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¿Poco dinero o mucho gasto?

Carolina Castellanos
22 de octubre, 2021

Si estamos hablando de nuestras finanzas personales, la probabilidad es que la respuesta sea “mucho gasto”, aunque todo depende de la situación particular de cada familia. Las necesidades versus los ingresos en cada una darán un saldo positivo o negativo. El gobierno poco tiene que ver en ese balance, al menos en el corto plazo.

Si se trata del país, habrá diversidad de opiniones. Me parece que la balanza se inclinará hacia “mucho gasto” por no decir “demasiado”. Con alguna frecuencia comento sobre el gigantesco tamaño de nuestro gobierno. Siendo un país tan pequeño, una propuesta de presupuesto para 2,022 de más de Q103,000,000 definitivamente es una exageración.

Mientras los bochincheros estaban destruyendo, otra vez, la propiedad ajena, incendiando carros, bloqueando el paso, poniendo en riesgo la vida y la seguridad de quienes laboran en o cerca del Congreso, el ausente ministerio de gobernación (en minúsculas, a propósito), estaba sentado en lo que le queda de sus Q9,500 millones, aproximadamente, del presupuesto asignado a la PNC. 

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¿Es poco o mucho? Para mí, es excesivamente enorme, valga la redundancia, si pensamos en que la función del MinGob, a través de sus agentes de la PNC, es velar por la seguridad de la población.  Los disturbios del pasado 20 de octubre se iban a dar, como sucede cada año, y más aún después de las destrucciones sucedidas el 12 de octubre, día de la Hispanidad. Si no hay prevención ni protección, cualquier cantidad de dinero es demasiado.

¿Es poco el dinero para la salud de la población? El presupuesto aprobado para este año agonizante es de Q9,800 millones. Nuevamente, es gigante cuando vemos la pésima atención brindada a los usuarios en cada centro de salud, hospital nacional, clínica y cualquier otra entidad financiada con nuestros impuestos. Sin entrar a análisis detallados, una gran parte de ese dinero se usa para financiar las exigencias y demandas de los más de 20 sindicatos. Mientras tanto, las personas hacen largas colas, reciben atención mediocre, no hay medicinas suficientes y las instalaciones se encuentran en estado deplorable.

Sigamos, ahora con el Ministerio de Educación. Sin necesidad de decir lo obvio, sabemos que más del 80% de los casi Q17,600 millones aprobados para 2,021 se usaron para pagar salarios. La calidad educativa es pésima. Un porcentaje importante (no podría cuantificarlo) de estudiantes están condenados a aprender oficios pues, sumado a la desnutrición que impera, principalmente en el área rural, tendrán una capacidad limitada de desarrollarse profesionalmente. De acuerdo a UNICEF, el 49.8% de los niños en nuestra Guate padece desnutrición crónica.

No tiene sentido seguir elaborando este breve análisis a todo el presupuesto. La respuesta será la misma: demasiado dinero a cambio de servicios deficientes. A esto le sumamos la corrupción enraizada, que se lleva lo poco que queda después de pagar a los 292 mil 753 empleados públicos que trabajan para el Estado, según el censo de 2018.

No es mi intención deprimirnos ni mucho menos “tirar la toalla” y declarar a nuestra Guate como un país fallido, como lo han querido hacer ver muchos “progres” con tal de convencernos que su sistema socialista resolvería todo. 

Ver la situación con números fríos debería motivar a los funcionarios de turno a tenr una visión de futuro y no solo “pasar el agua” durante los cuatro años que tienen para servir. Sin embargo, a lo largo de la historia democrática, quienes llegan con una verdadera intención de generar cambios, se desencantan cuando ven que la próxima persona que ocupe su cargo cambiará todo sea por rencilla política, por intereses personales, por ideología o por cualquier otra razón.

Se requiere de cambios drásticos que traen consigo costos políticos altos pero beneficios enormes en el mediano y largo plazos. Un primer paso sería una reducción importante al tamaño del aparato estatal, eliminando los cientos de secretarías, direcciones, oficinas o como se llamen, lo que reduciría la tramitología y la corrupción. 

Proteger la vida, la propiedad y la libertad es lo básico y fundamental. 

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