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La de vaqueros de Baldetti (sin caballito de palo)

Cuando alguien empieza diciendo: “no les estoy diciendo mentiras” lo más seguro es que, en efecto, esté diciendo mentiras...

Roxana Baldetti (Foto: archivo)
Alejandro Palmieri
06 de diciembre, 2022

Ayer lunes 5 de diciembre se dio por última vez la palabra a los acusados en el caso conocido como “La Línea” previo a que mañana, 7 de diciembre (día de la quema del diablo, casualmente) se emita sentencia.  Está de más decir que ese caso es paradigmático, no solo porque fue el que provocó la salida del poder de la exvicepresidenta Roxana Baldetti y del expresidente Otto Pérez Molina, sino porque fue el primer caso en el que Iván Velásquez imprimió su particular estilo de persecución penal, altamente mediatizada.  Aunque en el imaginario colectivo esa pareja de exmandatarios es culpable de todo lo que se le acuse y de muchas otras más cosas, serán las pruebas aportadas y debidamente valoradas las que determinen su culpabilidad.  La verdad procesal, como se le conoce en el Derecho.

Pero regresando al día de ayer, luego de esa última audiencia, tanto Baldetti como Pérez dieron declaraciones a los medios y las de la exvicepresidenta fueron bastante más inverosímiles.  

Cuando alguien empieza diciendo: “no les estoy diciendo mentiras” lo más seguro es que, en efecto, esté diciendo mentiras; las declaraciones de Baldetti fueron recogidas en un video que circula en redes sociales en donde urde una “de vaqueros” por no decir que se trata de una historia que no solo no tiene pies ni cabeza, sino que, como buena mentira de político tropical, la posibilidad de corroborar lo que dice es imposible.  Pareció el producto de una patología que merece estudio y no estoy seguro si puede ser catalogada como mitomanía o megalomanía, pero de que es alguna “manía”, lo es.

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Baldetti contó, aparentemente sin contexto (el video no lo muestra) cómo, cuando era vicepresidenta, recibió la visita de una persona “de las 8 familias más importantes del país” (sic) que le llegó a decir que habían contratado un grupo de lobbystas -cabilderos- en Estados Unidos para que empezaran a hacer presiones para botar -derrocar- al gobierno de Otto Pérez Molina.  ¡Qué gran paja! Podrían decir los muchachos.

La inverosimilitud de lo declarado por Baldetti pasa por varios elementos, como que sería muy naïve de parte de quien se lo llegó a contar, írselo a contar.  ¿Quién con dos dedos de frente le llega a decir a la persona más poderosa -políticamente, por lo menos- del país que la van a derrocar?  Luego, eso de que era alguien “de las 8 familias más importantes del país” resulta risible.  En ese momento, 6 meses antes “de que esto empezara” -dijo ella- no habría empresario -ortodoxo, pues- que se quisiera ver vinculado ya con Baldetti y compañía.  Elementos muy vagos e inverosímiles.  Aún más, Baldetti dijo que, ante la obtención de esa información, la pareja -ella y el entonces presidente- decidieron no hacer nada.  ¡Ridículo!

Pero más allá de las conjeturas a las que se pueda llegar por la fuente y la historia propiamente dicha, hay también elementos objetivos mediante los cuales se puede constatar el tamaño de la mentira de Baldetti.

En los Estados Unidos, para poder ser lobbysta extranjero o contratar a uno o agencia de lobby para favorecer intereses extranjeros, se debe cumplir con la “Foreing Agents Registration Act” o FARA, normativa vigente desde 1938 en aquel país.  En pocas palabras, si una persona, entidad o gobierno extranjero quiere acercarse a funcionarios o legisladores gringos para conseguir un favor -legal, se presume- debe registrarse en la FARA Unit, adscrita a la sección de seguridad nacional del Departamento de Justicia.  Vale decir que allá se toman muy en serio la seguridad nacional y la soberanía, por lo que burlar ese control es virtualmente imposible.

Entonces, si fuese cierto lo que Baldetti narró -la de vaqueros- luego de la audiencia judicial de ayer, sería sumamente fácil para ella obtener documentación que corrobore su afirmación.  Es más, sería sumamente fácil para la Cancillería de entonces -y las subsiguientes- obtener pruebas de que se fraguó un golpe de estado con la ayuda o conocimiento de funcionarios estadounidenses.  Por lo menos ayer, Baldetti no hizo referencia alguna a documentos que soporten su historia.  ¡Y porque no los hay, sin lugar a duda!  

Qué cambios en la personalidad de alguien puede provocar haber tenido el poder casi absoluto en el país y luego pasar 7 años presa en condiciones deplorables que, por más cómodas en comparación a otros presos, igual se está privado de libertada, lo desconozco.  Pero lo que ayer vimos y escuchamos es una prueba de que la afectación es patente.  

Si mañana -como se especula- son absueltos Baldetti y Pérez, tendrán mucho tiempo para contar sus historias, pero, sobre todo, para probarlas, algo que será indispensable si pretenden dar su versión de algunos hechos de la historia reciente.  Si como se ha dicho, se debe estar a lo que es posible probar en juicio para determinar la culpabilidad o inocencia de alguien, con mayor razón deberá estarse solo a lo que pueda probarse sobre las historias que pretendan venir a contar ese par de exmandatarios que, quiérase o no, no tienen credibilidad alguna.  Tal vez, eso sí, consiguen algún productor que lleve sus historias a Netflix y se hagan famosos y ya no infames, por sus actos. 

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