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“El Diabólico” y sus planes para controlar cárceles y calles

Redacción República
03 de diciembre, 2016

Estar adentro o afuera de la cárcel para los cabecillas de los grupos criminales no cambia nada. Sus estructuras funcionan igual y las órdenes se cumplen al pie de la letra porque de lo contrario no perdonan una falla y son capaces de desafiar al propio Estado.

El nombre de uno de esos cabecillas resonó en días recientes, para ser precisos, el 24 de noviembre de este año cuando el Tribunal de Mayor Riesgo “A”, lo condenó a 168 años de prisión porque se le atribuyó ordenar y planificar el crimen contra cuatro personas en 2010, con el propósito de presionar al Ministerio de Gobernación para desistir de controles estrictos en los penales.

Jorge Jair De León Hernández se llama y es conocido por el alias de “el Diabólico”, además, porque es una de las cabezas de la Mara Salvatrucha. A sus 33 años ya tiene un récord delictivo que empezó antes de cumplir la mayoría de edad, con repetidos ingresos en los centros correcionales para menores. Cumplidos los 18 años fue a parar a las cárceles y a los 20 ya estaba dirigiendo operaciones para tomar el control de las prisiones del país, y para establecer un mando superior a la pandilla enemiga.

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La cronología

De León Hernández y su consejo, integrado por otros cabecillas de la pandilla, vienen planificando desde hace 16 años y posiblemente mucho antes, apoderarse de las cárceles (hoy su morada permamente), mantener abierto el canal de sus ingresos ilícitos (las extorsiones) y eliminar a su rivales, “los paisa” y la Mara 18.

2002, el primer golpe

Antes de la clara separación que existe hoy entre ambos grupos de mareros, a inicios del 2000, en la cárcel, estos dos bandos eran conocidos como “cholos”. En ese período “los paisas” dominaban y los pandilleros estaban sometidos y compartían los penales sin ninguna división, pero las cosas iban a cambiar.

El 23 de diciembre de 2002, en Pavoncito, cinco pandilleros, entre estos “el Diabólico”, dirigieron al grupo que asesinó a 14 personas, entre las cuales figuraba Julio César Beteta Raymundo, reo condenado por secuestro y a quien los mareros acusaban de controlar el penal y humillarlos.

Según publicaciones de los medios de comunicación de aquel año, con la muerte de Beteta, a quien decapitaron, tomaron el control de la cárcel y empezó el auge de las extorsiones, además, prepararon su siguiente plan…

2003, Byron Lima escapa

Tras asesinar a Beteta, De León Hernández fijó la vista en otro reo de “los paisa”, el capitán Byron Lima, condenado a 25 años de prisión por la muerte del arzobispo Juan Gerardi. El militar, según relatos periodísticos, controlaba el Preventivo de la zona 18 y de nuevo, los pandilleros se unieron para acabar con su poderío.

El 12 de febrero de 2003, centenares de mareros se amotinaron con el propósito de cumplir sus planes y acabar con el militar, quien escapó porque en el momento del ataque no se encontraban en su celda del sector 7, no así siete personas, entre las cuales estaba el sargento Obdulio Villanueva, condenado por el caso Gerardi, a quien los pandilleros le cortaron la cabeza.

2005, se acaba el pacto

Dos años esperó la Mara Salvatrucha para dar el siguiente golpe de poder. El 15 de agosto de 2005, atacaron a sus rivales de la Mara 18 en cuatro cárceles: Granja de Rehabilitación Pavón, Granja Penal Canadá, Comisaría 31 de Escuintla, y El  Preventivo de Mazatenango. Estos hechos dejaron 30 pandilleros muertos y 80 heridos, atacados con armas de fuego y punzocortantes.

A partir de ese incidente, el Gobierno decidió encerrar a los mareros en cárceles diferentes o en sectores separados porque del pacto de no agresión solo quedó el recuerdo, y ahora reinaba la venganza entre pandilleros y con “los paisa”.

2008, “los paisa” atacan

El 22 de noviembre de 2008, en Pavoncito, donde estaba encarcelado Byron Lima, fueron decapitados y calcinados cuatro cabecillas de la Mara Salvatrucha. “El Diabólico” y otros miembros de esa pandilla fueron trasladados a esa prisión, pero antes que ingresaran en el penal, se produjo el incidente y ello evitó que cayeran en manos de sus adversarios.

2009, el mensaje a las autoridades

Con el fin de retomar el control de las prisiones, el ministerio de Gobernación intentó algunos traslados y despidió a personal sospechoso de facilitar las actividades ilícitas de los pandilleros. La respuesta fue inmediata con ataques a personal de Presidios que dejaron siete muertos. Las autoridades responsabilizaron de los crimenes a De León Hernández.

Estos hechos figuran en los informes anuales de la Procuraduría de los Derechos Humanos y del Departamento de Estado de Estados Unidos y hasta en las conversaciones desveladas por medio de los llamados “wikiLeaks”.

2010, “el Diabólico” siembra el terror

El 10 de junio de 2010 los capitalinos iniciaron el día con una noticia que los dejó paralizados: el hallazgo de cuatro cabezas humanas en la entrada del Congreso, en la pasarela de Tikal Futura, en la colonia Lavarreda, zona 18, y en la colonia La Paz, zona 4 de Villa Nueva.

Se temía que este acto habría sido cometido por mareros y lo que vino a confirmar las investigaciones de las autoridades fue la declaración de un expandillero de los salvatruchas, el 11 junio de 2012, quien contó con detalles cómo, cuándo y dónde se planificó el hecho y lo más importante, señaló a “el Diabólico” de ordenar los crimenes dos días antes de que se cometieran.

Las notas de prensa no dicen por qué este colaborador eficaz no recibió protección, pero sí cuentan que tres días después de su testimonio como prueba anticipada, fue asesinado en la zona 5.

2016, 168 años de cárcel

Catorce años después de dirigir el primer golpe, De León Hernández sabe desde hace mucho tiempo que de la cárcel ya no saldrá, pero ¿esto le preocupa?, seguro que no, pues está probado que igual afuera o adentro de la prisión, sigue dictando órdenes para su pandilla, mientras la población víctima de los extorsionistas se pregunta ¿qué hacen las autoridades?, ¿temor, incapacidad o complicidad? o las tres cosas juntas…

Foto de portada tomada de El Faro.

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