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Covid-19 en Guatemala | Desde la peste negra esta es la evolución de las mascarillas

Edgar Quiñónez
21 de julio, 2021

¿Pueden las mascarillas ayudar a hacer más lenta la transmisión del coronavirus (SARS-CoV-2) que causa el covid-19? Así es. Sí, las mascarillas, combinadas con otras medidas preventivas como lavarse las manos con frecuencia y el distanciamiento físico, pueden evitar el contagio.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) recomiendan que el público en general use mascarillas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los proveedores de atención médica así como para cualquier persona usen mascarillas médicas.

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¿Cómo funcionan los diferentes tipos de máscaras?

1- Mascarillas médicas

Son mascarillas descartables y que no son muy ajustadas. También se las conoce como mascarillas quirúrgicas. Su propósito es proteger al que la usa del contacto con gotitas y aerosoles que puedan contener gérmenes.

Una mascarilla médica también filtra grandes partículas en el aire cuando la persona que la usa inhala. Para que las mascarillas médicas se ajusten mejor, anuda los elásticos que van alrededor de las orejas donde se unen a la mascarilla. Luego dobla el material que no se necesite y ponlo bajo el borde.

Infografía de La Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria bajo la iniciativa #TecnologíaparaVivir.

2- Mascarillas N95

La mascarilla N95 es un tipo de respirador. Ofrece más protección que una mascarilla médica porque filtra tanto las partículas grandes como las pequeñas al inhalar la persona que la usa.

Algunas mascarillas N95, e incluso algunas de tela, tienen válvulas de una vía que hacen que respirar a través de ellas sea más fácil. Pero por desgracia estas mascarillas no filtran el aire que exhala la persona que la usa.

3- Mascarillas de tela

La intención es que la mascarilla de tela atrape las gotitas respiratorias que se liberan cuando la persona que la usa habla, tose, o estornuda. También puede actuar como una barrera para proteger al que la usa de inhalar partículas exhaladas por otros en el aire.

Las mascarillas de tela más efectivas están hechas con varias capas de una tela con una trama apretada, como el algodón. Una mascarilla con varias capas va a detener más gotitas e impedir que pasen a través de la mascarilla o que escapen por esta.

El uso con el paso del tiempo

1- Esmog

La Revolución Industrial del siglo XVIII ayudó a crear el famoso esmog de Londres, que se intensificó a medida que más y más fábricas arrojaban humo y los hogares mantenían encendidos sus fuegos de carbón.

Muchos inviernos vieron gruesos mantos de esmog amarillo grisáceo cubriendo la capital. El peor episodio fue en 1952, cuando entre el 5 y el 9 de diciembre al menos 4.000 personas murieron inmediatamente después, y se estima que otras 8.000 murieron en las siguientes semanas y meses.

Otras 1.000 personas murieron a causa del esmog en diciembre de 1957, y otro episodio en 1962 provocó 750 muertes. El esmog era tan denso que los trenes no podían circular,e incluso hubo informes de ganado que murió asfixiado mientras permanecían en los campos.


El fin de las mascarillas anti-esmog

En la década de 1930, las mascarillas “anti-esmog” se volvieron tan de rigor en la cara como los sombreros de fieltro en la cabeza. Las Leyes de Aire Limpio de 1956 y 1968 prohibieron la emisión de humo oscuro de una chimenea, establecieron límites para las emisiones de grava y polvo de los hornos y proporcionaron un marco para el control de la altura y la posición de las chimeneas.

La plaga y el regreso de las mascarillas

Fue la Peste Negra, la plaga que azotó Europa por primera vez en el siglo XIV, matando al menos a 25 millones de personas entre 1347 y 1351, lo que presagió el advenimiento de la mascarilla médica.

Algunos creían que la enfermedad se propagaba a través del aire envenenado o “miasma”, creando un desequilibrio en los fluidos corporales de una persona.

Intentaban evitar que el aire fétido les llegara cubriéndose la cara o llevando ramilletes de olor dulce. El símbolo de la plaga, esa siniestra imagen de individuo con máscara de pájaro que parecía la Sombra de la Muerte surgió en los últimos estertores del brote final, a mediados del siglo XVII.

Gas

La amenaza de una segunda guerra mundial, 20 años después de que en la Gran Guerra se había visto el uso de gas cloro y gas mostaza, provocó que el gobierno emitiera máscaras de gas tanto para la gente común como para los militares.

Para 1938 se habían distribuido 35 millones de respiradores para todos los civiles y eran una vista familiar en la vida diaria, incluidos los adornos de las bailarinas en el Cabaret de Murray en Beak Street, Londres; y policías ciclistas que los usaban como parte de su equipo de protección personal.


Gripe española

Un brote de influenza al final de la Primera Guerra Mundial se convirtió en una pandemia mundial devastadora. Fue apodada la gripe española, porque España fue el primer país en informar sobre el brote, y en ella murieron alrededor de 50 millones de personas.

Se cree que la propagación del virus fue intensificada por los soldados que regresaban de las trincheras en el norte de Francia. Las tropas apiñadas en vagones de tren y camiones se aseguraron de que la infección, altamente contagiosa, pasara de un hombre a otro. Luego se extendió desde las estaciones de tren hasta el centro de las ciudades, y de allí a los suburbios y al campo.


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