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Nomocracia

n. En cambio, una ley es justa cuando sus máximas obligan a una minoría a obedecerlas y quienes las emitieron se someten a obedecerlas también. Este último es la esencia de la nomocracia: equidad ante la ley.

estado de derecho
Redacción
29 de agosto, 2022

Recientemente vi dos noticias que me parecieron interesantes. La primera fue un índice de confianza en la democracia de países hispanoamericanos, y la segunda sobre la exigencia del Concejo de Alcaldes Comunales de los 48 cantones de Totonicapán de que se elimine la iniciativa de ley 6076 para el Fortalecimiento de las Fuerzas de Seguridad Pública y del Ejército de Guatemala.

La primera muestra que los guatemaltecos desconfían y están insatisfechos con la democracia. Bien por ellos. No son los únicos ni los primeros. En la antigüedad varios pensadores denunciaron la democracia como un pésimo sistema de gobierno.

Solón analizó los diferentes tipos de gobierno y concluyó que ni la autocracia (monarquía), ni la aristocracia, ni la democracia eran buenos sistemas de gobierno. Así que instituyó el gobierno constitucional de leyes y una administración capaz de implementarlas. Por eso dijo: «hice libre a los atenienses», porque su sistema protegía a los ciudadanos del abuso de sus conciudadanos y del gobierno. Hizo próspera a Atenas hasta que Pericles reinstituye la democracia que lleva a la ciudad a su decadencia. 

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Aristóteles en su Política concluye de igual manera. Describe a la democracia, aristocracia y monarquía como gobiernos despóticos, es decir, aquellos cuyos soberanos no respetan ley alguna por saberse superiores a la ley, y propone como mejor sistema el gobierno constitucional de leyes o "politea". Los romanos siguieron sus enseñanzas creando la "civitas o res publicam". Hizo grande a Roma hasta que, al introducir la democracia, que hoy llamamos populismo, se embarcó en políticas inflacionarias que condujo a la destrucción del imperio.

Francisco Vitoria, con su análisis dio origen a las Leyes Nuevas, que reconocen los derechos de los súbditos, incluidos los indios, que por ser seres humanos eran individuos libres y por tanto prohíben la esclavitud. Afirma que el poder del rey se limita a gobernar con leyes justas en la medida que sirvieran para proteger y conservar las libertades y posesiones de sus súbditos. Y señala que el Papa no es señor del orbe para donar propiedades que no le pertenecen y debe por tanto limitar su poder a cosas espirituales. Promueve entonces, un gobierno de leyes, a las cuales hasta el rey está sujeto.

John Locke vuelve a advertirnos del peligro de los gobiernos despóticos y propone el gobierno constitucional que llama "Commonwealth" y que sirve de base a los padres fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica para crear la república y no una democracia como creen hoy. Thomas Jefferson condena la democracia por no ser otra cosa que el gobierno de las masas, donde el 51% de la gente puede mandar al diablo a los derechos del otro 49%.

Immanuel Kant hace el mismo análisis en su Paz perpetua condenando a la monarquía, la aristocracia y la democracia por ser despóticos y propone un gobierno de leyes para proteger los derechos individuales, al que llamó "Rechtsstaat" o "Estado de Derecho", lo que constituye una verdadera nomocracia o gobierno de leyes, (del griego nómos – ley, y krátos – autoridad, poder). Es importante resaltar que una ley no es ni mandato ni decreto. Los regímenes despóticos carecen de leyes, aunque así llamen a sus decretos y mandatos. Como aclara Kant, la ley es un principio de conducta universal que rige a todos, incluidos los gobernantes, por lo que nadie está por encima de la ley. Cuando se propone una máxima o regla de conducta, afirma el filósofo prusiano, debe ésta poder convertirse en una ley universal, es decir, debe poderse aplicar a la conducta de todos sin incurrir en contradicciones. Y como en la formulación de tales leyes están involucrados los derechos de otras personas, toda máxima debe ser pública. Si no se puede anunciar públicamente dicha máxima sin inevitablemente provocar una oposición a ésta es porque la propuesta originará una injusticia que amenaza a todos.

Ayn Rand también condena a la democracia por ser esta el poder de la turba que en base al número viola los derechos de la minoría. Ella favorece la república o gobierno constitucional de leyes objetivas, donde estas últimas basadas en el derecho individual protegen los derechos de los individuos y la constitución los protege de la posible violación de sus derechos por el gobierno:

«El derecho individual es un concepto moral, que permite la transición lógica de los principios que sirven de guía para la acción del individuo, a los principios que sirven de guía para la acción de este en su interrelación con otros. Preserva y protege la moralidad individual en un contexto social. Es la conexión entre el código moral del hombre y el código legal de la sociedad, entre la ética y la política. Los derechos individuales son el medio para subordinar a todos los individuos asociados a una ley moral.»

La ley, nos dice Rand, debe ser objetiva (un código de reglas basado en la protección de los derechos individuales) y objetivamente justificada. Los hombres deben saber clara y previamente a tomar cualquier curso de acción, lo que la ley prohíbe hacer y por qué, lo que constituye un crimen y la pena en que se incurre si se viola. El uso de la fuerza como represalia requiere de reglas objetivas para definir las evidencias que pueden establecer si se ha cometido un crimen o no y para probar quien lo cometió. Así mismo se necesita, afirma Rand, reglas objetivas para definir los castigos y los medios de implementarlos. La ausencia de estas leyes objetivas degenera en el reino de la muchedumbre y linchamientos, lo que conduce a interminables venganzas. Cuando una ley no es objetiva invariablemente se incurre en una contradicción pues, como asevera Rand:

 «Pretender tener el derecho de violar el derecho de otros es una contradicción en términos».

La ley, nos dice Frédéric Bastiat, es justicia. La ley es la organización colectiva del derecho individual de legítima defensa. Como cada hombre goza del derecho de defender, incluso por la fuerza, su vida, su libertad y su propiedad, varios hombres gozan del derecho de concertarse y organizar una fuerza común para proveer dicha defensa. Deriva su legitimidad del derecho individual. Y la fuerza común no puede racionalmente tener otra finalidad que la de las fuerzas individuales que reemplaza. La ley es, pues, justicia organizada.

La ley es justa y legítima cuando sus máximas son universales, es decir, que aplican a todos por igual; y cuando son generales, es decir no atienden a un fin particular sino general. Por el contrario, un decreto o mandato que quiere pasar por ley es injusto e ilegítimo cuando obliga a un grupo a obedecerlo, pero no obliga a quienes lo emitieron. En cambio, una ley es justa cuando sus máximas obligan a una minoría a obedecerlas y quienes las emitieron se someten a obedecerlas también. Este último es la esencia de la nomocracia: equidad ante la ley.

La segunda noticia muestra que el Concejo de Alcaldes Comunales de los 48 cantones de Totonicapán argumentan su reclamo basados en el derecho, en la constitución de la república y no en el uso de la fuerza violando el derecho de otros. Me parece un gran avance en la creación de una sociedad contractual basada en el Estado de Derecho. Bien por ellos.

Ojala pues, abandonemos la democracia y la sustituyamos por la nomocracia o Estado de Derecho.

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