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La lucha entre el bien y el mal

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Carolina Castellanos |
13 de octubre, 2023

Siempre hemos sabido que, cuando hay crisis, salen los “espíritus”, buenos y malos, que hay en todos. Inevitablemente, nos vemos envueltos en un vendaval. No lo vimos venir, o por lo menos no en esta dimensión, y no podemos resolverlo. Nuestras vidas se han vistoalteradas significativamente, empezando por la imposibilidad de movernos libremente hacia donde queramos o tengamos que ir. 

He subrayado el concepto más importante en todo esto: libertad. Los chapines, en su mayoría, somos responsables. En medio de todo esto, ha habido caos vehicular porque todos hicimos hasta lo imposible por cumplir con nuestras obligaciones laborales, educativas y familiares. 

Nosotros somos los buenos. Estamos del lado del “bien”. Trabajamos, estudiamos, pagamos impuestos, generamos trabajo de forma directa e indirecta y cumplimos con la ley. ¿Por qué, entonces, tenemos que sufrir las consecuencias de tanto desorden?  

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Inevitablemente, todos terminamos pagando “los platos rotos” de la política. Esto sucede porque estamos de último en la lista de prioridades de los políticos. Desde el presidente de turno hasta el último burócrata que tiene el poder de darnos un permiso, poner un sello o autorizar alguna gestión, estamos a merced del “mal”. 

Este desorden no es más que la lucha por el poder. El próximo gobierno, sabiendo que ganó gracias a las maniobras fraudulentas, actuó como buen socialista que es. No tenemos pruebas que esa agrupación haya organizado este caos, pero sí lo hemos escuchado apoyando “el derecho de manifestar”, aún si esto genera desorden, pérdidas económicas, laborales, de salud y de seguridad. Lograron su objetivo: intimidarnos a todos y someternos a sus designios. La bota está puesta encima de nuestras cabezas. 

Ya he escrito antes que el mundo está teñido de rojo. Guatemala era de los pocos países que permanecía del lado del bien. El “mal” necesitó diseñar un sistema electoral complejo y lleno de “circunvalaciones” para que nuestro mapa se tiñera acordemente a los designios de los grandes poderosos, locales e internacionales. Esto quedó demostrado con la intervención (ya dejó de ser injerencia) de las embajadas de un montón de países que se pronunciaron a los cuatro vientos, y por todos los medios posibles, en defensa del movimiento cuya semilla es roja. Como reza el viejo refrán, “entre compadres se comparten las chamarras”. 

Estamos a las puertas de un cambio de rumbo hacia el lado oscuro, con libertad limitada y control excesivo en todos los aspectos de la sociedad. La lucha entre el bien y el mal será dura. Debemos recordar siempre que el poder radica en cada uno de nosotros, influyendo e incidiendo en nuestro metro cuadrado. Nuestra vida, nuestra propiedad y nuestra libertad, ¡lo valen!