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La Influencia de las Candidaturas Independientes en las Elecciones Presidenciales de Estados Unidos: Un repaso Histórico

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Melanie Müllers |
23 de enero, 2024
El contenido en la sección de Opinión es responsabilidad exclusiva del autor y no representa necesariamente la postura o la línea editorial de República.

 

Desde los primeros días de la república estadounidense, las elecciones presidenciales han estado marcadas por la presencia de candidaturas independientes que desafían la hegemonía de los dos principales partidos políticos: los Demócratas y los Republicanos. Aunque la influencia de estos candidatos ha sido variable, su participación ha dejado algunas huellas notables en la historia política de Estados Unidos.

En este pequeño espacio, se explorará la evolución de las candidaturas independientes en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, prestando especial atención al papel desempeñado por figuras icónicas como lo fue, George Washington.

En el amanecer de la república, George Washington, el primer presidente de Estados Unidos, conocido también como el “Padre de la nación”, quien fue un candidato independiente y se opuso públicamente en aquel momento al desarrollo de partidos políticos.  George Washington, de hecho, renunció a buscar un tercer mandato como presidente de los Estados Unidos. Washington fue elegido como el primer presidente en 1789 y se desempeñó durante dos mandatos consecutivos, de 1789 a 1797. Su decisión de no buscar un tercer mandato estableció un precedente importante en la tradición presidencial de Estados Unidos, que se mantuvo hasta la presidencia de Franklin D. Roosevelt en la década de 1940.

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Este acto no solo sentó las bases para la tradición de la limitación del mandato presidencial, sino que también reflejó la preocupación de Washington por evitar la formación de facciones partidistas que pudieran socavar la unidad nacional. Sin embargo, a medida que evolucionaba el sistema político, la aparición de partidos políticos llevó consigo la eventual emergencia de candidaturas independientes.

A lo largo de la historia, las candidaturas independientes han enfrentado desafíos significativos en su intento por llegar a la Casa Blanca. El sistema electoral estadounidense, con su énfasis en el Colegio Electoral y la necesidad de acceso a las boletas en todos los estados, ha creado barreras sustanciales para los candidatos que no cuentan con el respaldo de uno de los principales partidos. A pesar de estos obstáculos, algunos candidatos independientes han logrado impactar el curso de las elecciones.

En 1968, George Wallace, gobernador de Alabama, se destacó como un candidato independiente con un enfoque singular en la oposición a la integración racial. Aunque no ganó la presidencia, Wallace ganó en cinco estados del sur, subrayando la capacidad de las candidaturas independientes para tener un impacto significativo a nivel regional. Su enfoque en cuestiones regionales específicas ilustra cómo estos candidatos pueden dar voz a preocupaciones y perspectivas que a menudo son pasadas por alto por los partidos dominantes.

En las elecciones de 1992 y 1996, el empresario Ross Perot se postuló como candidato independiente, obteniendo casi el 19% del voto popular en 1992. Aunque Perot no ganó ningún estado ni votos electorales, su fuerte desempeño en el voto popular planteó preguntas importantes sobre la capacidad de los candidatos independientes para atraer un amplio apoyo. Se argumenta que su participación podría haber influido en el resultado final al dividir el voto y atraer a aquellos desencantados con los partidos principales.

Una marca distintiva 

Las candidaturas independientes han dejado una marca distintiva en la historia de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Aunque su impacto ha sido variable y, a menudo, limitado por las estructuras del sistema político, estas candidaturas han contribuido a la diversidad del discurso político y han destacado cuestiones a menudo ignoradas por los principales partidos. El legado de George Washington, con su énfasis en la unidad nacional y la prevención de la formación de facciones, sigue resonando en la conversación política, sirviendo como un recordatorio de la compleja interacción entre independencia y partidismo en la democracia estadounidense.

 

La autora se esta columna es Melanie Mullers.