esenciales que, en virtud de su mera humanidad,puedan brotar.

Enfocándonos en esta concepción institucional, diríamos que los derechos humanos están compuestos por tres partes principales: las leyes, las defensorías y el Ombudsman o, dicho de otra manera, los pies, las manos y la cabeza, pues se instituyen sobre un determinadofundamento legal, ejecutan sus mandatos a través de procuradurías o defensorías y son avanzados y representados por el procurador de los derechos humanos, también llamado Ombudsman o Defensor del Pueblo, es decir, el alto guardián de los derechos de todos los habitantes frente a cualquier tipo de abuso

En esta parte de la reflexión las cosas se ponen picantes, verán. Si los derechos humanos son derechos naturales, dados a todos al nacer, deberían existir dispensados de todo filtro ideológico excluyente, sea éste de derechas, izquierdas o híbridos extraños. No obstante, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial —la era socialdemócrata—hasta nuestros días — la era progresista—, vemos cómo cierta tribu política se ha adueñado de la institución demanera tan unilateral que el consenso aceptado en la praxis global hoy invoca con moralismo autocelebratorio los derechos sociales y culturales,mientras descarta con un desprecio igual de moralista y antinatural, las libertades individuales propias de nuestra condición humana, como lo son las libertades para andar, creer, escoger, expresarse y perseguir la felicidad según los dictados de la consciencia y sin impedimentos externos, es decir, las libertades para emprender.

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En Guatemala, las manos de nuestra noble institución están atadas, sus pies manipulados y su cabeza enferma. En ese sentido, tenemos dos opciones para reformarla: o permite la gente que la Procuraduría de los Derechos Humanos siga siendo profanada por la ineptitud, malicia y arbitrariedad de su cabeza, o la decapitamos.

Sugiero la única opción decente: la guillotina republicanapara Rodas Andrade.

Diagnóstico

Hoy encontramos 17 defensorías en la PDH, todas producto de formulaciones contra-republicanas fundamentadas en ideales utópicos relativos a igualdades absolutas, imposibles de alcanzar en la realidad. Más notablemente, encontramos a las defensorías de la mujer, la diversidad sexual, los pueblos indígenas, el consumidor, el trabajador, las personas mayores o discapacitadas, los migrantes y la defensoría del medio ambiente. Pero ojoaquí, pues no pretendo decir que estas defensorías no sirvan para nada, simplemente reclamo el derecho de los emprendedores, empresarios, hombres, heterosexuales, ladinos, nacionales e inversionistas a vivir y desarrollarse —ellos también— en un ambiente de seguridad ciudadana y seguridad jurídica plena.

Un verdadero Estado de derecho, pues, que responda no solo a los acuerdos de paz, sino los principios liberales y republicanos sobre los cuales se constituyó el Estado hace doscientos años y antes de eso, en Asia, Medio Oriente y Europa, los derechos humanos mismos. 

¿Entonces, qué?

Evidentemente, si vamos a por la cabeza de una institución viciada, no es para dejar la labor a medias. Es para sanarla y repararla, sembrando las semillas de una nueva cabeza más lúcida y más democrática. ¿Y su primera lección aprendida? Que los derechos humanos provienen del individuo-humano y de allí se expanden a otras dimensiones de la vida y no al revés. 

Y, ¿qué es más inequívocamente individual que el derecho a emprender

La creación de una Defensoría del Emprendedor, la Micro, Pequeña y Mediana Empresa no solo tendría efectos prácticos y concretos para quienes buscar aprovechar sus oportunidades con disciplina y trabajo honesto, sino que enviaría una señal revolucionaria a los cuatro vientos: mientras los emprendedores estemos aquí —despiertos, conscientes y con ganas— los derechos humanos no serán instrumentalizados por ciertos grupos politiqueros para beneficio propio, ni las libertades individuales serán abandonadas a su suerte, no,serán ejercidas con autonomía y coraje, sin pedir permisosa nadie.

Se busca Ombudsman y se buscan ciudadanos interesados en reformar la institución de los Derechos Humanos. 

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Que en paz descanse Adelita de Torrebiarte.

La recuerdo desde que mi papá era candidato a alcalde de la Ciudad de Guatemala en 1994 y trabajara con ella. Yo tenía unos doce años y siempre la percibí como una fuerza positiva para el país. Su legado será recordado. 

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