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El método literario de Ayn Rand, 19a Parte

Warren Orbaugh
30 de octubre, 2018

En mi entrega anterior vimos a algunos personajes que conforman la galería de villanos de la “Rebelión de Atlas”, descritos con pocas pinceladas y cuyos nombres apropiadamente bellos en su descripción de cada personaje muestran el ingenio de Rand. Veamos ahora el discurso que hace John Galt en el capítulo “Este es John Galt Hablando.”

Muchas de las ideas de Friedrich Nietzsche perviven a lo largo de las obras de Ayn Rand. “La Rebelión de Atlas” no es una excepción. El discurso de Galt, que muestra la filosofía que posteriormente Rand llamó Objetivismo, es una magistral integración sin contradicciones de las mejores ideas de Friedrich Nietzsche, Aristóteles y Ludwig von Mises. Su postura metafísica de que la realidad es una y es ésta, y su rechazo a la dicotomía mente cuerpo, es compartida por los tres pensadores. El mensaje moral acrecienta las ideas de Nietzsche. La parte lógica y epistemológica se basa en Aristóteles. La política y económica en los Padres Fundadores de Estados Unidos y en Mises. Además de elaborar, profundizar e incrementar esas ideas, ella hace una aportación importante al identificar a la razón como el valor y principio fundamental de la civilización, del bienestar humano que es el fruto de su aplicación práctica para vivir, y del derecho individual como principio moral –no como regalo de Dios ni de la sociedad– que es condición necesaria para la vida en concordia en la sociedad, y sobre todo la libertad del hombre para ser moral, es decir, para actuar de acuerdo a su mejor juicio.

De hecho, el discurso de John Galt es el “Así habló Zarathustra” de Rand. Al igual que Zarathustra, John Galt baja de las montañas –en donde se encuentra Atlantis– para dar su mensaje a los hombres. Zarathustra se dirige a ellos en la plaza del mercado, Galt por medio de la radio. Zarathustra nos habla del superhombre, quien ama la vida, quien valora las cosas terrenales. John Galt, el superhombre Randiano dice:

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“«Yo soy el hombre que ama su vida. Yo soy el hombre que no sacrifica su amor ni sus valores.»”

[Ayn Rand. Atlas Shrugged. Signet, New York, 928].

Y la misión de Zarathustra es apartar a los que pueda del rebaño infectado por la moral altruista:

“«Apartar a muchos del rebaño, a eso he venido. La gente y el rebaño estarán enojados conmigo: Zarathustra quiere ser llamado ladrón por los pastores.»”

[Friedrich Nietzsche. Also sprach Zarathustra. Goldmann, Deutschland 9, 20]

Y Galt, quien ha apartado de la sociedad saqueadora a sus víctimas dice:

“«Yo soy el hombre que os he privado de vuestras víctimas y así destruido vuestro mundo, y si queréis saber porque estáis pereciendo –vosotros que teméis conocer– yo soy el hombre que ahora va a deciros.»”

[Ayn Rand. Atlas Shrugged. Signet, New York, 928].

Nietzsche identifica que el problema del hombre es la moral prevaleciente en el mundo, una “moral anti natural”, una moral que se vuelve contra la vida. Una moral de abnegación, del valor del no-egoísmo. Una moral que hace sucumbir aun a aquellos con potencial de elevarse por encima de la masa mediocre, presionándolos y reduciéndolos a un tipo menor, casi ridículo, a un animal del rebaño, ansioso de agradar, de complacer, enfermizo y mediocre– el hombre esclavo, resentido y el último hombre, hedonista. Nos lo señala en varios libros. Cito aquí de la “Genealogía de la Moral” y de “El crepúsculo de los ídolos”:

“De suerte que si el más alto grado de poder y de esplendor del tipo hombre, posible en sí mismo, no ha sido alcanzado jamás, la falta será precisamente de la moral. ¿De suerte que, entre todos los peligros, la moral sería el peligro por excelencia?”

[Friedrich Nietzsche. Zur Genealogie der Moral. Jazzybee, Deutschland 5]

“Una moral altruista, una moral en que se debilita al amor a sí mismo, es, desde cualquier manera que se considere, una cosa mala… Falta lo mejor cuando empieza a echarse de menos el egoísmo. Elegir instintivamente lo perjudicial, dejarse seducir por motivos desinteresados, es casi la fórmula de la decadencia.”

[Friedrich Nietzsche. Götzen-Dämmerung. Nikol Classics, Berlin, XXXV].

Y Galt también señala a la moralidad de la abnegación como la culpable de la miseria humana:

“«Sí, esta es una era de crisis moral. Sí, estáis siendo castigados por vuestra maldad. Pero no es el hombre quien está siendo juzgado ahora ni es la naturaleza humana la que cargará con la culpa. Es vuestro código moral el que está acabado esta vez. Vuestro código moral ha alcanzado su clímax, el callejón al final de su curso. Y si queréis seguir viviendo, lo que necesitáis no es retornar a la moralidad –vosotros que nunca habéis conocido ninguna– sino que descubrirla.

No has oído concepto alguno de moralidad sino sólo el místico o el social. Te han enseñado que la moralidad es un código de comportamiento impuesto en ti por el capricho, el capricho de un poder sobrenatural o el capricho de la sociedad, para servir el propósito de Dios o el bienestar de tu vecino, para complacer a una autoridad más allá de la tumba o en la puerta vecina –pero no para servir tu vida ni tu placer. Tu placer, te han enseñado, lo encuentras en la inmoralidad, tus intereses serían servidos mejor por el mal, y cualquier código moral debe diseñarse, no para ti, pero en contra tuya, no para promover tu vida, sino para drenarla.

Por siglos, la batalla moral se libró entre aquellos que demandaban que tu vida pertenece a Dios y aquellos que demandaban que pertenece a tus vecinos –entre aquellos que predicaban que lo bueno es la auto-inmolación en aras de fantasmas en el cielo y aquellos que predicaban que lo bueno es la auto-inmolación en aras de incompetentes en la tierra. Y nadie vino a decirte que tu vida te pertenece y que lo bueno es vivirla.”

[Ayn Rand. Atlas Shrugged. Signet, New York, 930].

Nietzsche nos invita a crear nuestra propia moral, una moral sana, una moral pro-vida, para vivir en la tierra:

“«Este es mi propio bien; lo amo; así me gusta; así quiero yo el bien.

No lo quiero como ley de un dios, ni como norma o necesidad humana. No ha de indicarme el camino de tierras sobrenaturales y paraísos. Una virtud terrena es lo que yo amo.»”

[Friedrich Nietzsche. Also sprach Zarathustra. Goldmann, Deutschland 30]

“« ¿Eres capaz de fijarte por ti mismo tu bien y tu mal y suspender sobre ti la ley de tu propia voluntad? ¿Eres capaz de ser tu propio juez y el guardián de tu propia ley?»”

[Friedrich Nietzsche. Also sprach Zarathustra. Goldmann, Deutschland 53]

“La vida misma nos obliga a determinar valores, la vida mismo evoluciona por mediación nuestra cuando determinamos esos valores.”

[Friedrich Nietzsche. Götzen-Dämmerung. Nikol Classics, Berlin, V]

Ayn Rand acepta la invitación y crea la moral Objetivista. Galt continúa diciendo:

“« Quienquiera que seas, tú que me escuchas ahora, hablo a cualquier remanente que queda incorrupto en ti, al remanente de lo humano, a tu mente, y digo: Hay una moral de la razón, una moral apropiada al hombre, y la Vida del Hombre es su estándar…

La vida del hombre es el estándar de la moralidad, pero tu propia vida es el propósito. Si la existencia en la tierra es tu fin, debes elegir tus acciones y valores por el estándar de aquello que es apropiado para el hombre –por el propósito de preservar, enriquecer y disfrutar el valor irremplazable que es tu vida.»”

[Ayn Rand. Atlas Shrugged. Signet, New York, 932].

Y para descubrir aquello que perjudica o beneficia al hombre, y para actuar buscando los medios para pasar de un estado de menor satisfacción a otro de mayor satisfacción, para superarse, para poder vivir una vida plena, el hombre debe –según afirman Rand y Nietzsche– pensar. Ambos autores han descubierto que la moral prevaleciente destruye la habilidad de pensar:

“Dice el propio ser al yo: « ¡Siente aquí dolor!» Y entonces el yo sufre y piensa una manera de poner término a su sufrimiento. Y precisamente para tal fin debe pensar.

Dice el propio ser al yo: « ¡Siente aquí placer!» Y entonces el yo se alegra, y piensa sobre cómo seguir gozando a menudo y precisamente para tal fin debe pensar.”

[Friedrich Nietzsche. Also sprach Zarathustra. Goldmann, Deutschland 29]

“Hay que aprender a pensar, hay que aprender a hablar y a escribir; el fin de estas tres cosas es una cultura aristocrática…

Aprender a pensar: En nuestras escuelas se ha perdido completamente la noción de ello. Hasta en las universidades, hasta entre los sabios de la filosofía, la lógica en cuanto a teoría, práctica y oficio, empieza a desaparecer. Léanse los libros alemanes, ni siquiera se recuerda en ellos, ni aun de lejos, que para pensar hace falta una técnica, un plan de estudios, un magisterio; que el arte de pensar tiene que ser aprendido como cualquier especie de baile.”

[Friedrich Nietzsche. Götzen-Dämmerung. Nikol Classics, Berlin, VII].

“«Sea por lo que sea que pelearon, es contra la mente del hombre que todos tus moralistas se unieron. Fue la mente del hombre la que con todas sus conspiraciones y sistemas intentaron despojar y destruir. Ahora escoge perecer o aprende que lo anti-mente es lo anti-vida.

La mente del hombre es su instrumento básico de supervivencia. La vida le es dada, la supervivencia no. Su cuerpo le es dado, su sustento no. Su mente le es dada, su contenido no. Para mantenerse con vida, debe actuar, y previo a poder actuar debe saber la naturaleza y propósito de su acción. No puede obtener comida sin el conocimiento de comida y del modo de obtenerla. No puede cavar una zanja –o construir un ciclotrón– sin el conocimiento de su fin y de los medios para alcanzarlo. Para permanecer vivo, debe pensar.»”

[Ayn Rand. Atlas Shrugged. Signet, New York, 930].

La ética Objetivista tiene como valores cardinales, la razón, el propósito –que Nietzsche llama proyecto unificador de la vida– y la autoestima –que Nietzsche describe tan bien en su frase:

“El alma noble tiene reverencia por sí mismo.”

[Friedrich Nietzsche. Beyond Good and Evil. Penguin Classics, England, 215].

Y las virtudes cardinales correspondientes, la racionalidad, la productividad –concepto parecido pero más amplio que el de creatividad de Nietzsche– y el orgullo que Nietzsche llama alma noble, la magnanimidad (magna anima) o megalopsychia de Aristóteles.

Ya al final del discurso, Galt invita a aquellos que entendieron, a perseverar para alcanzar ese mundo sano, libre de la contaminación altruista, y para ello elabora sobre la frase de Nietzsche:

“« ¡Por mi amor y esperanza te insto a que no repudies al héroe que hay en tu alma! ¡Permanece fiel a tu más alta esperanza!»”

[Friedrich Nietzsche. Also sprach Zarathustra. Goldmann, Deutschland 37]

Diciendo Galt:

“«No dejes que el héroe en tu alma perezca, en frustración solitaria por la vida que mereces, pero que nunca has podido alcanzar. Revisa tu camino y la naturaleza de tu batalla. El mundo que deseas puede alcanzarse, existe, es real, es posible, es tuyo.»”

[Ayn Rand. Atlas Shrugged. Signet, New York, 983].

Continuará.

República es ajena a la opinión expresada en este artículo