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Disfunción “erectoral” en la política americana

Jose Azel
29 de diciembre, 2020

Disfunción “erectoral” (DE) es un neologismo paródico circulando en los medios sociales. El Diccionario Urbano define Disfunción erectoral (electile) como “Incapacidad de los votantes para excitarse con cualquiera de las opciones para Presidente que propone cualquiera de los partidos durante un año electoral”

En este año electoral, una mayoría de votantes en ambos partidos sostiene criterios negativos de sus presuntos nominados. En una reciente encuesta, solamente un 32% de votantes registrados tiene criterios positivos de la señora Clinton, y para el señor Trump los criterios favorables alcanzaron un penoso 24%.

Para incrementar su popularidad, nuestros contendientes políticos indudablemente engatusarán con políticas de “pan y circo”, donde las estrategias políticas se diseñan para apaciguar a la población con programas populistas de bienestar. En el enfoque de pan y circo, el apoyo público no se crea con políticas públicas efectivas, sino a través de distracciones y clientelismo.

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El término surge con la práctica romana de ofrecer a los ciudadanos romanos trigo y espectáculos de combates degladiadores gratuitamente, para ganar apoyo político.Actualmente la expresión implica también una perversa erosión de valores cívicos en la ciudadanía que contribuye a la disfunción “erectoral”.

Como estrategia política, pan y circo trasciende en tiempo y espacio. En España la frase toma la forma de “pan y toros”, en otros países “pan y fútbol”, y en Rusia “pan y espectáculo”.

En América Latina contemporánea la política de “pan y circo” se ha institucionalizado, alcanzado su máxima expresión en las fracasadas economías de Cuba y Venezuela. El protagonismo embustero tipo Cuba-Venezuela es una característica distintiva del proceder latinoamericano en políticas de “pan y circo”, con énfasis en el circo. La variedad estadounidense se ha enfocado más en el pan, aunque el populismo del señor Trump imita al circo latinoamericano.

Independientemente de que el énfasis sea en el pan o en el circo, este tipo de política resquebraja la formulación de políticas públicas efectivas, debilita a la sociedad civil, y conduce a gobiernos incompetentes e inefectivos.

En el discurso filosófico electoral de la política americana,la izquierda tiende a ver con escepticismo las soluciones de mercado para los problemas sociales. Para ellos, asignar tareas humanitarias al gobierno, digamos cuidado de la salud, imbuye automáticamente todo el proceso con moralidad congénita y efectividad.

Esas tareas del gobierno suponen que corregirán las ineficiencias del mercado. En el enfoque de la izquierda, la calidad del Estado debe medirse por la cantidad de gastos sociales en que incurra. Mientras más gaste el Estado en subsidios sociales, más compasivo es.

Por otra parte, los críticos interpretan la generosidad de los programas gubernamentales como políticas que socavan la responsabilidad personal. Para ellos, defender los gastos sociales como la “razón de ser” fundamental del gobiernoes una lógica perversa. Los gastos sociales dependen de las contribuciones de otros sectores de la sociedad vía impuestos y otros mecanismos. La riqueza no es creada, sino simplemente redistribuida. La función del Estado no debe ser redistribuir la riqueza legítimamente ganada por sus ciudadanos; aunque debe garantizar que sea obtenida legalmente.

El objetivo del Estado debe ser promover sistemas económicos donde la mayoría de sus ciudadanos sean capaces de aportar adecuadamente para sus propias necesidades, con lo que la mayoría de los gastos sociales resultarían innecesarios.

Con ese criterio, la calidad del Estado debe medirse en proporción inversa a los gastos sociales requeridos para asistir a la ciudadanía. Por consiguiente, mientras menos necesite gastar el gobierno en subsidios sociales más responsable se supone que sea. Un Estado preocupado es aquel que fomenta una economía donde la mayoría de sus ciudadanos son capaces de producir adecuadamente para sus propias necesidades.

Considerando los bajos niveles de participación ciudadana en la política americana, y nuestra afinidad con entretenimientos inmaduros, parecería que la política de pan y circo ha madurado muy bien desde la caída del Imperio Romano. En este ciclo electoral, los punteros de ambos partidos sufren un déficit de popularidad, pero esperemos que nuestros candidatos presidenciales se abstengan de traernos prácticas de pan y circo al nivel de Corea del Sur.

Se alega que en aquel país, para incrementar su popularidad, los políticos buscan influenciar a los votantes de más edad regalando medicamentos para la disfunción eréctil.

El Dr. José Azel es Investigador Senior en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami, y autor del libro Mañana in Cuba.

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