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Socialismo

Warren Orbaugh
24 de febrero, 2020

Vimos en mi entrega anterior que el Capitalismo es el sistema socio-político que se basa en el respeto y protección de los derechos individuales y en una ética racional o prudencial de autorrealización, de busca del bienestar propio y la vida feliz. 

También vimos que el derecho individual es un principio moral que define y sanciona la libertad de acción correcta, virtuosa y legítima de la persona en un contexto social.  La acción correcta, virtuosa, legítima y moral es aquella que se rige por el egoísmo ético, por el egoísmo racional que consiste en obrar en favor del interés propio objetivo. 

Igualmente vimos que la libertad sólo la disfruta quien vive en una sociedad contractual.  La cooperación social, que necesita de la propiedad privada de los medios de producción, implica que el individuo no se vea constreñido en el mercado, a obedecer ni a servir a ningún jerarca.  Cuando suministra y atiende a los demás, procede voluntariamente, con miras a que sus beneficiados conciudadanos también le sirvan a él. Que la función del gobierno en el Capitalismo es defender la libertad de sus ciudadanos, es decir, proteger a los individuos de la violación de sus derechos por los criminales.  Deriva su legitimidad en el uso de la fuerza del principio de autodefensa de cada individuo, implícito en su derecho a la vida. Y el gobierno sólo puede usar legítimamente la fuerza como represalia para defender los derechos de los individuos.  

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Así mismo vimos que el mercantilismo no es sinónimo de Capitalismo.  El mercantilismo es otra cosa. El mercantilismo es el sistema socio-político que se basa en el proteccionismo que otorga el Estado a algunos productores locales de la competencia extranjera y/o nacional mediante creación de barreras arancelarias, subsidios a empresas y monopolios, privilegiando a algunos ciudadanos e incrementando la oferta monetaria.  Vimos que el mercantilismo no es un sistema socio-político que defiende los derechos individuales de los ciudadanos sino por el contrario, al conceder privilegios a algunos, viola los derechos de los demás. El mercantilismo no reconoce los derechos individuales, porque consideran los derechos como permisos otorgados por el gobierno y al considerar bueno la abnegación, pues se basa en la moral del altruismo, no duda en sacrificar a algunos en beneficio de los otros.  Los políticos mercantilistas eligen a quien sacrificar en base a los votos que esperan conseguir con sus medidas, pues lo que interesa al político es permanecer en el poder.

El socialismo está basado en el control por parte de facciones organizadas, de los medios de producción y de las diferentes fuerzas de trabajo aplicadas hacia los mismos.  No reconoce el derecho a la propiedad privada de los medios de producción y como consecuencia de esto, tampoco reconoce el derecho a la vida ni el derecho a la libertad ni el derecho a la propiedad privada como tal.  Como los ‘medios’ no existen como ‘cosa en sí’, sino que son una forma humana de ver las cosas como ‘objetos útiles para’ alcanzar un fin, es imposible separar a las ‘cosas’ en bienes que son medios de producción y bienes de consumo.  Lo que esa clasificación designa y diferencia son diferentes ‘acciones’ del humano al usar una misma cosa. ¿Es tu computadora un medio de producción o un medio de consumo? Bueno, depende, si la usas para llevar tu contabilidad, para hacer reportes en tu trabajo, para dibujar planos y perspectivas, entonces ese bien es un medio de producción.  Pero si usas la misma computadora, el mismo bien, para ver películas en youtube o netflix, para comunicarte con tus amigos en Facebook, entonces es un bien de consumo.  Es un error epistémico tratar de clasificar los bienes de esa manera y como consecuencia de esa imposibilidad, en el socialismo te paran quitando todo derecho de propiedad.

Y como el derecho de propiedad es el instrumento del derecho a la vida, sin el primero no se puede ejercer el segundo.  El derecho de propiedad define y sanciona la acción de usar lo que es de uno para los fines que uno considere convenientes, es decir, para vivir la vida que uno desee.  Y si uno no puede determinar el uso que dará a sus bienes sin estar sujeto a la voluntad arbitraria de otros, que tengan la facultad de otorgar permiso o no, para usarlos como uno quiera, entonces uno no tiene derecho a la libertad.  Esto lo entendieron muy bien Marx y Engels quienes insistieron en eliminar el derecho de propiedad privada porque éste daba independencia a los individuos. El socialismo, pues, es un sistema socio-político que se basa en la violación de los derechos individuales.

No obstante, el socialismo no elimina el término ‘derechos’ como hace Comte.  Hacer eso sería transparentar y evidenciar lo injusto del sistema. Mantiene el término cambiándole el significado.  Pretende el socialista que los ‘derechos’ son permisos de uso y privilegios concedidos por el Estado. De esta manera puede el Estado concederle permisos de uso y privilegios a grupos específicos y llamarlos ‘derechos colectivos’, que están por encima de los derechos de cualquier individuo.

El sistema socialista obedece a una mentalidad ‘tribal’ y paternalista.  No es casualidad que los socialistas vean en el sistema feudal medieval un ejemplo idílico de organización política.  En éste el señor feudal y el sacerdote sabían lo que más convenía a sus siervos, a quienes protegían y dirigían por el ‘buen camino’ de la moral de la abnegación.  Este código moral sostiene como virtudes la obediencia y auto-sacrificio, virtudes útiles para usar a los súbditos como carne de cañón cuando al señor se le ocurriera adueñarse de las tierras de sus vecinos mediante la guerra.  El lenguaje ilustra bien este tipo de relación: el sacerdote es el ‘padre’ y los feligreses o personas que pertenecen a una parroquia son los ‘hijos’; ‘señor’ es la persona a quien un servidor sirve y ‘siervo’ es aquella persona que carece de libertad, que pertenece y debe trabajar para un ‘señor’.  Los artesanos que también estaban bajo el dominio de un señor o príncipe, tenían su identidad definida por su gremio y ocupación dentro de la comunidad. Así el zapatero sabía quién era y al igual que él, su hijo y después su nieto, también serían zapateros. No cualquiera era aceptado en el gremio y debía pasar por el proceso de aprendiz hasta maestro para ganarse el título de, por ejemplo, zapatero.  Gozaban gracias a su gremio de privilegios concedidos por el príncipe que determinaban su posición y actividad en la comunidad.  

La razón de por qué los socialistas odian al Capitalismo es que éste vino a destruir el sistema de organización feudal.  La revolución industrial con sus fábricas ofreció oportunidad de ganarse el pan a quien quisiere, aún sin tener calificaciones especiales, pues la labor era sumamente sencilla.  Ahora cualquiera podía mejorar económicamente sin necesidad de pasar por el sistema de aprendiz de artesano, el cual le estaba vedado a muchos por ser agricultores. Estos nuevos ‘obreros’ se volvieron gente independiente, responsables por sí mismos, que no necesitaban pedir favores al príncipe o señor feudal.  El sistema Capitalista, alegan los socialistas, destruye la moral (de abnegación) al convertir a los individuos en ‘calculadores’ que creen tener derecho a vivir su vida como quieran y que además, buscan su propio interés en lugar de buscar el del señor y la comuna. Y como si esto no fuera poco, dicen los socialistas, también destruye el Capitalismo, el sentido de ser alguien, de vivir una vida auténtica y de pertenecer a un grupo (gremio), convirtiendo a los obreros en alienados, donde los individuos se sienten ajenos a su trabajo y a su vida auténtica.  Pero aún peor, argumentan los socialistas, el Capitalismo o mercado vino a crear necesidades que la gente en ‘realidad’ no necesita según ellos.

El socialismo es un intento de restaurar modernizándolo el sistema tribal paternalista.  Esta actitud paternalista los lleva a la fatal arrogancia de creer que algunos saben mejor lo que más conviene a las masas y por tanto, no dudan en usar al gobierno y la fuerza ilegítimamente para violar los derechos de algunos perjudicando a la larga a todos.  Como no entienden cómo funciona el mercado ni cuál es la función del sistema de precios, asigna por decreto lo que los individuos pueden cobrar y deben pagar por los bienes, distorsionando la información que sirve a los individuos para tomar decisiones económicas sanas.  Como en el mercantilismo, en el socialismo los gobernantes, en lugar de guiarse por la realidad, por los principios y leyes económicas, tratan de manipular la realidad según sus caprichos. Ignoran las valoraciones individuales, las tasaciones provocadas por los acuerdos entre partes negociadoras, la información contextual asequible sólo a quien está en determinado contexto.  Entorpecen el cálculo monetario que sirve de guía para la acción en el sistema de división del trabajo e intercambio de bienes disminuyendo creación de riqueza por todos.

También ignoran los socialistas que la sociedad es ‘acción concertada’, cooperación pactada para alcanzar los propios fines de quienes se vinculan en una relación de intercambio de valores.  No entienden que el intercambio de valores se da porque ambas partes involucradas en la transacción ganan. Que de no ser así no habría intercambio. Creen que en el intercambio siempre uno gana y el otro pierde.  De ahí su aversión al mercado. Los socialistas parten de una premisa equivocada: que las relaciones humanas son de lucha de clases. Por eso sustituyen la cooperación por el enfrentamiento de facciones y la lucha para conseguir privilegios.  El socialismo es un sistema que destruye la sociedad. La gente en lugar de vivir en armonía vive en discordia y enfrentamiento. La evidencia está en todos esos pueblos que han implementado tan nefasta teoría. Los resultados, sin excepción, han conducido a matanzas, pobreza, esclavitud, deterioro del nivel de vida y a la imposibilidad de poder vivir una vida auténtica y plena.  Los ejemplos abundan: Venezuela Bolivariana, Cuba, Corea del Norte, República Democrática Alemana, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Camboya, etc.

EL SOCIALISMO ES UN SISTEMA SOCIO-POLÍTICO QUE SE BASA EN LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS INDIVIDUALES Y EN EL ALTRUISMO QUE SUPONE CORRECTO SACRIFICAR A ALGUNOS EN BENEFICIO DE OTROS, DONDE EL HOMBRE NO ES LIBRE PARA ACTUAR CORRECTA, VIRTUOSA, LEGÍTIMA Y MORALMENTE, REGIDO POR SU RAZÓN, POR SU MEJOR JUICO, QUE CONSISTE EN OBRAR EN FAVOR DE SU PROPIO INTERÉS OBJETIVO, PORQUE EL GOBIERNO INTERVIENE COACTIVAMENTE EN TODA SU VIDA Y EN EL MERCADO, DISMINUYENDO SU CALIDAD DE VIDA PROVOCANDO EL ENFERNTAMIENTO ENTRE FACCIONES QUE MENDIGAN POR PRIVILEGIOS Y CONSECIONES DE LOS GOBERNANTES.

Continuará.


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