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Caminando por la Ciudad: Donde la Tica

Los años pasan y ella cada vez más estricta hasta que un día de diciembre se le ve más animada y muy amable, contando a todos que va a tomar una decisión que le cambiará la vida y que jugará su última carta.

Invitado
23 de enero, 2022
Donde la Tica. Caminando por la Ciudad es el blog de Ángel Álvarez, quien narra historias y situaciones de los habitantes de la capital y otras ciudades.

Es una tienda de barrio donde su encargada es una señora regañona y se la pasa enojada por todo. No se puede tocar el vidrio del mostrador con una moneda porque se raya. Está prohibido entrar sin sacudirse los zapatos. No hay que gritar al pedir y no colarse si hay muchas personas comprando.

Tampoco se prestan envases de vidrio sin dejar un pago de depósito, o tomarse la gaseosa enfrente de la dueña. Si se lleva la gaseosa en bolsa plástica, se le cobra adicional. No se vende verdura o fruta, eso es en el mercado; si se pide una golosina no se puede cambiar, la tiene que pagar y retirarse; si compra cigarrillos, no se da fuego: debe comprar encendedor o cerillos ahí mismo, y después irse a fumar a otro lado. Y lo la más importante: no se da fiado.

Éstas son algunas de las reglas que deben cumplirse a cabalidad en la tienda de la Tica, como la conocen en el barrio. Es una señora de avanzada edad, muy seria, que denota haber contado con una gran hermosura en sus tiempos de juventud. Ahora está convertida en una señora enojada, y de pocos amigos.

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Según dicen las malas lenguas, todo empezó al migrar de su país, dejando atrás el amor de juventud, familia y amigos, viajando con su hija única en pos del sueño americano, pero en el camino termino viviendo en el país de paso, según le contó a sus pocas amigas.

Dejó al amor de su vida con la promesa de regresar por él, ya que por las diferencias económicas no pudo acompañarla. Sólo se llevó a su hija en brazos y se enfiló hacia ese sueño ochentero de ganar en dólares y tener muchas propiedades, pero terminó en un barrio del centro histórico de Guatemala, viviendo y soñando con salir adelante, invirtiendo en una abarrotería grande y bien surtida que con el tiempo fue absorbida por las tiendas del barrio.

Eso sí, siempre mantuvo las buenas costumbres y reglas según su educación, pero al pasar los años y las décadas la nena creció, se casó y se fue de la casa. El amor de su vida nunca llegó en el esperado viaje de reencuentro; por esperarlo, nunca se volvió a enamorar ni tuvo ojos para otro hombre. Aunque los nuevos vecinos y amigos siempre la enamoraron, y la invitaron a rehacer su vida con alguno de ellos, ella prometía que el dueño de su corazón iba a llegar de un momento a otro, de tal manera que nunca quiso escuchar propuestas sin saber que su verdadero amor nunca llegaría.

Los años pasan; doña Tica, como le dicen los clientes, atiende de manera más enojada, poniendo rótulos con las reglas que aplica y la larga lista de prohibiciones. La famosa tienda se distingue sobre las demás por su limpieza, buena ventilación, perfectas condiciones visuales, bien surtida, piso impecable y los mejores productos, pero los clientes se quejan que la dueña es muy enojada. Desde hace algún tiempo empezó a volverse muy seria, nostálgica, meditando a toda hora anhelado su patria, sus amigos de infancia, su amor lejano y despistada por ratos pensando en dejar  ese patrimonio y ese buen negocio para regresar a tomar un segundo aire.

Los años pasan y ella cada vez más estricta hasta que un día de diciembre se le ve más animada y muy amable, contando a todos que va a tomar una decisión que le cambiará la vida y que jugará su última carta.

Todos los vecinos se sienten extrañados al verla cantar mientras barre y lava la banqueta enfrente del negocio. Se le ha vuelto a ver maquillada y con vestidos más modernos, saludando a todos con mucha cortesía y alegría.

Nadie sabe qué está pasando, lo único extraño es que el primer día de enero se retira el rotulo luminoso que declara el nombre del negocio del Rinconcito Tico por Tienda La Económica. En su interior hay un gran cartel que anuncia «Nueva Administración», con nuevos propietarios, unos jóvenes muy amables que implementaron la venta de verduras, frutas y otros productos que antes no incluía la tienda. Nadie sabe qué rumbo tomó doña Tica, sólo que fue a perseguir el sueño que pausó por décadas y salió a hacerlo realidad. 

 

 

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