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¡Está temblando!

Carolina Castellanos
05 de febrero, 2021

A propósito de terremotos, ayer recordamos la gran tragedia que fue el acontecido el 4 de febrero de 1976. Los que ya pasamos los 40 o más años, nos recordamos de esa madrugada, del destrozo que causó a nivel nacional, las vidas perdidas y tanta cosa. También nos recordamos del gran esfuerzo realizado por miles de chapines para rescatar personas, reconstruir y retomar el camino. Tuvimos un buen líder, el Presidente Laugerud García, quien inició diciendo “Guatemala está herida, pero no de muerte”.

Han pasado 45 años y está temblando nuevamente, desde hace rato. Mientras más tiempo pasa, los temblores crecen en intensidad y en frecuencia pero, como no vemos techos en el suelo ni sentimos movimientos telúricos fuertes, la mayoría de guatemaltecos no se han dado cuenta.

Estamos enfrentando el socavamiento más grande en nuestra forma de vida, nuestros valores morales y éticos y en nuestra  libertad para vivir y actuar según nos plazca, siempre que se respete la vida y libertad de otros, así como la legislación vigente.

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Los cambios en la política mundial se hacen sentir. Hay una invitación a participar en la elaboración de un proyecto inclinado hacia la autodeterminación de los pueblosindígenas. Hemos visto en España el fuerte movimiento secesionista que hay desde hace muchos años. Los daños causados, principalmente la división entre ellos mismos, son nefastos. Se ha fomentado el odio, ataques entre unos y otros y millones de euros para mover la opinión pública hacia sus designios. Las redes sociales han facilitado esto grandemente.

El movimiento LGBTIQ ha tomado fuerza. El problema no es la identidad sexual de quienes están allí; lo es la exigencia de privilegios y leyes específicas para favorecerlos. Por ejemplo, el uso del llamado “lenguaje inclusivo”, destrozando el idioma que nos define e identifica con toda una cultura. Esto sucede con otrosidiomas, no solo el español. La “corrección política” de muchos, empezando por los políticos y llegando hasta académicos, contribuye significativamente a este temblor. Está por convertirse en terremoto, cuando seamos amonestados moral o  legalmente por no usarlo.

Recientemente vivimos un terremoto, corto pero profundo, cuando los dueños de las grandes redes sociales bloquearon las cuentas del Presidente Trump. Independientemente de si a usted le gusta o no esta persona, le coartaron su libertad de expresión por no estaren concordancia con el pensamiento de los dueños.  Son redes privadas de uso público. Esto abre toda una discusión respecto a si ellos tienen el derecho de bloquear cuentas versus la libertad de expresión que ellos mismos, y todos los usuarios, tenemos.

El racismo y la discriminación son temblores constantes. Es increíble que aún haya personas que rechazan a otro por su raza, etnia, nivel socioeconómico o educativo, etc. Se vuelven terremotos cuando grupos de interés, financiados por entidades radicales principalmente extranjeras, manipulan personas para bloquear carreteras y exigir el fin del racismo mientras impiden la libre circulación de todos los demás, garantizado en la Constitución. Esto es explotación.  Se aprovechan de la pobreza y necesidad que tienen. Esto es de los peores terremotos.

La llamada “clase política”, representada principalmente en el congreso de turno, causa movimientos telúricos constantemente. Cada ley emitida para favorecer intereses personales o de grupos de presión, nos acerca a ese 4 de febrero de 1976. El contar con exceso de leyes dirigidas a controlar nuestras vidas cada vez más y la ausencia de las verdaderamente necesarias, vuelve a Guatemala en un país sumamente difícil para vivir, hacer negocios y trabajar en paz. 

Cientos de millones se van hacia organizaciones espurias, a cuentas personales, pago de favores, entre otros. El abandono a las poblaciones más vulnerables, la pésima atención en salud, la educación deficiente, la falta de acceso vía terrestre entre una comunidad y otra, el crimen organizado (tráfico de drogas) y un largo etcétera, condenan a demasiadas personas a vivir entre los escombros de la corrupción.

Sin embargo, de alguna forma nos levantamos todos los días, trabajamos, llevamos nuestras vidas y el país crece, aunque poco. Sobrevivimos al coronavirus con menos daño que muchos países y Guatemala sigue adelante como el salmón, nadando contra la corriente.