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Negociaciones oscuras

Recordemos que los docentes tienen la crucial labor de inspirar y formar las vidas de nuestras futuras generaciones. Este es un trabajo que debe ser remunerado de forma competitiva, donde se valore el desempeño y los aprendizajes generados más que la antigüedad en el puesto...

Salvador Paiz |
31 de marzo, 2022

En los últimos días ha surgido la noticia de una negociación “a puertas cerradas” de un nuevo pacto colectivo del sindicato magisterial. Este pacto incluye nuevas condiciones de trabajo, como un aumento salarial del 3 por ciento en 2023 y bono de Q2 mil 500 a partir de junio del presente año. Este pacto no ha sido publicado para el conocimiento de la ciudadanía ni para su debido análisis. Desconocemos sus detalles.

Me parece oportuno reflexionar alrededor de la compensación docente. La compensación debería estar amarrada a certificaciones de conocimientos alcanzados, evaluaciones de desempeño en el aula y mejoras en el aprendizaje real de los alumnos. Hoy el salario está divorciado de estas consideraciones y depende exclusivamente de los años de servicio. ¿Ganan poco o mucho los maestros?

Si comparamos el salario actual de los docentes versus el salario de personas que ocupan puestos con un mismo grado de preparación académica, es posible afirmar que los docentes (con el nivel académico actual y nivel de exigencias de la plaza laboral) ganan mucho más que otras personas en el mercado laboral guatemalteco. Por ejemplo, un docente con un perfil académico de graduado de educación diversificada y sin licenciatura, se compara con el perfil académico de un oficinista, quien, al igual que este docente, se graduó de diversificado y no posee una educación superior. El salario mensual de este docente de primaria, perteneciente a un escalafón C, alcanza los Q5,469. Mientras que el de un oficinista llega a Q3,500. Anualmente, este docente gana un 110 por ciento más que la oficinista.

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Toda persona debe ser valorada y compensada justamente por su trabajo. Uno de los principales anhelos del ser humano es ser apreciado por lo que hace. Pero este reconocimiento y/o apreciación no se da en el vacío. Se da por un mérito bien ganado. Sin lugar a dudas, la labor docente debe ser reconocida en nuestro país. Por tanto, esta debe ser una plaza bien compensada para atraer y retener al mejor talento posible. Recordemos que los docentes tienen la crucial labor de inspirar y formar las vidas de nuestras futuras generaciones. Este es un trabajo que debe ser remunerado de forma competitiva, donde se valore el desempeño y los aprendizajes generados más que la antigüedad en el puesto.

Por tanto, la negociación salarial debe ser abierta y sujetarse a consideraciones técnicas (inflación, relación con sueldos comparables en lo privado, nivel de preparación, desempeño en el aula, etcétera) y no a consideraciones políticas. La actual estructura de aumento salarial por antigüedad no solo es inefectiva, sino que además es desmotivante para quienes se esfuerzan por lograr un desempeño superior.  

Está claro que hemos perdido la oportunidad de aprovechar los incrementos salariales para corregir las deficiencias del sistema. Para atraer y retener al mejor talento a la docencia debemos repensar todo el esquema, desde la formación inicial docente (cuyo esfuerzo por llevarla a nivel universitario fue boycoteada por estos mismos actores sindicales), formación continua y certificaciones de competencias, equidad y meritocracia. Imaginen qué injusto se ha de sentir que gana más un maestro que lleva 15 años en la docencia que otro que lleva 10, pero que dedicó 4 años adicionales para su formación; o que ganen lo mismo maestros de clases aledañas, pero donde uno logra aprendizajes superiores y el otro se ausenta constantemente.

Sin duda, las negociaciones de estos pactos han sido oscuras, una manipulación política sin escrúpulos que no se apega a los intereses estratégicos de nación: lograr una generación de guatemaltecos con una educación de primera. Pero esto no es nuevo. Estas negociaciones oscuras han sido un patrón que se ha repetido a lo largo de múltiples gobiernos. Ojalá este pacto se haga público, para su análisis y fiscalización. Ojalá nuestras autoridades dejen de lado la manipulación. Ojalá, algún día, se hagan los cambios que nuestro sistema educativo requiere para atraer y retener al mejor talento docente. Y, ojalá se priorice el aprendizaje y formación de nuestros niños y jóvenes guatemaltecos.   

www.salvadorpaiz.com

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