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Niños indígenas integran la orquesta sinfónica rural

Redacción
12 de abril, 2014

El centro de formación, financiado por la organización Evangélica Visión Mundial, está ubicado en el municipio de San Juan Sacatepéquez, a unos 50 kilómetros de la capital y sus asistentes son en su mayoría niños y niñas indígenas.

 
Cada sábado los estudiantes llegan a la rústica academia, algunos después de un par de horas de viaje desde aldeas remotas.
‘La verdad, es un sacrificio grande el que hacemos, vivo en una aldea que está a más de una hora de este lugar, pero vale la pena’, afirma William Pu, un padre de familia que cada semana lleva a sus dos hijas, Pamela, de seis años, y Katerin, de 10.
 
El artífice del éxito y director del proyecto desde 2006, es Martín Corleto, es fiel creyente de que los niños, sin importar su estrato social, pueden interpretar a Beethoven, Bach o Mozart, porque la música es universal y no tiene elites, afirma. 
Comenta que muchos niños cuando llegan aún no saben leer ni escribir y la lectura de las partituras es por añadidura, cuando ellos la aprenden, su aprendizaje en la escuela es más rápido gracias a la música, afirma Corleto, que a sus 30 años de edad, estudió dos años en Rusia y ya dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional.
 
Uno de los pequeños destacados es Abner, que comenzó cuando tenía tres años y ahora con seis es ganador nacional en su categoría del concurso de violín del Conservatorio, comenta Corleto con orgullo.
Desde hace cinco años puedo leer las partituras, sé tocar piano, pero me gusta mucho el violín, dice Adrián, mientras afina su instrumento en una silla de plástico en el patio de este lugar inhóspito, donde carecen de auditorio.
Adrián, de apenas 11 años, es el integrante más pequeño de la orquesta, junto con Ángel, que toca el chelo, un año mayor. 
Después de varias horas de práctica, unos 30 miembros de la orquesta y otros tantos del coro están listos para interpretar algunas melodías guatemaltecas.
Con información de AFP
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