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Justicia colapsada

Redacción
29 de septiembre, 2016

Habrá muchos que digan que es la salud.  Un sistema fracasado totalmente. Deficiente, inoperante, corrupto, incapaz de resolver la más mínima necesidad de la población.  Sí, es importante, pero sin justicia esto no se resolverá.  Ya se inició con procesos penales en contra de algunos de los grandes corruptos.  Pero falta muchísimo por hacer.  El robo hormiga, los sindicatos, los abusos de poder, las compras a precios altísimos pues incluyen la “mordida” correspondiente.  Esto se reduciría drásticamente si hubiera consecuencias para todos los actores.  Pero no las hay, y eso motiva a seguir adelante violando la ley.

Otros dirán que es la educación.  Otro sistema fracasado.  La calidad educativa es pésima (mediocre sería adularla).  Hay un alto índice de desempleo pero, conversando con diversos empresarios, la queja constante es que les cuesta mucho encontrar personas capacitadas para cubrir las pocas plazas disponibles.  Sí, también es importante, es el presente y el futuro del país.  Pero sin justicia, no se podrá corregir.  Es imprescindible resolver toda la problemática sindical, que absorbe, como un hoyo negro, el 99% de los ingresos del Ministerio de Educación.  Hay que procesar penalmente a los dirigentes (no son líderes) que han ocasionado este fracaso, y a aquellos maestros que nunca llegan a trabajar.

La seguridad es fundamental también.  Las extorsiones resultan siendo el negocio más pujante, con un altísimo costo en vidas humanas. Han hecho huir de sus viviendas a muchos, dejando tirada su propiedad para que sea ocupada por los extorsionistas y mareros.  Tantos comercios pequeños, como tiendas de barrio, comedores y abarroterías, que quiebran y pierden todo porque los asaltan o les cobran extorsiones. Los asesinatos, robos, homicidios, narcotráfico, crimen organizado, y un largo etcétera.  Pero sin justicia no se resolverá.  La impunidad es la causa principal de todo pues no hay castigo para quienes violan la ley.

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¿Qué más? ¿El respeto a propiedad privada? Solo en el Valle del Polochic hay 33 fincas invadidas, 17 órdenes de desalojo y no pasa nada.  Recientemente, el gobierno le dio tierras a un grupo de personas que tenían invadidas tres fincas. O sea, ¡las premió!  Eso motivará a muchos más a seguir invadiendo.  ¿Por qué no se les procesó penalmente, si es más que obvio que cometieron un delito?

Infraestructura vial deficiente, insuficiente y en pésimo estado.  Aquí el nombre del juego ha sido corrupción.  Se otorgan contratos con precios muy por encima del costo, pues incluyen la comisión del caso. No hay dinero para construir nuevos accesos ni para reparar los ya existentes. Ya se está procesando penalmente a unos cuantos por allí. ¿Y el resto?  Deben incluir a todos los funcionarios públicos involucrados en cada licitación, así como a los contratistas.  Pero no sucede, no hay justicia, así que la corrupción sigue.

¡Ni hablar de los programas clientelares! El último escándalo en contra de las autoridades pasadas es inaudito. Incluye de todo: contrabando, corrupción, sobreprecios y, lo peor de todo, compra de productos no aptos para consumo animal, mucho menos consumo humano.  Lucrar con el hambre de la población es de los peores pecados.  Pero los programas clientelares de todas formas no sirven.  Como ejemplo, por más de 15 años vimos cómo se otorgaban fertilizantes de mala calidad y tardíamente, y nunca vimos a un solo agricultor que mejorara sus cultivos. Ahora decidieron dar tarjetas para canjearlas en abarroterías y otros comercios.  ¿Es la población menos pobre? Por supuesto que no.

La conflictividad social es otro ejemplo.  Las marchas y bloqueos son ilegales pues violan el derecho de locomoción, de comercialización y ponen en riesgo la vida de las personas.  Todo esto lo garantiza la Constitución.  Pero procedemos a un diálogo fingido (no es real, nunca se llega a nada), cuando lo que se debe hacer es procesar penalmente a los dirigentes, por violaciones a la Constitución misma.  Pero la justicia que tenemos “no es para ellos”.  Los ataques infundados en contra de mineras, hidroeléctricas, cultivos de palma y azúcar, también son ilegales.  Acusaciones de contaminación cuando no hay una sola prueba que lo demuestre.  Debe imperar la justicia, por sobre todo.

La lista es demasiado larga pero la conclusión es una sola: no hay justicia.  Un sistema fracasado, colapsado, corrupto e inoperante nos ha llevado a la ingobernabilidad en la que vivimos hoy. La ideología se ha impuesto en muchos veredictos, como si eso fuera más importante que la ética y la justicia misma.  Es más que urgente resolverlo.  Por supuesto que requiere presupuesto, modificar leyes, cambiar el sistema.  Pero ya lo dijo el sabio Lao-tsé: “un viaje de mil millas empieza con un solo paso”.  Para mí, ese primer paso es la decisión de hacerlo.

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