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Caminando por la Ciudad: La niña dorada a quien el duende le anudaba el pelo

Claudia cumplía a cabalidad con todos los requisitos, pero el duende tenía un as bajo la manga y es que él podía anudar el pelo de la niña o de la señorita si duerme ataviada con joyas lujosas. El duende decía que hay soberbia y orgullo en las que duermen llenas de joyas de oro

Invitado
06 de febrero, 2022
La niña dorada a quien el duende le anudaba el pelo. Caminando por la Ciudad es el blog de Ángel Álvarez, quien narra historias y situaciones de los habitantes de la capital y otras ciudades.

Son las seis de la mañana: Claudia suele despertarse muy feliz, muy gozosa. Con esa buena actitud se levanta muy temprano; saluda a su mamá y a su papá, que ya están en la cocina preparándose un café. Saluda a los abuelitos, que ya están en el patio dándole de comer a las gallinas, llega a ver a su perrito al que ama demasiado y a su gato que son sus mascotas favoritas.

Ella es una niña muy tierna, educada, estudiosa y bien portada. Todas las mañanas se levanta, se baña, cepilla su hermosa cabellera rubia que le llega hasta la cintura y se coloca el uniforme de la escuela para ir a estudiar. Pero hoy, ¿qué sucede? Claudia se da cuenta que toda su larga cabellera tiene nudos desde la raíz hasta la punta de cada cabello. No sabe cómo sucedió eso, son demasiado nudos.

Espera que el reloj marque las siete de la mañana, hora a la que llega Marta, la señora de la limpieza. Le contó una historia de las de antes; según dice, donde ella vivía andaba un ser muy pequeño, muy maléfico y muy travieso que hacía bromas que a nadie le agradaban llamado: el duende. Según cuenta Martha, este duende agarraba a las niñas con largas cabelleras bien cuidadas para hacerles travesuras, pero no podía acercarse si la niña o la señorita era de buen corazón, educada, estudiosa y se portaba bien con sus papás.

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Claudia cumplía a cabalidad con todos los requisitos, pero el duende tenía un as bajo la manga y es que él podía anudar el pelo de la niña o de la señorita si duerme ataviada con joyas lujosas. El duende decía que hay soberbia y orgullo en las que duermen llenas de joyas de oro; por eso tiene poder y potestad para jugarles bromas pesadas. Su favorita el hacerles muchos nudos en sus cabelleras y por eso Marta siempre le decía a Claudia que antes de ir a dormir tenía que quitarse sus aretes y sus pulseras.Esta semana ha sido cansada para Claudia. Está en exámenes finales, las materias están muy difíciles y Claudia ha tenido que apoyar en la casa. Ya no sale a dar colazos en bicicleta, sino que se queda estudiando y repasando y remachando porque necesita mantener ese buen promedio que mantiene como el primer lugar de su clase. Y es esa la razón por la que Claudia cayó profundamente dormida, sin quitarse sus joyas.

Eso permitió que el duende travieso llegara a su casa, entrara en su cuarto y se tomara el tiempo durante toda la noche de hacer nudos uno por uno a los cabellos de Claudia. Esa hermosa melena rubia y de pelo liso ha quedado hecho un manojo de nudos, ya que el duende no le bastó con anudar cada hebra su cabello, sino que hizo grupos de hebras y volvió a anudarlas. Claudia llora con amargura, su única solución es pedirle el favor a Marta que deshaga los nudos ya que ella conoce una técnica con el uso de aceite de ricino y aceite para cocinar.

Deshacer estos nudos le llevará mucho tiempo, pero Martha hará lo posible para que Claudia tenga otra vez su pelo liso y ella promete que no se dormirá sin estar segura de que se quitó las joyas.

No importa que haya estudiado muchas horas, no importa que se haya pasado en la tarde haciendo tareas, no importa que ayudara en el oficio y quehaceres domésticos. Ella revisará sus manos y sus orejas antes de dormir para que no tenga ningún objeto de oro, porque ya sabe que el duende travieso llegará en la noche a hacer de sus fechorías y promete que aprendió la lección después de horas de estar sentada mientras Martha le deshacía los nudos.

 

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