Los desastres naturales ponen a prueba la fortaleza de carácter del ser humano, sacan a flote las virtudes y los vicios de quienes lo padecen. Sale lo mejor y lo peor de nuestra especie. Nos enteramos de historias de héroes que hacen menos difícil sobrellevar la tragedia y nos conmueven.

La tragedia en México por causa de los dos terremotos que golpearon al país; el primero, el 7 de septiembre, en el suroeste del país y el segundo, el 19 de septiembre, en el centro. Llevan un saldo de más de 400 víctimas mortales, cientos de heridos y daños por millones de dólares.

Esta terrible situación me ha hecho reflexionar sobre muchos aspectos. La fragilidad de la vida y aprovechar el momento es uno de ellos. Así como la solidaridad y benevolencia hacia las víctimas, los miles de voluntarios que iniciaron la remoción de escombros para ayudar al rescate de las víctimas soterradas dentro de los edificios.

En medio de toda esa tragedia pensaba en todo aquello que hacía posible que miles de personas se comunicaran con sus seres queridos, que los voluntarios pudieran ayudar, que los brigadistas volaran desde lugares tan lejanos como Japón para ayudar en las labores de rescate.

Pensaba en la necesaria creación de riqueza para enfrentar con mayor eficiencia estos desastres, en cómo un sistema de libre competencia podía no sólo mejorar nuestra calidad de vida de las personas sino que salvarla también. Pensaba en la tecnología que se desarrolla en los países más libres, y por ende capitalistas, que ahora está sirviendo para salvar vidas. Tecnología que permite identificar donde hay personas con vida atrapadas o cuerpos que rescatar.

Facebook, por ejemplo, activó un botón para que quienes estaban en las ciudades afectadas pudieran informar que estaban bien a sus amigos y familiares. Google, por su parte, activó el localizador de personas, un sistema en el cual podías buscar información de alguien y quienes tenían datos sobre personas podía ingresar la información.

En Google también se elaboró un mapa colaborativo de desastres, en el cual se fue alimentando con la información de los lugares con edificios derrumbados, con daños severos o leves. En menos de dos horas ya se tenía una idea de las áreas más afectadas. Las diferentes redes sociales sirvieron como poderosos medios de comunicación para informar sobre lo sucedido y las solicitudes de herramientas y materiales de rescate.

Esas herramientas que ayudarían a salvar vidas están hechas con materiales extraídos por la, vilipendiada, minería. Herramientas como gatos hidráulicos, seguetas, cortadoras de cemento, polines para sostener estructuras, palas, picos, carretillas por solo mencionar algunos.

Pensaba en toda las opciones que tenemos hoy para poder paliar los efectos de estos desastres, ¿cuánto de todo esto lo ha desarrollado el gobierno? ¿Cuánto se ha desarrollado en forma privada? ¿En qué tipo de sociedades se han logrado los mayores avances? ¿En aquéllas que son más libres? ¿O en aquéllas intervenidas por el gobierno?

Hay muchas lecciones que podemos aprender de lo sucedido en México, la ciudadanía se volcó a las calles para ayudar, se organizó y exigió al gobierno un trabajo serio en el rescate. El gobierno se vio copado por las exigencias de transparencia en el manejo de la información y donaciones; el rechazo al abuso y corrupción fue contundente. Ya nada es, ni será igual que antes, el desarrollo de medios alternos de comunicación hacen que los ciudadanos estén más atentos, tal y como sucede también en Guatemala.

Los desastres naturales son parte de la vida pero tener cómo enfrentarlos y contar con las mejores herramientas es propio de un sistema económico-político y social libre. Así que, aunque no le guste a algunos, en un sistema capitalista no sólo mejora nuestra calidad de vida sino que también, en situaciones de emergencia, la puede salvar.

@Md30
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