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Salvador Paiz
02 de septiembre, 2021

En repetidas ocasiones hemos visto como el endeudamiento desbordado nos lleva a fuertes crisis. El patrón se repite a lo largo de la historia, donde un gasto desmedido desemboca en una crisis de hiperinflación y eventual estallido social. Los gobiernos deben ser cuidadosos del impacto económico de sus decisiones. Como todos sabemos, no podemos gastar lo que no tenemos.

Con el Covid-19 vivimos una crisis sin precedentes. Los gobiernos de la región respondieron a la emergencia y se vieron obligados a gastar más de lo anticipado. Con este telón de fondo, se ha popularizado la Teoría Monetaria Moderna (Modern Monetary Theory en inglés, conocida como MMT). Esta es una teoría que afirma no hay limitaciones financieras para el gasto público, siempre y cuando el país sea un emisor soberano de moneda y que el valor de dicha moneda no esté atado al valor de la moneda de otro país. 

Guatemala es un país con una economía estable. En nuestro país, la inflación y la tasa de cambio llevan muchos años con baja volatilidad. Eso justamente se debe a nuestra disciplina macroeconómica (baja deuda, déficits fiscales moderados, suficiencia de reservas, entre otros). Afortunadamente entramos a esta crisis con un nivel de endeudamiento relativamente bajo, 33 por ciento del PIB. Esto contrasta con la situación de países vecinos, como El Salvador, quienes acumulan ya una deuda del 91 por ciento o Belice que supera el 135 por ciento. Sin embargo, hoy enfrentamos la posibilidad de una “inflación importada” desde Estados Unidos debido a su aparente adopción del MMT. 

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A la última medición, Estados Unidos había incrementado su base monetaria (M1) en 70 por ciento, lo cual equivale a imprimir dinero. Esto es algo inédito y supera el pico de la crisis de los años 2008 y 2008, que llegó a incrementar su base en 22 por ciento. Adicionalmente preocupa un elevado nivel de apalancamiento que será alimentado por un déficit como porcentaje del PIB de 19 por ciento este año y 10 por ciento el año entrante (sin incluir paquetes adicionales en discusión). La deuda superará el 130 por ciento del PIB. Algunos economistas celebran la fiesta del MMT pero, en realidad, no es más que una fiesta irresponsable.

Estados Unidos es nuestro principal socio comercial. Por tanto, no tardamos en ver los efectos negativos de esta inflación por varios canales: materias primas más caras, inestabilidad macroeconómica mundial, falta de predictibilidad de la tasa de cambio, entre otros. Recordemos que muchos contratos (alquileres, compras internacionales, etcétera) se pactan en dólares y que nuestras propias reservas monetarias están prácticamente 100 por ciento en dólares.  

Para acabar de complicar el panorama, tenemos a El Salvador, otro de nuestros importantes socios comerciales, en aprietos. Su deuda como porcentaje del PIB alcanzará 95 por ciento este año y las agencias internacionales ya les están cortando la capacidad de seguir prestando. 

La teoría de MMT suena muy bonita en papel. Pero al final alguien tiene que pagar la fiesta, no hay almuerzo gratis. Para los economistas serios y las agencias calificadoras de riesgo, la deuda como porcentaje del PIB y la capacidad de los países para darle servicio a esta deuda, siempre fueron parámetros centrales para entender si un país gastaba más recursos de los que tenía a su disposición. 

Pero hoy viene MMT a decirnos que dichos parámetros ya no son importantes y que debemos solamente enfocarnos en la inflación. La inflación es un parámetro curioso pues las definiciones tradicionales excluyen los costos de vivienda, costos energéticos, etc. además que son propensas al “manoseo” como ha sucedido ya en Guatemala en el pasado. Al final, lo relevante es que los ciudadanos ya sienten la inflación en sus bolsillos y en su capacidad de atender las necesidades de sus familias, independientemente de lo que puedan decir los analistas. Sin ánimo de ser alarmista, ojalá los gobernantes de la región recuperen la cordura, sean prudentes y eviten agudizar la crisis social. 

www.salvadorpaiz.com

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